Autoritarismo legislativo

Renzo Rosal

mayo 9, 2025 - Actualizado mayo 9, 2025
Renzo Rosal

El Congreso de la República es una de las dos arenas que sirven en la actualidad para la consolidación del régimen antidemocrático. Estamos ante el repunte de un fenómeno que se denomina “autoritarismo legislativo”. Este se caracteriza porque el cuerpo legislativo tiene mucho poder y pocos límites. Los dos factores, “concentración de poderes” y “restricción de control” se refuerzan mutuamente y socavan el sistema de controles y equilibrios, propios del régimen democrático. En el primero, la legislatura aumenta su propio poder, mientras que en el segundo busca reducir el de otros poderes.

En el caso de la “concentración de poder”, el Congreso como organismo y sus principales actores, los diputados, se extralimitan en sus funciones. Se abrogan roles que no les corresponden, o las utilizan como sombrilla para ir por más. El Congreso amplía sus funciones, valiéndose de las competencias que la Constitución le asigna para superponerse o competir con las funciones de otras instituciones. El poder legislativo concentra poderes y autoridades en sí mismo. Utilizan para ellos, tanto medios formales como informales; ambos para acumular más poder. El poder legislativo primero toma el poder y luego busca formalizar sus acciones mediante la serie de mecanismos de los que dispone.

En el momento actual, una expresión de los diputados, jugando con la bandera de oposición, se han convertido en saboteadores, Impulsan acciones que contravienen marcos legales (como defenestrar la Junta Directiva, cambiar la presidencia de comisiones de trabajo, imponer una agenda diferente a la consensuada previamente, o incluso, provocando agresiones para crear un escenario de ingobernabilidad). Y todo ello, para alinear las condiciones para objetivos mayores, como la incidencia en los procesos del 2026. Persiguen, también, reducir las capacidades del Ejecutivo; así como cuestionar y minar el accionar de los diputados oficialistas y los otros que no se alinean a sus intereses. La coalición opositora pretende incrementar el asedio.

Buena parte de los actores del Legislativo buscan, en forma permanente, concentrar y manipular el poder. Lo hacen desde estrategias informales, como la intromisión legislativa; a través de la cual impulsan e interpretan las leyes según las agendas de intereses que los actores de más peso imponen, o bien, invaden las funciones y poderes de otras instituciones. Utilizan, como estrategia formal, la ampliación legislativa. En la coyuntura, la oposición persigue el objetivo de hacerse ver como el poder que “parte el pastel” y que, por tanto, los otros dos, están bajo su dominio/subordinación.

La “restricción de control” implica que el poder legislativo se protege o incluso, impide el control, al limitar la supervisión que otros poderes pueden ejercer. El carácter autoritario se refleja en aumentar los poderes propios de la legislatura. El Congreso busca imponerse a los otros poderes del Estado, para menoscabarlos y reducir su margen de poder. El objetivo es restringir cualquier control que se atreva a disputar el nivel de poder superior. Diluir la supervisión, reducir su alcance y las sanciones que puede acarrear o neutralizar instituciones son medidas que están “en el juego” de un Congreso ambicioso que busca erosionar los controles y equilibrios.

Una estrategia informal predilecta es la cooptación legislativa. Incluye tomar el control de instituciones aprovechando la competencia formal de designar a los titulares de instituciones estratégicas. Pretenden cumplir varios objetivos al mismo tiempo. Subordinación, consolidación de las redes clientelares, impedir el ejercicio de las autonomías que fueron diseñadas para tener. Su intención mayor es lograr la mayor supeditación de las estructuras del Estado, para que se conviertan en entes subordinados, supeditados a los que el Congreso y sus principales actores, los legisladores, quieran hacer con ellas; quienes, de paso, se blindan para no ser sujetos de los controles, incluyendo la aplicación de la normativa electoral.

El Congreso centra su actuación en asegurar y garantizar la preservación del régimen autoritario, así como en promover su amplificación y reproducción, antes que en promover el cumplimiento de sus funciones para fortalecer el principio de la representación política. Las acciones de las últimas semanas son solo algunas de las expresiones de un espacio de poder, creado para fortalecer la democracia; pero que ahora, totalmente desvirtuado, es el principal laboratorio de donde emanan una serie de mecanismos que, peligrosamente, están siendo utilizados para consolidar el avance autoritario.

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