Estamos hablando del país. Una universidad que funciona gracias a los impuestos pagados por cada uno de los guatemaltecos. La única casa de estudios que hace posible que alrededor del 2.6% de su población pueda acceder a la educación superior de manera gratuita.
La tricentenaria que ha permitido a generaciones acceder a un futuro mejor y que en momentos de crisis ha sido baluarte del pensamiento crítico y de la lucha por las necesidades más urgentes del país.
Alma mater de intelectuales y mártires que en los momentos más oscuros de la historia han sido perseguidos y ejecutados solamente por disentir y cuestionar el statu quo.
La universidad más grande del país y desde donde se elige a profesionales para que tomen decisiones cruciales que afectan el presente y futuro de nuestra democracia.
Por su vital importancia, en cierta manera todos “somos sancarlistas”, porque aportamos a su funcionamiento y nos vemos beneficiados o afectados por los resultados y decisiones tomadas en dicha casa de estudios. Sus autoridades y egresados han marcado la historia de Guatemala para bien o para mal.
Por esto y tantos factores más la Universidad de San Carlos (USAC) no merece ser feudo ni guarida de grupos criminales que anteponen sus intereses al bienestar ciudadano.
La reelección de Mazariegos ilegítima y manifiestamente ilegal era lotería cantada desde hace varias semanas. La arbitrariedad y el cinismo abrieron paso al fraude y ahora el usurpador posa ante las cámaras con el símbolo de victoria.
Es difícil entender cómo se ha podido llegar a esto y qué significa estado de derecho en este contexto, donde el Ministerio Público y las cortes a todo nivel no han puesto freno a una serie de irregularidades que nos han traído hasta esta profunda crisis.
La calle -ese lugar común donde globalmente se ha defendido la democracia de manera más evidente- es nuevamente la opción a donde se empuja a los guatemaltecos que desean que la universidad pública del país sea dirigida por autoridades democráticamente electas.
A pesar de la frustración, inspira ver cómo estudiantes, profesionales, académicos, religiosos, guatemaltecos de distintos sectores coinciden en las calles, en los foros y en las redes sociales para recordar que defender la democracia dentro de la USAC es proteger al país. También es preocupante cuando surgen grupos de choque y violentos, generando confusión.
La USAC es autónoma. Pero como lo han dado a entender ya muchos, la autonomía debe ser respetada mas no debe ser un blindaje para delincuentes.
Defender la autonomía de la USAC es impedir que bajo argucias legales y manoseo jurídico se perpetúe Walter Mazariegos en la rectoría. Defender la autonomía es denunciar las ilegalidades y los crímenes de una administración con la que no se puede negociar. Defender la autonomía es velar por que se cumpla el Estado de Derecho, es exigir que se respete la decisión de los cuerpos electorales que han sido silenciados y excluidos por autoridades ilegítimas.
La ceguera voluntaria del Ministerio Público, de las cortes y las posibles tibiezas u omisiones de actores clave dentro de los poderes del Estado son inadmisibles, pero no deben desmotivar los esfuerzos ciudadanos.
La historia nos enseña que las dictaduras han caído gracias al valor y entereza de lideres y sectores que han confluido en intereses y espacios, entre ellos las calles… también nos recuerda que a los dictadores se les echa a la calle para que no vuelvan. La USAC es del pueblo y para el pueblo, y Guatemala no merece más dictaduras. Seamos valientes y consecuentes, no importa si somos ciudadanos de a pie o el presidente.
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