Entre Davos y Guatemala

Renzo Rosal

enero 23, 2026 - Actualizado enero 22, 2026
Renzo Rosal

El Foro de Davos organizado anualmente por el Foro Económico Mundial, se ha convertido, en su edición 2026, en el centro de la discusión sobre las tendencias globales que prevalecerán en lo sucesivo. Las visiones totalitarias, marcadas de ambiciones al extremo han sido puestas en el debate, pero en contraposición cabe destacar el protagonismo de las otras voces; las que representan, no solo las posiciones contrarias a las que quieren ser hegemónicas, sino que persiguen neutralizar y colocar en su lugar a la tendencia que quiere marcar el paso como “única”, contra la cual no cabe, según sus defensores, oposición alguna. 

El discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, ha sido el protagónico. Su intervención ha sido fulgurante, no solo por la lucidez que encarna, sino, además, porque ha colocado, en perspectiva, lo que de ahora en adelante está en juego. Por ejemplo, el inicio de su intervención mencionó que “el antiguo orden no va a volver”, a lo cual agregó “…la nostalgia no es una estrategia”. Quienes siguen anhelando el retorno de lo que fue, o quizás nunca se transformó en realidad, no tienen cabida en un momento de acelerada y profunda transformación. Una frase clave de su alocución fue “nos encontramos en medio de una ruptura, no de una transición”.  

El discurso del líder canadiense, dirigido estratégicamente a diversas audiencias, pero de manera directa al presidente Trump y a quienes cuestionan sus decisiones por la acumulación de arbitrariedades y autoritarismo llevados al extremo, persigue la cohesión de estos últimos: es posible, necesario y urgente desafiar los intentos hegemónicos que colocan al mundo en total riesgo. Pero para ello, las fórmulas deberán ser nuevas, lo cual supone partir de O. Ni lo que tenemos ha sido totalmente eficaz, como el multilateralismo, pero tampoco lo son las “opciones” unilaterales de dominación que un líder ofrece, so pena de derivar en amenazas si no se sigue la “ruta” impuesta.

Lo anterior debe ser llevado a la arena nacional. Está llegando el fin de las fuerzas depredadoras que han sido los protagonistas en la última década. Su lógica imperante, por la vía de controlar lo que se les pone por delante, imponer sus narrativas de manera unilateral (acallando las voces disonantes de diversas maneras), comienza a sucumbir. De acá en adelante no toca transitar, sino, tal como lo indica el Primer Ministro, actuar en términos de ruptura. Ello supone dejar de pensar en ficciones, como que solo debemos presenciar cómo se aniquilan entre las mafias y todo cambiará.  Pero mientras construimos “algo mejor, más fuerte y más justo”, toca enfrentar las contracciones de los opositores, quienes, para comenzar, no dejarán los espacios con facilidad y tal como lo muestran las alocuciones presentadas en Davos, querrán agudizar la utilización de las peores estrategias para controlar lo que aseguran como su gran arena del poder.  Así como en días recientes se llegó a utilizar a las maras, sus muestras de poderío y control del miedo colectivo como tácticas para hacerse presente, así o más lo podrán seguir haciendo; en la medida que sientan pasos de gigante. Quienes hasta no mucho se consideraban impotentes, han comenzado en evidenciar que no lo son. Sustraigo una frase poderosa del discurso de Caney “el poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”.

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