Pese a estar sometido a las presiones hídricas para la generación eléctrica y la producción de palma africana por parte de familias poderosas, sus ríos aledaños a la cabecera departamental corren limpios, entre montañas, parques, lagunas, mientras que Cobán despliega tal limpieza que no se observa en otra parte de nuestra Guatemala, tan deteriorada por el descuido y donde la basura forma parte del paisaje, como dicen los turistas al recorrer nuestras carreteras. Es más, no hay túmulos como hay en cada pueblo en la carretera, digamos al pasar por territorios vecinos como de Baja Verapaz. Además, la arquitectura de las casas y edificios no son parecidos al desorden de block puestos en varios pisos sin decoro en el resto de poblados del país. No, acá en Alta Verapaz es distinta la arquitectura con influencia de gente alpina porque es indudable la raíz germana que se ve por cualquier lado en la ciudad y no digamos en las fincas tan ordenadas cuyos dueños son de origen teutón.
Allí está la marca: limpieza y bien cuidado el jardín, el hogar, el tráfico, el depósito de basura… como debe ser. Claro que un cobanero podrá exponer sobre su ciudad los defectos que podrían mejorarse. Pero ya quisiera el resto de departamentos tener esa planificación urbana y rural que no se ve por otra parte. El Ministerio de Ambiente reconoce que los representantes de Alta Verapaz compartieron experiencias exitosas de iniciativas locales que buscan contribuir a la restauración ambiental. Estas acciones a nivel comunitario reflejan el compromiso de la delegación para preservar y regenerar los recursos naturales en su región. Están abiertos a enfrentar los desafíos de la conservación ambiental, la deforestación y la pérdida de hábitats naturales, e implementar políticas y proyectos que fomenten la sostenibilidad y la restauración ecológica.
Duele decirlo, pero tras el terremoto de 1976, la belleza de nuestros pueblos con sus casas con techos de teja cayeron para no volver, y por doquier está la lámina de zinc y el block sin el menor toque de belleza y planificación, las construcciones a la buena de dios, con una Asociación de Municipalidades de adorno, que no le interesa el medio ambiente, la basura por doquier en los ríos, los lagos, los mares, las montañas, las carreteras… mientras la Corte de Constitucionalidad se alía con esos alcaldes zánganos que ahora están felices porque podrán tirar la basura dónde quieran, sin importar el daño que hacen a la población, para no hablar de la alcaldía de Quetzaltenango reprobada por el nivel de corrupción y de polución que enferma a los de Xela, mientras en esta capital tiene ese mismo problema y el del tráfico como si fuera irresoluble, amén de los alcaldes narcos que cada día se miran sus fotos en los periódicos por haber sido extraditados a Estados Unidos, mientras el conturbernio con los constructores corruptos de las municipalidades hacen piñata con los fondo otorgados por el Ministerio de Finanzas a sabiendas que iban a ser fuentes de corrupción en los Cocodes. Ojalá hubiera un milagro, pero no hay tal lucha contra la corrupción en el Ministerio de la Defensa y el de Comunicaciones y Obras Públicas, cuyos ministros continúan dando proyectos a los mismos amigos de diputados corruptos, con la venia o vista a un lado de las altas autoridades. Tenemos el buen ejemplo de Alta Verapaz.
PD. Es muy bonita la carretera cementada hacia Lankín y Semuc Champey, pero carece de mantenimiento, pues hay deslizamientos de piedras en las orillas a pesar de ser nueva. Empero, al llegar a este paraje, después de pasar el puente al área de las pozas, no hay cambio alguno: sigue igual de primitivo entre piedras, donde las llantas de los carros se deslizan y subir y bajar entre rocas a sus bellas aguas es difícil para las personas. Lástima que el presidente al inaugurar la carretera no caminó a las pozas para darse cuenta de ello. Para que haya más turismo debe de cambiarse de concepto y se lo digo a nuestro buen director del INGUAT Harris Whitpeck: en lugar que sea un lugar para bañarse, debe ser como el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, en Croacia, donde se hace peatonal su recorrido entre senderos de madera y terracería para admirar la belleza del contorno y sus pequeñas lagunetas sin afectar el agua y conservarla. Así sea.
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