No más violencia invisible

Flor de María Gálvez

noviembre 25, 2025 - Actualizado noviembre 24, 2025
Flor de María Gálvez

Me preparo para la marcha del 25N como quien se viste para una batalla. Llevo mi pañuelo morado, pero esta vez lo ato en mi puño desde otro lugar, en otro país, con otras circunstancias que nunca imaginé vivir. Soy refugiada. Soy defensora de derechos humanos. Soy una mujer que ha tenido que huir para sobrevivir.

Usaré mi pantalón de lona, mi blusa blanca, mi gorra negra. Llevo mi casco y mi chaleco, porque sé que siempre habrá quienes intentarán silenciarnos de manera violenta. Pero ya no me silencio.

Hoy quiero hablarles de esa violencia que no sangra, que no deja moretones visibles, pero que nos destroza por dentro. Esa violencia que hemos normalizado tanto que casi dejamos de reconocerla como tal.

Está en las miradas lascivas que recorren nuestros cuerpos en las calles, en el transporte público. En los hombres que se pegan deliberadamente para frotar su entrepierna contra nuestros cuerpos, tratando de robarnos nuestro espacio, nuestra paz, nuestra dignidad. En las fotos de penes que llegan a nuestros teléfonos sin pedirlas, sin consentimiento, violando nuestra intimidad digital.

Está en esos colegas masculinos que nos dicen con condescendencia que «revisaron nuestro trabajo y que está bien hecho», como si fueran supervisores, como si necesitáramos de su aprobación masculina para validar nuestro trabajo profesional. Como si los años de experiencia y conocimiento necesitaran su bendición.

Está en ese hombre que nos bombardea con amor intenso, que nos hace creer que somos especiales, únicas; para luego desaparecer sin explicación. En quien nos dice que nos quiere, pero nos obliga a rogar, a suplicar, a hacer todo el trabajo emocional para que se quede. Y nosotras, creyendo que eso es amor. Normalizando el abandono. Romantizando el maltrato.

Está en los comentarios de redes sociales: «fea», «gorda», «boba», «no vales nada». En quienes se burlan de nuestros cuerpos, atacan nuestras facciones, se meten con nuestras vidas, con nuestro ser, con nuestras emociones. Y cuando nos duele, cuando nos afecta, nos dicen que somos «de cristal», como si ser sensible fuera un defecto y no una prueba de humanidad.

Porque somos mujeres, creen que pueden lastimarnos. Usarnos. Dejarnos. Abandonarnos. Como si nuestra existencia fuera desechable.

Pero: No más. No más violencia invisible que se esconde en lo cotidiano. No más bullying disfrazado de «opinión». No más daño justificado como «es solo internet». No más violencia digital que nos persigue hasta nuestros espacios más íntimos.

Esta violencia existe. Es real. Y nos está matando por dentro, cada día, en cada interacción, en cada comentario, en cada mirada.

El 25N marcharé con mi pañuelo morado en alto, en este país que me acogió cuando el mío me expulsó. Marcharé por todas nosotras, las que seguimos de pie a pesar de todo. Las que hemos sido refugiadas en tierras ajenas y en nuestros propios cuerpos. Las que defendemos derechos humanos mientras los nuestros son violados constantemente.

Marcharé porque ya no acepto esta violencia como normal. Porque merecemos respeto. Porque merecemos dignidad. Porque nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestras emociones no son de nadie.

Ya no me callo. Ya no normalizo. Ya no romantizo mi propio dolor.

Hoy digo basta. Y lo digo en voz alta.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?