Plan: destruir Irán y parte de Medio Oriente y frenar a China

Fernando González Davison

marzo 10, 2026 - Actualizado marzo 9, 2026
Fernando González Davison

Mientras Trump hablaba maravillosas mentiras como de costumbre el pasado lunes sobre sus “grandiosos” logros en lo económico y militar, entiendo que hay distintas capas para entender la guerra que libran Israel y Estados Unidos contra Irán. Una es la pugna que ambos han sostenido en su batalla por la hegemonía en Medio Oriente desde el arribo de los ayatolás en 1979 a la fecha. Estados Unidos ha usado a Israel como su gran portaviones para lograr mantenerse como hegemón en la región, pero, a cambio, Israel, por ello mismo, ha recibido su cooperación como en ninguna parte del mundo: cinco mil millones de dólares anuales y armas hasta los dientes con la última generación de armas, misiles, aviones e inteligencia para defender su ocupación de las tierras palestinas frente al mundo árabe e iraní.

Entre 1951 y 2022, Israel recibió 225 mil millones de dólares en ayuda militar estadounidense, aproximadamente el 71% de su ayuda de todas las fuentes. Desde el año 2000, más del 86% de la ayuda anual estadounidense a Israel se ha destinado a financiar esfuerzos militares. Estados Unidos ha gastado un récord de, al menos, veinte mil millones de dólares en ayuda militar a Israel desde que comenzó la guerra en Gaza hace tres años. Y es una cooperación gratuita.

Por supuesto que su rival, Irán, es su única una amenaza a su existencia, ya  que los países del Golfo Pérsico árabes se alinearon con Estados Unidos hace décadas y dejaron de ser una amenaza para Israel: hay más de una docena de bases militares estadounidenses en esos países listos para atacar a Irán (por eso han sido atacadas en esta guerra del otro lado del Golfo Pérsico), apoyados por la llegada hace un par de meses de un tercio de la flota estadounidense, con dos grandes portaaviones erizados de aviones, más  destructores con misiles que, con las fuerzas de Israel, han diezmado el poder bélico iraní y han comenzado a destruir ciudades casi a su antojo, y también Líbano, en especial la bella Beirut ahora en ruinas, como lo está Gaza en Palestina. Hay que ver, en contrapartida, la ayuda militar que Irán proveía a Hamás y Hezbolá en Gaza, Líbano, y los hutíes de Yemen del Sur ya muy diezmados ahora y sus ataques a Israel han sido sin mayor impacto. Lo cierto es que en esa región reina el odio religioso que nunca se erradica. Israel aprovecha el tesoro estadounidense para pagar la guerra  y no contribuye al pago de la factura que beneficiará al complejo militar-industrial y la gran banca de ese país que maneja a la mayoría de políticos estadounidenses…

La segunda capa para entender esta guerra de Trump es China, pues, si bien pareciera una simple guerra de destrucción de Irán, Líbano y Gaza, con la guerra quiere impedir el envío de petróleo por el estrecho de Ormuz, ya que la región provee a Beijing del 48% del petróleo que consume, pero que a la vez afecta a Japón que importa de allí el 75% de su combustible. A la vez se recrea toda una estructura de terror para impedir que China lleve a cabo su proyecto comercial y de infraestructura para Asia, la llamada “La ruta de la seda”, donde Irán está en el medio y hay que acabarlo. La ocupación estadounidense de Venezuela también afectó el comercio de su petróleo destinado a China, motivo por el se observa una estrategia para afectar a Beijing y, por partida doble, ahogar a Cuba al dejarla sin combustible.

Tarde o temprano Tokio y Beijing tendrán que hablar con una sola voz contra Trump  porque sin ese combustible podrían colapsar sus economías. Sucedió en 1941 que Tokio invadió Pearl Harbor cuando la Casa Blanca cerró el grifo de petróleo que surtía a Japón, del que dependía en más de un ochenta por ciento. De ahí el alto riesgo que se avizora porque Xi no se quedará de brazos cruzados si la amenaza a su existencia es tal que verá cómo romper el cerco que Trump le quiere montar. Xi tiene un tiempo de espera puesto que ahora tiene que arreglar la cúpula de sus fuerzas armadas, despedida porque Xi temió de que se volviera autónoma.

Entretanto, hay un caos internacional sembrado por la Casa Blanca en un año de conmociones desde la guerra de los aranceles, las cada vez más comprometedoras revelaciones de los expedientes Epstein, el cisma europeo entre los primeros ministros serviles (Alemania) y los autónomos disidentes (España, Reino Unido, Dinamarca…), mientras Angela Merkel insta a su país y a la Unión Europea a no temer a un diálogo con Moscú. América Latina y África están a la expectativa, con unas Naciones Unidas que han dejado de funcionar y que Trump ha dejado de pagar su cuota para destruirla, que pareciera que ese es su propósito. Es claro que quiere privatizar una junta de “paz” para Gaza constituida por magnates y títeres de Trump y construir una serie de hoteles de lujo en la riviera sobre los cadáveres de casi cien mil palestinos…

En verdad que el escenario posible del mundo se vislumbra catastrófico con la inflación que propicia el alza del precio del petróleo que ha pasado de los cien dólares el barril que, de continuar la guerra, seguirá subiendo y afectando al mundo con una inflación galopante, sin que haya ganadores y todos los países salgan perdiendo ante un guerrerismo que nos puede llevar a la tercera guerra mundial.

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