Están equivocados los “expertos internacionales” de TikTok que de manera permanente hace sesudos análisis sin fundamentar las acciones de Trump. Es más realista estimar que pesa más en él salvar su propio pellejo por la crisis de su administración en el plano doméstico por el rechazo que ha generado entre sus ciudadanos su política económica con más inflación, al tiempo que es seguro que la Corte Suprema va a declarar ilegales los aranceles arbitrarios que ha impuesto a muchos países, mientras él aún bloquea la difusión pública de todos los expedientes de Epstein y su fiscal general se hace la sueca y solo publica fotos poco comprometedoras del presidente.
Lo anterior ha creado una oposición a Trump entre su base popular de MAGA porque no ha cumplido con su promesa de publicar todos esos expedientes, mientras el Congreso presiona porque se publiquen con su contexto para entender a los culpables de estupro y violación de delitos con menores. E incluso que se investigue el asesinato posible de Epstein. Además, está el caso de los múltiples asaltos a ciudadanos por las fuerzas de ICE que ahora todo estadounidense se siente inseguro y en riesgo por esos matones salvajes que no solo vejan a migrantes sino maltratan a blancos y han dado muerte a la escritora Good. Lo cierto es que para escapar de esa realidad, las acciones internacionales de Trump carecen de racionalidad, son díscolas e imprudentes, que pueden llevar a guerras innecesarias, con tal de protegerse y no ser juzgado.
Por eso sus decisiones en el plano internacional carecen de estrategia y de planes y no tienen el menor respeto por el Derecho Internacional. Está dando patadas de ahogado a la diplomacia seria, y ello ciertamente daña la estabilidad del mundo y de Estados Unidos mismo. Su inquilino así gana tiempo y simpatía entre sus republicanos duros que quieren que su país muestre su poder en el mundo, ahora que declina, como sucedió al lanzar super bombas sobre las instalaciones nucleares de Irán o bien con las utilizadas en Venezuela previas a la captura nocturna de Nicolás Maduro (cuya esposa quiso acompañarlo en forma solidaria), acciones espectaculares sin duda alguna.
La verdad es que el interés por Venezuela no es estratégico para Estados Unidos, que lo produce y es autosuficiente, como lo dijo el Secretario Rubio, aunque es una tentación para varios inversionistas que lo apoyaron financieramente en su última campaña electoral, y que le han echado el ojo a su petróleo, pese a que su demanda mundial podría disminuir significativamente para 2033. Es más, las energías limpias están reduciendo la demanda de petróleo. Y la OPEP ha implementado recortes de producción para controlar los precios, y se espera que continúen o ajusten estas políticas.
Cierto es que en el largo plazo se van a agotar las reservas. La reincorporación del petróleo venezolano, aunque lenta, podría añadir oferta al mercado, influyendo en las decisiones de la OPEP y los precios. Los expertos consideran que la tendencia a mediano plazo apunta a una disminución en la producción petrolera.
Entretanto, Trump ha sentado un precedente potencialmente devastador, según algunos críticos y expertos. Pekín y Moscú podrían decidir actuar de forma similar contra líderes regionales que consideran amenazas, especialmente en Ucrania y Taiwán, sin preocuparse por la legitimidad de tales acciones.
Lo cierto es que Trump pudo negociar con Caracas como lo hace ahora con la dirigencia chavista que se mantiene en el poder, sin haber realizado el show naval de la captura aérea de Maduro. (Estoy seguro que será liberado en menos de un año, luego de llegar a un acuerdo entre los generales venezolanos y Trump, pues estos son coyotes de la misma loma). Empero, como él quería, le ha ganado simpatía entre sus financistas y parte de los republicanos. Pero él lo que busca es distraer la atención por las razones dadas al inicio de este artículo. Y actúa sin estrategia como sucede con el asunto de Groenlandia. De hecho, su largo territorio congelado ha estado bajo control de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial.
Es más, estableció allí bases durante la Guerra Fría como la Base Aérea Thule (ahora Pituffik Space Base), un centro vital de vigilancia aérea y defensa antimisiles, y proyectos secretos como Camp Century, una base subterránea con un reactor nuclear que era fachada para misiles nucleares. Estas instalaciones, amparadas por un acuerdo de defensa con Dinamarca (1951) y la OTAN, han sido cruciales para la vigilancia del Ártico y la defensa del Atlántico Norte contra la Unión Soviética, incluyendo bases como Sondrestrom (Bluie West-8) y otras abandonadas, que ahora fácilmente, si así lo desea la Casa Blanca, podrían reabrir, sin necesidad de ocupar o intervenir ese gran territorio blanco.
La Base Espacial Pituffik (Thule) es la instalación más importante y permanente, opera radares de alerta temprana para defensa antimisiles y vigilancia espacial, un pilar estratégico en el Ártico. Camp Century: Una base secreta bajo el hielo, una «ciudad bajo el hielo» con túneles, que funcionaba con un reactor nuclear portátil y ocultaba misiles nucleares, funcionando como un puesto de avanzada científico y militar. Base Aérea Sondrestrom (Bluie West-8): Una base aérea estratégica en el centro de Groenlandia, cerrada en 1992 y ahora es un aeropuerto civil, fundamental para el reabastecimiento y control aéreo. Hay bases estadounidenses como Bluie East Two que ahora representan un problema ambiental debido a la contaminación, como combustible y residuos.
O sea, que Groenlandia tiene medio siglo o más de estar intervenida por Estados Unidos con el acuerdo de Dinamarca. La primera ministra de este país no entiende por qué ahora quiere que ese territorio sea parte de Estados Unidos, si siempre lo ha utilizado para fines militares. Y nada costaría ofrecerle sus tierras raras sin ninguna ocupación política ni acción militar y menos ofrecerle un precio por su compra. Este país estaría gustoso de colaborar con Estados Unidos para mantener su buena relación que, ahora, Trump parece querer mandar a la basura, porque él prefiere el show de conquistador, que ir de nuevo a los tribunales o sufrir el impeachment del Congreso por sus múltiples delitos.
Como dice un dicho oriental: hay políticos que prefieren quemar su país y hacerlo cenizas con tal de mantenerse en el poder.
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