La encuesta que desnuda la comunicación de Bernardo Arévalo

Carlos Morales Monzón

octubre 15, 2026 - Actualizado octubre 14, 2026
Carlos Morales Monzón

Toda encuesta es una especie de fotografía de un momento específico. La Fundación Libertad y Desarrollo presentó ayer su última encuesta con el apoyo técnico de la experimentada CID-Galup. Los resultados, preocupantes para el gobierno y, especialmente, para el presidente Bernardo Arévalo. Y cómo no va a serlo si resulta que el 78 por ciento de la población desaprueba su gestión. El 74 por ciento considera que su trabajo ha sido entre malo o muy malo.

Son los peores resultados de un presidente en la era democrática. La opinión pública lo ve peor que Giammattei. ¿Injusto? Sí, porque ha hecho muchísimo más en favor de la población. También hay muchísima menos corrupción.

El problema es que se trata de la percepción que los pobladores tienen sobre su gestión. Pero más allá de eso lo que revela es la incapacidad de su equipo para cambiar esa mala percepción mediante campañas de comunicación estratégica. De lo que no estoy seguro es de si es culpa de sus equipos de comunicación o de sus funcionarios del gabinete, muy buenos en sus respectivas áreas profesionales pero totalmente desconocedores de la comunicación. Lo peor es que se rodean de personas que igualmente no saben ni jota de comunicación, pero le hacen creer a los altos jefes que saben de todo, incluyendo de comunicación, por supuesto.

Y lo digo con conocimiento de causa. Hay algunos que creen que, por haber recibido un curso de comunicación en su carrera, ya dominan la Comunicación Política Estratégica. Otros piensan que comunicar en el gobierno es sólo contar algunas cosas en algún video. Algunos más creen que con contratarse un par de patojos para que les hagan TikToks ya solucionaron su problema. En realidad, necesitan comprender que un comunicador estratégico es casi como un secretario privado que se convierte en la sombra de un funcionario y, con base en la información que recaba de todo el acompañamiento, no sólo puede aconsejar algunas acciones a ejecutar para mejorar la imagen, sino que podrá construir una campaña comunicacional basada en hechos reales.

La mayoría anda muy alejada de esta realidad. El comunicador es aislado. No se le permite participar en reuniones clave e importantes de la gestión. Es visto como un asistente a quien le piden que haga un comunicado que ellos revisarán, destrozarán y autorizarán para su publicación, eliminando con ello la coherencia estratégica del mensaje. O como el asistente que, por conocer a quienes cubren las fuentes, tendrá facilidad para convocar a una conferencia de prensa en la que el funcionario dirá todo lo que le viene en gana, pero nada construido estratégicamente para cambiar las malas percepciones de los receptores.

Así no se llega a ningún lado. En alguna ocasión leí un artículo de opinión en el que se decía que los tres mejores comunicadores presidenciales de la era democrática han sido Claudia Arenas, con Vinicio Cerezo; Ricardo de la Torre, con Álvaro Arzú, y Ronaldo Robles, con Álvaro Colom. Y quien así lo anotó tenía toda la razón. Pero ¿por qué? Pues sencillamente porque fueron comunicadores a quienes sus jefes escuchaban, atendían y daban libertad de acción para la transmisión de los mensajes.

Un comunicador es quien ve los hechos con la mente fría para analizarlos en su justa dimensión. Le habla a su cliente en los términos adecuados para explicarle lo que pasa, bueno o malo, y procede a poner en marcha una estrategia. Por supuesto que, aunque el panorama sea adverso, el comunicador debe generar planteamientos con los que cambiará las malas percepciones. Pero si el cliente lo único que espera es que le endulcen el oído con expresiones que alimenten su ego, aunque literalmente lo esté arruinando todo, así no se llegará a ningún lado de manera positiva.

Relean los resultados de la encuesta que destroza a Arévalo y a su gobierno. Están fatales. Pero para quienes conocemos de comunicación y además sabemos lo que este gobierno ha hecho, cambiar esas percepciones no es nada complicado. Lo que sucede es que, si prefieren seguir sacando al presidente comiendo chicharrones y bailando con un influencer extranjero, mientras el país se cae a pedazos, así nada va a cambiar.

*Periodista y Profesor Universitario

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