¿Recuerda usted la vez en que utilizó por primera vez su firma? ¿Cómo fue que decidió que iba a ser de una manera y no de otra? Yo reconozco la enorme influencia de la firma de mis padres en la decisión de cómo sería mi rúbrica. Cuando era un adolescente, deseaba tener más que una “simple firma”, quería que fuera tan especial y “compleja” como la de mi papá, pero a la vez “elegante” como la de mi mamá. Para mí es emocionante recordar todo el tiempo y toda la dedicación que invertí para crear mi firma…las horas que pasé “haciendo planas” para poder hacerla lo más parecida posible, y de una forma tal, que fuera difícil de copiar o reproducir.
Las firmas han sido parte de la vida de millones de personas desde hace mucho tiempo… Los registros históricos señalan que en la Antigüedad ya se utilizaban sellos, marcas manuscritas o inscripciones para dejar constancia de operaciones económicas y acuerdos familiares, así como para acreditar la autoría de libros o de obras de arte, entre otros fines. Más tarde, en la Baja Edad Media la firma manuscrita personal se fue extendiendo por toda Europa, hasta consolidar su uso posteriormente en los siglos XVI y XVII.
El valor de nuestra firma es inmenso. Nos avala, nos protege, nos identifica, nos da certeza jurídica. Por estas razones y más, una firma no se da “así nomás”. Se piensa detenidamente. Las nuevas tecnologías incluso nos obligan cada vez a ser más precavidos en el uso y salvaguarda de nuestra rúbrica. Esto sin hablar de uso creciente de firmas digitales y electrónicas con patrones de seguridad más altos y sofisticados que conllevan complejos procesos y mayores responsabilidades.
No puedo imaginarme, sin juzgar a nadie, firmando un documento contra mi voluntad. Nadie debería ser forzado a tal situación: el sentido final de la firma depende de que la persona conozca el contenido de lo que suscribe y pueda decidir libremente aquello que refrenda.
Por eso siempre me ha indignado escuchar los casos de personas de la tercera edad o con escasa escolaridad en los que se señala que fueron forzadas a firmar, o mediante engaños, inducidas a suscribir documentos. Situaciones que les han provocado serios daños como la pérdida de terrenos, casas, dinero, entre otros.
Indignante ha sido también leer los testimonios de personas y reportes de medios de comunicación según los cuales el 11 de septiembre pasado, durante el bloqueo frente a la colonia Bethania, en las inmediaciones del Anillo Periférico, en la zona 7, algunos manifestantes les exigían a conductores y motoristas su nombre, número de DPI y firma para dejarlos pasar.
Los reportes indicaban que estaban forzando a las personas a firmar al menos dos documentos: uno que solicitaba la renuncia del presidente Bernardo Arévalo y la vicepresidenta Karin Herrera; otro que rechazaba la reforma constitucional en materia de justicia promovida por la Asociación Poder Ciudadano.
Sorpresivo fue escuchar las declaraciones de Oswaldo Rocael Villalta López, uno de los dirigentes visibles del bloqueo, quien dio a entender que los transeúntes estaban firmando voluntariamente. Algo bastante cuestionable, ya que siempre será difícil saber si efectivamente fue así o si los conductores firmaron desesperados por la necesidad de pasar y llegar a sus destinos.
Lejos de parecer un movimiento auténtico, las acciones encabezadas por Villalta López se asemejan más, a mi juicio, a formas de amenaza o coacción. Las sospechas de intereses políticos detrás de estas acciones se incrementaron luego de que saliera a luz pública que Oswaldo Rocael Villalta ha participado anteriormente en actividades políticas de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Adicionalmente reportes de prensa señalan que Villalta posee seis antecedentes policiales registrados entre 1999 y 2011, lo que ha despertado más suspicacias. Compete ahora a las autoridades investigar y proceder como indique la ley para esclarecer los sucesos y evitar que este tipo de excesos se repitan.
Por ahora me siento contento de saber que el próximo lunes 28 de septiembre, Poder Ciudadano Guatemala se reunirá en el Parque Central para dirigirse al Congreso de la República y entregar una iniciativa de reforma constitucional del sector justicia, respaldada por más de 14 mil firmas. Esta iniciativa expresa la voluntad de más de 14 mil ciudadanos, entre quienes me incluyo, que decidieron firmar para exigir un cambio que permita que Guatemala cuente con un sistema judicial más robusto en el que la selección y nombramiento de magistrados, jueces y otras autoridades clave para el Estado de derecho no responda a intereses particulares ni a negociaciones opacas. Que nuestras firmas sirvan siempre para que este país avance y cuente con la certeza jurídica necesaria para construir un futuro prometedor para las presentes y futuras generaciones.
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