Constantemente les decimos a los jóvenes que son el futuro. Quizá sea momento de decirles, una vez más, algo que ya saben y que es mucho más importante que lo anterior, pero que es muy probable, no terminen de entender a plenitud: ¡Ustedes también son el presente!
Guatemala se acerca nuevamente a un proceso electoral y en este sentido, el calendario preliminar del Tribunal Supremo Electoral -TSE- contempla la convocatoria para enero y las elecciones generales para junio de 2027.
Sin embargo, el proceso electoral ya comenzó, a pesar de no estar declarada su apertura, pero participar en su preparación, parece ser muy importante, pues éste no comienza ni termina sólo con fechas establecidas, por una institución, ni mucho menos con papeletas frente a nosotros. Comienza mucho antes y especialmente cuando decidimos cuestionarnos, informarnos, organizarnos, discutir en espacios públicos y privados estos temas, y por sobre todas las cosas, activando nuestra ciudadanía y siendo parte en la toma de decisiones trascendentales para el mismo.
Por lo anterior, es que hoy dedico esta columna de opinión a esa juventud activa, que no se queda callada e inerte ante los cambios que le incumben, deseando invitarle a participar con mucha más fuerza, pero también con más certeza y diferenciándose de los errores del pasado que pudieran estar repitiendo e impedirles lograr con éxito, escribir una nueva historia.
Para hacerlo, existen múltiples formas, pero sea de la manera que sea, deseo que lo hagan de forma inmediata, coordinada, desmarcándose de los errores que ya debieron haber quedado superados y por sobre todas las cosas, que lo hagan de forma masiva.
Ojalá se acerquen mucho más a organizaciones sociales, universidades, comunidades, instituciones y, por qué no, también a los partidos políticos, que llenen sus expectativas y que mejor les parezcan.
Espero que conozcan cómo funciona el país que desde este momento tienen que comenzar a dirigir. Pero más que dirigir, es a orientarlo con nuevas técnicas, con mucha más sabiduría y aprendiendo a escucharse entre sí.
Ojalá quedase claro, que participar en todo lo anteriormente expuesto, se haga bajo una sola condición específica: no llegar a copiar las acciones malas del pasado.
No confundan madurar políticamente con aprender a justificar lo injustificable. No crean que pertenecer, significa obedecer sin cuestionar, ni que defender determinados valores consiste simplemente en repetirlos en un discurso, mientras sus acciones dicen exactamente lo contrario.
Sin embargo, es importante aprender a detectar el buen consejo de quienes les anteceden, pues no todos son malos.
Es importante saber recibir esos consejos, más no heredar esa incapacidad para conversar.
Una democracia no puede construirse únicamente entre personas que piensan igual.
Si dos jóvenes con ideas profundamente distintas, hoy no pueden sentarse frente a frente, escucharse y discutir con firmeza sin insultarse, sin descalificarse o sin convertirse en enemigos, entonces poco habremos aprendido y mucho menos avanzado.
Discutan las ideas y cuestiónenlas. Defienden apasionadamente las propias, pero no se distancien ni se señalen como contrarios, como ponentes o como enemigos.
Que la oposición sea en el criterio, más nunca en la relación.
Pretender encontrar en los espacios homogéneos y en donde sólo se oriente de una misma forma, es subsistir en lugares irreales porque la vida misma, porque el país mismo, porque nuestra propia historia no es igual a ninguna otra y vivirla es entenderla, para no repetirla y aún así poderla discutir.
Cambien de opinión cuando los argumentos del otro sean mejores. Eso no es debilidad. La verdadera pobreza del debate comienza cuando dejamos de atacar argumentos y comenzamos a atacar a las personas.
Si eso no se elimina, estarán construyendo un “loop” interminable.
Cada generación llegará prometiendo ser diferente y terminará utilizando las mismas prácticas que criticó de la anterior.
Por eso la participación actual de la juventud, necesita algo más que entusiasmo. Necesita formación.
Cada espacio puede convertirse en una escuela.
Existen diversas asociaciones estudiantiles, voluntariados, organizaciones en donde el encuentro de la juventud es su eje de movimiento, y es en donde encontrarán las primeras discusiones, que en esencia serán un reflejo de los de la misma sociedad.
Observen, pregunten. lean, equivóquense, aprendan y construyan acuerdos, cómo se defienden principios y cuándo realmente es hacerlo o es aparentar hacerlo.
Habrá momentos incómodos, pero eso lleva implícito el realmente participar.
Hoy les corresponde romper esquemas, rescatando lo bueno y fundando lo mejor.
En todo este proceso corresponderá hablar no solo del voto, sino motivar el empadronamiento.
Las elecciones de 2027 pueden ser una oportunidad de aprendizaje extraordinaria. Examinen propuestas, cuestionen candidatos, comparen trayectorias, exijan respuestas y aprendan a distinguir entre una consigna atractiva y una propuesta realizable.
Y si después de buscar sienten que las opciones no representan aquello que esperan para Guatemala, no permitan que esa frustración los convierta en espectadores permanentes.
Prepárense para ser ustedes mismos los actores, los nuevos líderes, la opción.
Para muchos y por su edad quizá esto no sea mañana ni tampoco dentro de 4 años, pero recuerden que la política responsable exige preparación, experiencia principalmente aquella que se funda bajo el criterio y el carácter.
Precisamente por eso hay que comenzar ahora.
Guatemala necesita jóvenes capaces de entrar a la vida pública, sin dejar sus sus opiniones en la puerta.
Expongan sus opiniones sin miedo al qué dirán, basadas única y exclusivamente en el respeto al oponente o quien les lee o escucha.
En conclusión hoy les necesitamos, a ustedes, jóvenes que comprendan que tener principios no significa cerrarse al diálogo y que escuchar una idea diferente no obliga a renunciar a las propias convicciones.
Mi generación y las anteriores tendrán que reconocer sus aciertos, pero también sus errores. Ustedes tienen una oportunidad distinta: aprender de ambos.
Tomen cada espacio disponible. Superen las barreras institucionales y también las emocionales. Empadrónense,infórmense, participen, debatan y sobre todo fórmense.
Y cuando llegue el momento de recibir la estafeta, recíbanla con la mano que mejor les siente y entréguenla de la misma forma. Pero háganlo con firmeza y convicción.
No se limiten a correr la misma carrera que sus antecesores. Atrévansе a cambiar la ruta.
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