El rechazo patológico hacia el migrante

Sylvia Castellanos-Flynn

abril 16, 2025 - Actualizado abril 16, 2025
Sylvia Castellanos-Flynn

El exacerbado rechazo a la migración a los países ricos constituye uno de los rasgos que define a lo que el autor argentino Juan Gabriel Tokatlian identifica como la “Internacional Reaccionaria”.  Esta corriente aglutina a los más diversos sectores de una derecha radicalizada que se opone a las tendencias emancipatorias que han ganado fuerza en las sociedades liberales contemporáneas. Según esta ideología, los migrantes son invasores que no solo atentan contra el modo de vida de los países ricos, sino que también representan una “crisis de seguridad” que solo puede resolverse con medidas drásticas. Estas creencias fomentan la criminalización de la migración en un contexto global en el que el derecho penal se constituye en el instrumento adecuado para negar los derechos fundamentales de los que se perciben como “enemigos”.

Ahora bien, el esfuerzo por desmantelar las distorsiones de la derecha descrita por Tokatlian requiere identificar las dinámicas sociales que las generan. Desterrar los prejuicios que articulan el odio patológico hacia el migrante requiere identificar las dinámicas sociales que llevan a tales concepciones. Afortunadamente, el filósofo alemán Axel Honneth ofrece herramientas conceptuales que permiten pensar la problemática de la migración en un mundo que cada vez se cierra más hacia “el extraño”.

La noción de reconocimiento, tal y como lo plantea Honneth, permite articular las experiencias extremas de rechazo y desconocimiento que se viven en sociedades como la norteamericana, especialmente cuando esta olvida de manera súbita la relevancia de la migración en su propia historia. El enfoque de Honneth muestra que el rechazo hacia el migrante involucra de diversas maneras a los miembros de dicha sociedad. Este abordaje, al poner de relieve el rol que juegan las interacciones sociales en las actitudes de rechazo hacia los grupos vulnerables, lleva a que cada ciudadano se pregunte por su responsabilidad política por el patológico rechazo hacia las y los migrantes.

Esta falta de reconocimiento, como lo plantea Honneth, nos sitúa en el ámbito de relaciones sociales que desdicen del reconocimiento de la dignidad de las personas. Desde hace tiempo, la sociedad norteamericana, se ha acostumbrado a convivir con la extrema precariedad del migrante que, en muchas ocasiones, se ve obligado a buscar su vida diaria (un día a la vez) en las esquinas de las grandes urbes norteamericanas. Estas sociedades se niegan a reconocer la tragedia de las y los inmigrantes quienes se encuentran en una angustiosa bifurcación vital debido a que huyen de un sistema que les niega el reconocimiento de su humanidad para experimentar el rechazo de otra sociedad que actúa con crueldad ante tal desamparo. No hay mayor desdicha que no tener un espacio protegido en el que se pueda vivir con la protección fundamental de los derechos básicos.

Abordar la falta de reconocimiento de los migrantes por parte de las sociedades actuales es una tarea que los movimientos sociales deben realizar para avanzar sus agendas de derechos humanos. Es necesario informar y concientizar a la sociedad acerca del rechazo hacia de la situación de aquel que carece de un espacio para vivir. Se debe insistir en que los problemas económicos y políticos globales actuales no son ocasionados por la migración, sino que son expresión de un sistema económico y político en decadencia, que en realidad ha servido para pocos, haciendo a los ricos más ricos y poderos, y a una gran mayoría les ha dejado bajo el lumbral de la más abyecta miseria. Los migrantes no pueden seguir siendo usados como chivos expiatorios, ellas y ellos son víctimas del sistema global que beneficia a las sociedades ricas. Esta es precisamente una de las dinámicas de la Internacional Reaccionaria: hacer creer que los oprimidos son la causa de los procesos de precarización de las diversas sociedades.

En columnas anteriores he insistido en la necesidad de que los Estados Unidos reconozca que es un país de migrantes. Este reconocimiento debe hacer claro que existe una obligación moral de sus habitantes (y sus instituciones) de cuestionar su comportamiento hacia como están siendo tratados los inmigrantes en su país. Para esto es necesario reflexionar el modo en que rechazan, colaboran o no hacen nada ante esta cruel política antinmigrante.

La actual situación de los inmigrantes bajo el gobierno de Donald Trump representa un rechazo irracional: se quiere ocultar la culpa de la sociedad norteamericana que se niega a reconocer su propia historia. Los estadounidenses deben luchar por convertirse en una sociedad honesta, es decir, una colectividad que no humilla a los más vulnerables de sus miembros. La sociedad estadounidense debe retornar a sus momentos más humanos. Basta reconocer las largas luchas que, en los 50 y 60, hicieron que se reconociera la dignidad de los más vulnerables.

* Sylvia Castellanos-Flynn es Internacionalista de San Francisco State University

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