Bernardo Arévalo perdió el sentido de la política, del Estado y, sin darse cuenta, favorece la división histórica de Guatemala entre los pueblos originarios y los grupos hispano-ladinos, mientras atiende a la oligarquía más que a los desfavorecidos que le dieron sus votos. Esto puede derivar en conflictos y divisiones más profundas como sucede en este continente, en especial en Estados Unidos en otro contexto histórico.
Uno de esos deslices que favorecen en términos generales al statu quo oligárquico fue el nombramiento que hizo de uno de sus miembros más sobresalientes de la oligarquía golpista, la familia Skinner-Klee, que siempre ha servido a los intereses de la clase social a la cual pertenece. Eso a pesar de sus orígenes modestos, ya que es ascendiente del presidente Rafael Carrera Turcios, cuya hija Concepción se casó con el hijo de Karl Rudolf Klee, que era ahijado de Karl Skinner, quien no tuvo hijos, y juntó los apellidos Skinner-Klee al heredarlo.
De esa cuenta llevaron el apellido Skinner-Klee sus descendientes, los que se emparentaron con otras familias de la oligarquía antigua y con mediterráneos que desembarcaron en Guatemala a principios del siglo XX. Un Skinner-Klee fue canciller de Jorge Ubico que legitimó los límites con Belice a favor de los británicos y por ello Ubico lo sustituyó. Más adelante, otro Skiner-Klee sirvió a Castillo Armas, a Arana Osorio… La familia produce “intelectuales orgánicos” de la élite económica de 1954 del país como hasta la fecha con los dos hermanos Jorge (el embajador) y Alfredo (abogado cabildero al servicio del CACIF) y su hermana (también embajadora). Defienden a su clase social y advenedizos políticos con poder como lo fuera su difunto padre Jorge Alfredo (Tuna) Skinner-Klee, a quien Marta Elena Casaus definió como un intelectual orgánico de nuestra élite desde 1954 y que a su muerte fue relevado por sus hijos Jorge y Alfredo, siempre tomando su premio de las arcas del Estado desde hace muchas décadas, como puede observarse de su historial al servicio del Estado bien remunerado.
Por eso el nombramiento de “Jorgito” como embajador ante el reino de España no puede dejar de asombrar a la ciudadanía honesta y democrática porque este gobierno prometió luchar contra los oscuros y el Pacto de Corruptos y, sin sonrojarse, justificó ese nombramiento como un “normal movimiento” de un “embajador de carrera”.
Bernardo sabe bien que Guatemala carece de una academia diplomática formal (es el único país de América Latina que no lo tiene) y, por tanto, no tiene embajadores de carrera porque los embajadores son nombrados a dedo por los presidentes. La Ley del Servicio Exterior que crearía una academia formal la pulió Bernardo cuando era diputado y va por tercera lectura. Por eso la designación de “embajador de carrera” es un invento para los que, luego de servir en el servicio exterior unos años, pasen un test mínimo ante varios “embajadores de carrera” que fueron puestos a dedo por los presidentes de turno. Estos inundan nuestras embajadas y consulados, todos ligados a familiares o amigos de antiguos políticos o militares de turno de gobiernos que hacían parte de las estructuras de corrupción.
Razón de más, como dijo Juan José Arévalo, respecto de la burocracia que heredó de Jorge Ubico, que era la “quinta columna” que saboteaba los cambios que él hacía en favor de las grandes mayorías. Y eso mismo le ha hecho el personal “de carrera” de nuestra Cancillería, como el mismo canciller Carlos Ramiro Martínez, que siempre ha estado al servicio de los presidentes de turno y de los intereses de los poderosos, incluso del cierre de la CICIG.
La regla que hay en cancillería entre sus honestos burócratas de la planta central es la de los monos sabios: no ver, no oír, no hablar. Martínez era viceministro de Relaciones Exteriores del ministro Carlos Raúl Morales, que desde el gobierno de Pérez Molina venía difamando a la CICIG en foros internacionales y también en la administración transitoria de Alejandro Maldonado Aguirre. Cuando Jimmy despidió a Carlos Raúl por un lío en Naciones Unidas porque fue maltratado por los funcionarios de Naciones Unidas cuando atacaban a la CICIG, la viceministra Ana María Diéguez renunció para no sustituirlo. Renunció de forma valiente y digna. Pero no Martínez, quien en su biografía oficial del Minex falsea su renuncia: “En 2017, fue uno de los viceministros que renunciaron con el entonces ministro de Relaciones Exteriores Carlos Raúl Morales cuando se rehusaron a declarar persona non grata al entonces comisionado de la CICIG Iván Velásquez Gómez”, pues la verdad es que Morales ni él renunciaron. Quien sí lo hizo fue Ana María Diéguez, la viceministra, porque no quiso asumir como ministra interina para no ser parte de la confabulación contra la CICIG. Pero Martínez asumió ese cargo ministerial provisional al ser Morales despedido.
Martínez cooperó un tiempo con la nueva canciller Sandra Joviel y con Skinner Klee para planear en conjunto cómo sacar a la CICIG, siendo este el cerebro, para difamar al director Iván Velázquez como es de conocimiento público y del cierre de la misma, como deseaban los del Pacto de Corruptos, donde se unieron los narcos políticos y la oligarquía entre cuyos representantes estaba su hermano, Alfredo Skinner-Klee. Martínez voló al exterior como embajador y volvió como viceministro del gobierno de Alejandro Giammattei. Cuando este intento detener la elección presidencial de Arévalo la OEA orquestó su apoyo. Al asumir Arévalo la presidencia prevaleció la amistad y compadrazgo con Martínez y lo nombró su canciller a pesar de sus deslices y contradicciones.
Hasta la fecha nuestro servicio exterior está repleto de diplomáticos “de carrera”, intocables, de escritorio, designados por los gobiernos corruptos de las últimas décadas.
El presidente no se percata que su actitud con el nombramiento de Jorgito enoja al conglomerado de los pueblos originarios y a sus intelectuales puesto que de manera alguna los defiende en la práctica y sus demandas son ignoradas. Lo cuestionan por plegarse a la oligarquía de siempre. Para ejemplo, Bernardo le ha dado a gente del CACIF de premio el Consejo Económico Social, que representa una erogación de diez millones de quetzales al año para que se los despilfarren sus directores y directivos becados que allí no hacen nada. Tampoco se percata que un oficial del ejército no está capacitado para ser ministro de Comunicaciones y Obras Públicas. Tampoco se percata que se sienten frustrados con su gobierno los fiscales y periodistas en el exilio en otros países y ahora se sienten traicionados por igual. Tampoco se percata del hostigamiento y prisión de muchos dirigentes indígenas cuyas protestas lo llevaron a asumir la presidencia. Es el caso de los dirigentes indígenas de los 48 Cantones de Totonicapán, Luis Pacheco y Héctor Chaclán, enjuiciados por terrorismo, obstrucción de la justicia y asociación ilícita, tras participar en las protestas pacíficas de 2023 en defensa de la democracia. Dejarlos en el olvido es una tragedia, lo mismo que dejar a José Rubén Zamora en la cárcel.
Poco le ayudan sus ministros “nerds”, con una vicepresidente anodina, docenas de asesores de adorno, donde brillan, aunque de manera relativa, la ministra de Educación y el director del INGUAT. Los ministros parecen que no tienen idea de lo político y la política y la buena gobernanza. Lo lamentaría su padre, su mentor Edelberto Rivas y amigos que lo tratamos con deferencia. El “liderazgo colectivo” de los pueblos indígenas está desilusionado porque sus demandas no han tenido eco. Bernardo ofreció un cambio y no lo ha hecho. Muchos en el exilio deberían ser contratados en el servicio exterior como una forma de ayuda porque lucharon por una Guatemala democrática libre de los corruptos, como se hizo con la actual embajadora ante la OEA.
Juan José Arévalo lo hacía así rescató a Miguel Ángel Asturias y a Tito Monterroso al nombrarlos como diplomáticos. Pero Bernardo se empeña en mantener a los “embajadores de carrera” que no lo son. ¿Podrá Bernardo cambiar? Solo un milagro. Un mensaje claro en favor del cambio habría sido escoger a un intelectual maya como embajador en España, pero prefirió escoger al cerebro gris de Jimmy Morales y del Pacto de Corruptos para expulsar a Iván Velázquez y cerrar la CICIG. Eso con el aval del actual canciller que también es “embajador de carrera”. Espero que recapacite, pero creo anda feliz con la bendición de Trump por acatar sus instrucciones. Y por contar con el apoyo internacional y del CACIF, y no se digna dar la lucha por el cambio, como su padre sí lo habría hecho. Estamos amolados: el bloque en el poder se acomoda con este gobierno y nuestra política exterior ya está definida en Washington y la doméstica por la oligarquía. ¡Viva la independencia nacional!
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