“La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” … Este podría ser uno de tantos comentarios luego de ver las fotos del río Las Vacas teñido de rojo publicadas en redes sociales el pasado 14 de septiembre en vísperas de la celebración de las fiestas patrias.
El fin de semana pasado la noticia ambiental no vino de las bolsas plásticas o la basura en las calles, provino de las denuncias ciudadanas que vieron un cambio inquietante en el río Las Vacas. Este afluente del Motagua no era el paisaje sucio y pestilente de siempre. Era un paisaje apocalíptico y misterioso. Estaba teñido de rojo, lo suficiente como para encender las alarmas.
La gente reclamaba, expresaba su sorpresa, solicitaba información acerca de lo que pasaba. Pedían una respuesta clara y contundente acerca de la sustancia que daba este color al río.
Los temores eran comprensibles y reales. Conforme pasaban los días, vecinos, organizaciones, colectivos, activistas, medios reclamaban a las autoridades que esclarecieran la causa del fenómeno y establecieran los riesgos para la salud, para el medio ambiente, para la Cuenca del Motagua e incluso para su desembocadura en el en el Golfo de Honduras en el mar Caribe.
A partir de entonces, se ha discutido la necesidad de investigar, analizar, establecer responsabilidades e informar a la población acerca de este caso de contaminación. Las autoridades gubernamentales han señalado su interés en dar con el origen del problema, identificar a los responsables y aplicar las acciones administrativas y legales correspondientes.
Mientras tanto, la gran preocupación de la ciudadanía es que “no pase nada”, que las denuncias y las fotos sean solamente un episodio más en esta crisis real y documentada que registra la lenta agonía de nuestros ríos.
El Perfil Ambiental de Guatemala publicado por el Instituto de Investigación en Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad Rafael Landívar (IARNA) en 2023 confirma que el deterioro de los ríos no es un hecho aislado. Las mediciones comparables revelaron que la calidad del agua había empeorado en el 80 por ciento de los casos; la mitad fue clasificada como mala y ningún río alcanzó la categoría buena.
El reciente suceso en el río Las Vacas es una muestra de la urgencia y de la necesidad de trabajar para que la impunidad no siga siendo la constante en los casos de contaminación de ríos. Es un ingente llamado para que desde cada uno de nuestros espacios exijamos una mejora en la gobernanza del agua: una autoridad técnica, mejores controles, adecuado tratamiento de aguas residuales, suficiente presupuesto, más transparencia y sanciones. Esto incluye necesariamente la aprobación de una Ley de Aguas que evite que nuestros cuerpos de agua sean una cloaca.
Que la Tierra, nuestra casa, parezca convertirse cada vez más en “un depósito de porquería” no ha sido un comentario en redes sociales, ni un post, ni una reacción a este nuevo caso de contaminación documentada por vecinos, periodistas y medios de comunicación.
Son palabras del Papa Francisco tomadas de su encíclica “Laudato si” que nos recuerda que la contaminación, entre otras cosas, es fruto de una cultura del descarte, de un sistema económico, cultural y político que utiliza la naturaleza como si sus recursos fueran ilimitados.
En el numeral 21 de la encíclica el Papa Francisco denuncia que: “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería.”
A lo largo del documento, el Papa denuncia también la corrupción, la falta de legislación y la insuficiente aplicación de las leyes que contribuyan a proteger derechos fundamentales como el acceso al agua potable y segura, considerado un derecho humano básico, fundamental y universal.
Poco más de una década después de su publicación, el 18 de junio de 2015, esta encíclica sigue estando vigente y puede ser un faro para quienes desean comprender más acerca de la necesidad de trabajar por el cuidado y la defensa de nuestro planeta. Que el río teñido sea una luz roja para la contaminación y nos anime a avanzar en el rescate de n
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