¿Un candidato “outsider” es la solución?, el futuro de la presidencia en Guatemala

Elías Talé

junio 6, 2026 - Actualizado junio 10, 2026
Elías Talé

Los outsiders se definen como personas que vienen de afuera del ámbito político, se presentan como una opción nueva, habitualmente poseen un discurso de “cambio o antisistema” ante el descontento ciudadano. Nunca fueron candidatos, ni ocuparon un cargo lo cual crea una imagen ficticia sobre su alto nivel de compromiso en cumplir sus promesas.

Argentina, Ecuador y Perú son algunos de los países que han atravesado esta crisis, el hecho de que la población confíe en actores con discursos provocativos, nos invita a reflexionar sobre qué tipo de políticos están captando la atención del votante.

Colombia reflejó esta situación en los recientes comicios,  esta tendencia se ha replicado a lo largo de Latinoamérica, el escenario por sí solo no parece peligroso porque las elecciones se realizan conforme a procesos democráticos; sin embargo, contradictoriamente, existen ciertos políticos que llegan al poder por vías democráticas pero, una vez instalados, consolidan una forma autoritaria de gobernar.

La gravedad de la situación es tal que los discursos de odio, violencia y populismo se han normalizado. Conviene precisar que estos fenómenos no están ligados a una ideología específica, como suele creerse, sino que reflejan una problemática estrictamente humana, el extremismo constituye una crisis global que impacta a millones de familias.

En Guatemala hemos vivido procesos similares a las de un outsider, tal como sucedió con Jimmy Morales, quien llegó al poder vendiéndose como un candidato nuevo y un eslogan que convenció al electorado; “Ni Corrupto, Ni Ladrón”, para luego convertirse en un burócrata ineficiente y depredador del erario público. Nuestro gran obstáculo es la carencia de memoria histórica, un concepto que sectores tradicionales desacreditan precisamente por su impacto social.

Ante el panorama internacional, estas dinámicas podrían conducir a nuestra nación hacia los escenarios ya vividos con Jimmy Morales o con Otto Pérez Molina, este último recordado por su retórica de “Mano Dura”, quien también desfalcó al Estado. El desgaste y descontento que rodea al presidente Bernardo Arévalo amenaza con convencer a millones de guatemaltecos de que la única alternativa es apostar por un outsider extremista.

Cabe mencionar, que los outsiders suelen estar ligados a élites económicas, es crucial analizar cómo dichas alianzas condicionan sus intereses en perjuicio del bienestar colectivo. Guatemala demanda con premura liderazgos capaces de impulsar transformaciones reales, pero que actúen conforme a derecho.

Frente al próximo proceso electoral, la prioridad debe ser informar y concientizar a los votantes, ignorar las lecciones de nuestra historia reciente o los escenarios en la región, nos conducirá a caer en este círculo vicioso que podría resultar fatal. El descaro de sugerir un retorno a las prácticas del caudillo Efraín Ríos Montt funciona como un claro anticipo de la agenda extremista de ciertos personajes, podrá parecer muy temprano para hablar de las elecciones, pero debemos recordar que en Guatemala la campaña política nunca se detiene. Ante la crisis global, estamos obligados a marcar la diferencia, más allá de buscar figuras ajenas a la política, necesitamos servidores públicos que generen gobernabilidad, cambios esenciales, pero sobre todo, que sean coherentes, éticos y democráticos. La farsa del candidato antisistema no es suficiente, al final del día, la solidez de las propuestas y la transparencia, son su única carta de presentación.

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