El Toro Amarillo, de Juan José Aycinena, (Editorial José de Pineda Ibarra; Colección 20 de octubre, Vol. 54, Guatemala 1982) fue impreso en Nueva Orleáns en 1832 la primera vez, y fue así intitulado por cuestionar la estructura política de la federación centroamericana de forma severa. Lo escribió en el exilio en esa ciudad debido a la expulsión de los religiosos y de todas las familias del clan Aycinena por parte de Francisco Morazán y Francisco Barrundia en 1829, cuando el primero invadió Guatemala y los desterró de Centroamérica por una década. El partido conservador dejó de existir de hecho a lo largo del istmo durante una década y los liberales gobernaron Centroamérica libremente, pero en pugnas constantes sea entre la federación y los estados, y de la ciudades entre sí, en un caos donde la economía se desplomó.
El libro circuló en secreto en el istmo. En sus hojas expuso que los estados centroamericanos no se habían creado aún cuando la Constitución de 1824 creó la República Federal de Centroamérica al concluir la anexión a México en 1823, cuando se llamaron a las provincias a los delegados conforme la normativa española para integrar la asamblea, la cual sancionó la independencia y la Constitución que expresó que estaba conformada por cinco estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Aycinena critica que en ese momento dichos estados aún no habían sido creados y que los delegados enviados por las provincias a la capital para conformar una constituyente no tenían instrucciones para crear una república federal y carecían de instrucciones para aprobar la Constitución como se hizo en 1824.
Expresaba Aycinena que debía haberse hecho primero un pacto de los estados, para lo cual debían haberse ya constituido, como hicieron las colonias de Estados Unidos, que ya tenían una estructura y soberanía propias antes de federarse:: primero hicieron un pacto entre ellas y declararon su propósito de unirse (1768) y luego aprobaron las 13 colonias la Constitución con los estados ya creados. De esa cuenta, indicaba el clérigo Aycinena, debían los estados centroamericanos con soberanía crear sus propios estados como hicieron sus pares del norte. En ese sentido, los estados centroamericanos, ya maduros, podrían unirse y crear debidamente la federación centroamericana. El “Toro amarillo” generó el debate pues la federación ya en 1835 al frente de Morazán estaba agonizando. En 1835 salió electo presidente federal José Cecilio de Valle y no pudo asumir porque murió en su finca. Y Morazán, sin haber sido electo, continuó como presidente de la federación de manera ilegal. Había dispuesto que San Salvador fuera la capital federal para así amenazar a los ricos con las armas de su ejército a dar cuota para su gobierno, ya que solo Guatemala de Mariano Gálvez lo financiaba.
A mi modo de ver Aycinena solo menciona un problema de nacimiento de la república federal pero omite considerar que el primer yerro ocurrió cuando él y su hermano Mariano Aycinena fueron condenados por la historia por ser los culpables por haber presionado a las autoridades españolas del Reino de Guatemala para acordar la independencia en 1821 y luego a tres meses la anexión al imperio mexicano que fue un fiasco. Los dos hermanos querían la independencia para seguir disfrutando del monopolio comercial a través del Consulado de Comercio en Centroamérica, y mantener los altos puestos de la burocracia que ocupaban sus familiares. Ciertamente fue el grave pecado de los Aycinena. Pero el otro vino después con otro culpable, el liberal Francisco Barrios, que redactó la constitución federal que de un plumazo indicó que la república la integraban cinco estados sin que estos aún existieran. Estipuló que la misma contaría con muchos magistrados, diputados, senadores y funcionarios para cada Estado y, por aparte, los de la federación, en un momento no había un peso en el erario público y que luego se endeudarán con un banco inglés -la deuda inglesa- para pagar salarios, amén que los estados centroamericanos no habían sido constituidos previamente.
Antes, según Juan José Aycinena dijo en su folleto, debían debieron haberse dado cada estado su propia constitución. En la práctica, algo que no menciona Juan José Aycinena en su texto, es que su clan fue culpable también por haber violentado el resultado de las elecciones cuando la Asamblea designó a José Cecilio del Valle presidente federal. Pero como era persona non grata para los Aycinena, junto con su primo Francisco Pavón, hicieron fraude entre los diputados salvadoreños, sus rivales, y designaron a Manuel José Arce como presidente de la federación de manera ilegal, en connivencia con los delegados salvadoreños.
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