Más Allá / Del vecino tacuacín…

Sergio De León Quiroz

julio 10, 2026 - Actualizado julio 10, 2026
Sergio De León Quiroz

Los chats de vecindario pueden ser muy útiles, otras veces verdaderamente tóxicos y otras más pueden servir para demostrar que con pequeños gestos juntos podemos hacer de este mundo un lugar mejor.

El episodio más reciente y gratificante en el chat de vecinos tiene que ver con un tacuacín que había quedado atrapado en una casa desocupada. La interacción oportuna y positiva de los vecinos permitió atender y liberar al animalito sano y salvo.

No es coincidencia que cuando las construcciones avanzan afectando el hábitat de muchas especies la gente reporte la presencia de animales que buscan refugio o alimentación en parques o casas… Este desplazamiento de fauna en áreas semi urbanas que huye de sus entornos destrozados es un fenómeno silencioso y doloroso del que no tenemos registro, menos claridad del impacto en nuestras vidas y las vidas de nuestras generaciones futuras. (Esto a pesar de supuestos estudios de impacto ambiental que desconocemos los vecinos.)

El vecino tacuacín es quizá el marsupial más conocido y menos comprendido de nuestras ciudades y pueblos. Los tacuacines pueden vivir en muchos lugares, desde zonas remotas y rurales hasta bosques urbanos. Su presencia -quizá no muy atractiva- ayuda a mantener el equilibrio en poblaciones de insectos evitando plagas. Se alimentan de frutas silvestres e insectos y diseminan semillas contribuyendo a la regeneración de los bosques urbanos: maravillosas “familias verdes” que son clave para nuestras vidas pues nos ayudan a tener aire puro, más agua y una mejor resistencia ante el cambio climático.

El rescate de un tacuacín puede parecer para muchos un asunto menor y de poca importancia. Para un minúsculo grupo de vecinos fue una manera de ayudar, para el tacuacín significó seguir vivo. Para mí es una oportunidad para recordar esa necesidad de reconciliarnos con la naturaleza de manera tal que podamos desarrollarnos plenamente y en armonía con el planeta como lo anhelaban representantes de los países del mundo al declarar en 2021 un “Decenio de Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas”.

A la mitad de este decenio cabe pensar en qué tanto hemos hecho como individuos y sociedades para avanzar en prevenir, detener y revertir la degradación de los ecosistemas. No se trata de una idea romántica o de ir contra el progreso, al contrario, la idea es progresar y encontrar maneras creativas y nuevas de desarrollo que impidan -por dar un ejemplo- que lugares maravillosos como El Naranjo pasen a ser zonas grises de asfalto, macetones y luces led cegadoras.

Más allá de criticar por criticar u oponerse al desarrollo, se trata de detenerse y reflexionar sobre la necesidad de armarnos de sabiduría y valentía para buscar nuevas formas de crecimiento que nos hagan sociedades prósperas sin comprometer nuestra salud y nuestro futuro.

Usemos esa sabiduría, esa otra IA: la “Inteligencia Ancestral” de la que el empresario social estadounidense y exconsejero especial para empleos verdes, empresa e innovación en el Consejo de la Casa Blanca, Van Jones ha hablado recientemente.

Este tipo de inteligencia ancestral que nos permita soñar que la sabiduría espiritual y humana de nuestros antepasados unida al avance tecnológico podrá servir para preservar nuestros ecosistemas y a la vez generar una riqueza más equitativa.

Mis abuelos me contaban que en El Naranjo había una laguna y muchos árboles frutales que la gente disfrutaba… Una laguna que nunca pude llegar a ver. Desearía que mis nietos sigan gozando de los verdes bosques del Naranjo y puedan contar historias de sorprendentes animales como el vecino tacuacín que se atrevió a conmover a un chat de vecinos y fue salvado una tarde de julio…

Tags:
0 Comentarios

Comentarios de la comunidad

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?