Provocatio: Del menos peor, al “bueno” de ocasión

Entiendo que en política (politiquería para el caso nacional) surgen necesidades de pactos no siempre transparentes ni beneficiosos para el país, pero que se presentan como un “mal menor o lo menos peor”, dadas determinadas condiciones, siempre paliadas, según quién cuente la historia. El que quiere estar en la jugada, debe estar consciente de esto y decidir cómo participar, aceptando los costos de cualquier decisión al respecto.

José Alfredo Calderón E.

noviembre 7, 2025 - Actualizado noviembre 5, 2025
José Alfredo Calderón E.

Desde lo cultural, Guatemala es un país con muchos matices, contradicciones y hasta dinámicas jocosas. No es para menos, pues somos una entidad con 25 comunidades lingüísticas y varias naciones, aunque esta diversidad le moleste a los dueños del capital, cuya narrativa sigue siendo la unión en una sola patria y la homogeneidad de sus habitantes en una guatemalidad que no logran consolidar.

Hoy quiero destacar tres ambientes donde la particularidad tropical se manifiesta: En lo político, laboral y comunitario, no sin antes remarcar el proyecto de uniformarnos en cuanto a preferencias.  

Resulta que en lo político-electoral, nos enseñaron que lo perfecto no existe y que se debe escoger entre lo que hay, buscando al menos malo.  Luego, como la gente no es tonta, al entender que la oferta es reprobable, la tendencia obliga a votar por el menos peor. En esta variable, fieles a la tradición chapina, empezamos a votar en contra de y no a favor de alguien, siendo el mejor ejemplo la representante del partido verde, quien se ha convertido en una mágica creadora de presidentes con su sola presencia en la segunda vuelta.

En lo laboral, es común que cuando surge una vacante y muchos la solicitan, la expectativa se reduce a que no se la den a zutano o mengano, aunque el aspirante de marras tampoco sea beneficiado/a.  Si de sanciones laborales se trata, cualquier castigo recibido, inmediatamente se compara con el de otro, para minimizar la vergüenza y la gravedad del asunto.  Finalmente, en lo comunitario urbano, cualquier situación de precariedad, es rápidamente comparada con la desgracia mayor de un vecino o vecina.

Con esta dinámica de “lo menos malo” primero y luego, “lo menos peor”, aparece una nueva categoría: el bueno de ocasión. Traigo a colación el tema, a raíz de la última elección de la Junta Directiva del Congreso en la que, los llamados “oficialistas”, estallaron en júbilo por lo que califican y venden como una gran victoria de Guatemala, la democracia y la justicia, lograda eso sí, por la encomiable, decidida, valiente y estratégica planeación y ejecución de ellos.

Entiendo que en política (politiquería para el caso nacional) surgen necesidades de pactos no siempre transparentes ni beneficiosos para el país, pero que se presentan como un “mal menor o lo menos peor”, dadas determinadas condiciones, siempre paliadas, según quién cuente la historia. El que quiere estar en la jugada, debe estar consciente de esto y decidir cómo participar, aceptando los costos de cualquier decisión al respecto.

Uno esperaría de los que se vendieron como diferentes, una actitud mesurada y prudente, matizando la acción efectuada con un razonamiento similar a: “No teníamos muchas opciones y las condiciones han sido desfavorables, por lo que sabemos que no fue lo óptimo, pero esperamos que la alianza implementada permita mínimos de gobernabilidad que favorezcan el clima político de cara a los retos del 2026”. Pero no, la soberbia y el agrandamiento se vuelven a imponer en escena y se trató de disfrazar lo que, a todas luces, es bueno para quienes resultan beneficiados con ese pacto, pero no precisamente para la ciudadanía, el país, la justicia y, muchos menos, la democracia. Pronto sabremos los pormenores y prebendas otorgadas. Los invito a revisar algunos detalles:

  • Constatando los nombres y trayectoria de quienes resultaron designados en esa junta directiva, no son precisamente referente de transparencia, idoneidad e identificación con los intereses democráticos, colectivos y nacionales, especialmente de quien ahora preside la nueva junta directiva.
  • Obtener una mayoría absoluta (ya no digamos calificada) en el Congreso, cuesta lo indecible cuando se trata de legislar o intervenir a favor de las grandes mayorías y causas justas. Ahora, por una extraña razón”, se obtienen 149 votos a favor y solo seis en contra.
  • La historia legislativa ha demostrado con creces, que las levantadas de mano masivas, responden única y exclusivamente a intereses de todo tipo, que nada tienen que ver con la denostada patria.
  • Ahora resulta que los diputados mezquinos se reducen a cuatro: Jovel, Rodríguez, Arzú y Alejos, y de la noche a la mañana, surgen 149 angelitos que, por alguna extraña influencia, hicieron acto de contrición para votar por lo que se vendería como beneficioso para la nación. Magnificar una componenda de planilla única como democracia, es simplemente perverso.

Pero volviendo a las taras culturales de esta sufrida comarca. “Pudo haber sido peor y por lo menos no quedaron aquellos cuatro…”

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