Manipulación y recursos propagandísticos

Renzo Rosal

agosto 15, 2025 - Actualizado agosto 14, 2025
Renzo Rosal

Cuando los inútiles ocupan espacios de poder, suelen utilizar las herramientas más rudimentarias, porque además de desconocer la existencia y el sentido de otras más sofisticadas y propias de las prácticas democráticas, las simples y rupestres les son más propias y están más asociadas a sus intereses repletos de perversidades.

Lo anterior se ha puesto a prueba con la iniciativa de declarar el día nacional de la Biblia, para, supuestamente, congraciarse con los ciudadanos cristianos. El propósito es simple: si quedo bien con “ellos”, me pueden ver como cercano o incluso aliado. Pero hilemos más a fondo. Los portadores de la agenda de la continuidad están en su escenario donde los vientos comienzan a soplar en contra. Los factores que años atrás los hicieron ver como un bloque (pacto para algunos) han variado. Por un lado, las pugnas entre las mafias no se han hecho esperar. En la lucha por los desmanes no caben todos. Además, los respaldos, antes fuertes, ahora son venidos a menos porque las promesas (por ejemplo, la idea de descarrilar el resultado electoral de 2023) no han podido cumplirse.

A las mafias no les quedo otra que enarbolar las banderas abarcadoras, esto es, narrativas o iniciativas que atraigan a las “masas” que compran cualquier mercancía con supuesta facilidad. Para ello se aprovechan de recursos propagandísticos para persuadir a sectores movilizadores. Como lo planteó Lasswell, los propagandistas pueden modificar a su antojo las actividades de los miembros de la sociedad en la que opera, pero debe ajustar su acción a la cultura política (normas, valores compartidos, apriorismos, mitos) de la sociedad. En este caso, se pretende aprovechar la orientación cristiana/conservadora de un buen número de guatemaltecos.

Similar pretensión ha buscado, en ideas previos, los organizadores de un evento que nucleó a una representación de libertarios, quienes ahora impulsan la visión reduccionista de los derechos vrs. los servicios, entre otras “ideas”. Ambas expresiones buscan lo mismo: instalar narrativas cargadas de falsedades, para cautivar a sectores incautos, como paso previo a objetivos netamente políticos. Queda por verse si lograrán los objetivos que están tras las tramas, una más primitiva que la otra.

Lasswell y otros teóricos de la opinión pública refieren que, “el éxito de la propaganda dependerá de la instrumentalización de los prejuicios presentes y del incremento del malestar de la población canalizada hacia un enemigo común”. Agregan, “el propagandista debe utilizar las fuerzas sociales preexistentes para conseguir sus objetivos”. Se alude, en tal sentido, al uso recurrente de instrumentos, la mayoría repletos de mentiras, pero que para ellos requieren el procesamiento del público, orientado, tanto a la desorientación por diseño, como al sobreuso de los prejuicios y otros factores ya instalados en la sociedad. Por ello, se recurre de manera periódica a los supuestos “valores conservadores de la familia”, la existencia de la agenda “globalista”, entre otros apartados de un menú con el cual, en esencia, sus impulsores pretenden instalar una agenda de aceptación obligada y prometer la defensa de esos “intereses compartidos” a través de unos “defensores de libertades”; que, a su vez, tienen la tarea de anular las ideas “inconvenientes” que circulen en la sociedad.

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