El derecho de la crítica

julio 16, 2026 - Actualizado julio 15, 2026
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Dice la Constitución Política de la República que todos los ciudadanos tenemos el derecho de emitir nuestras opiniones. Por supuesto que debemos hacerlo con responsabilidad. Qué significa eso; pues que podemos criticar sin ofender ni agredir la dignidad de las personas, además de presentar argumentos válidos y verdaderos, no invenciones malsanas.

La Carta Magna también dice que los funcionarios de gobierno deben recibir las críticas sin derecho a reclamo. Por supuesto, siempre que las críticas sean dirigidas a actividades que están directamente relacionadas con el ejercicio de sus cargos.

Hago estas aclaraciones previas para que me entiendan mejor todos aquellos que defienden, con todo, a los funcionarios de gobierno. Y debo admitir que están en todo su derecho, pero eso no les da autoridad alguna para intentar detener los pensamientos de otros que consideran que el funcionariado no está actuando adecuadamente. Por qué, pues porque los funcionarios públicos reciben un salario que sale del erario y este se alimenta con los impuestos que pagamos TODOS.

Pero, aun cuando tienen derecho a expresar su desacuerdo con los que somos criticones, su derecho se limita a decir que no están de acuerdo con nosotros y argumentar por qué. No deben limitarse a decir que no comparten las ideas, porque eso no resulta profesional.

A qué viene todo esto. Simplemente a que hace unos días publiqué en mi Facebook una crítica a una publicación en la que se muestra al presidente Bernardo Arévalo comiendo chicharrones y bailando la melodía Chicharrón con pelos, con un influencer estadounidense.

Hubo algunas críticas a mi publicación y las acepto. No porque crea que tienen razón sino porque tienen derecho a hacerlo. Una, por ejemplo, decía que el gobierno tiene derecho a promocionar la imagen del país para incrementar el turismo. Otra decía que los criticones no tenemos límites: “si el gobierno hace, mal, y si no hace, mal”.

Pues déjenme decirles que no se trata de eso. La crítica no iba en contra de esos principios. La crítica estaba y sigue enfocada en que el presidente de una nación tiene asuntos más importantes que hacer que salir comiendo en la calle y bailando música popular con un influencer, sea quien sea este.

Me pregunto si acaso el impacto de la comunicación gubernamental para mejorar la imagen presidencial no hubiese mejorado si en lugar de las escenas con el influencer, hubiese salido con botas de hule y capa de nylon grueso conociendo presencialmente las comunidades inundadas por las lluvias en Las Verapaces, por ejemplo. Mejor, claro, si las escenas incluyen la entrega de ayuda a los damnificados.

No creen que esas imágenes presentarían a un presidente más humano, más empático con los problemas del país que dirige. Yo, al menos, no vería mal que hubiesen mostrado esas escenas, porque me parece que vería a un presidente responsable, humano y empático. Por qué habría de criticar esas acciones. Más bien lo aplaudiría.

Pero mientras unos ciudadanos lloran y sufren por las inclemencias del tiempo, él sale riendo, disfrutando y comiendo con un invitado en el que se gastó, dicen, UN CUARTO DE MILLÓN DE QUETZALES, para venir a promocionar la gastronomía local, pues eso de verdad que me indigna.

Un amigo también me preguntaba si acaso yo no había sido un funcionario de este gobierno. Y tiene razón, lo fui, pero eso no me quita el derecho a criticar lo que me parece incorrecto. Al final es mi derecho ciudadano y más aún cuando en ningún momento le falto el respeto al presidente o a algún otro funcionario. Como diría Bullwinkle, el alce de las caricaturas de mis tiempos, critico lo que veo. Y más aún si me parece que lo que veo está mal.

Otros se pusieron a hablar de ideologías. Alguien, por ejemplo, dijo que “las izquierdas son solo bla, bla, bla”. Alguien más dijo que las izquierdas “son solo destrucción”. Pues quiero manifestarles que conozco a muchos izquierdistas que suelen hacer planteamientos interesantes, profundos y lógicos, pero nadie les pone atención. Y si se trata de que todo lo destruyen, primero tenemos que ver lo que han hecho los derechistas, porque nuestros gobernantes, TODOS, solo han sido de derecha. Quien diga que ha habido gobierno de izquierda en Guatemala seguro no sabe de corrientes de pensamiento y sus características. Ni Juan José Arévalo, ni Jacobo Árbenz fueron gobernantes de izquierda. En realidad, se trató de proyectos de corte capitalista de vanguardia que, para su tiempo, no parecía encajar con la derecha.

El gobierno de Taiwán les quitó las tierras a los terratenientes y se las entregó a los campesinos organizados y no por ello alguien puede decir que el gobierno de turno en ese entonces era, en Taiwán, un gobierno de izquierda. En realidad, fue el principio que encontraron para promover el desarrollo industrial, pues a quienes les quitaron las tierras les dieron las facilidades para instalar fábricas. Esta explicación debiera ser más desarrollada para entenderla mejor, y quizás lo haga un día próximo, pero de momento es una forma de contar por qué no debemos ver micos aparejados donde no los hay. Sólo la miopía del extremismo de derecha puede ver en cualquier movimiento, uno de izquierda. Claro, el espectro político es tan amplio que, para los extremistas, cualquier otro pensamiento que se ubique a un centímetro del de ellos, ya es calificado como del otro extremo.

Démonos el chance de crecer TODOS. Empecemos por respetarnos. Respetemos nuestras ideas y las de los otros. Y cuando no nos parezca una opinión, digámoslo, pero argumentemos por qué, con profundidad y no simplemente porque alguien me cae mal o porque es contrario a lo que yo pienso.

Así que, digan lo que digan otros, a mí no me pareció que el presidente Arévalo saliera comiendo chicharrones y bailando la canción relacionada con el tema, mientras hay tanto problema que resolver y de eso poco o nada sale diciendo. Algún día se lo dije personalmente al presidente: “las acciones dicen más que las palabras y eso va a depender de usted y de los funcionarios que usted nombre en los ministerios”. Y por si no lo recuerda, se lo dije antes de que tomara posesión en una oficina de las torres de Europlaza.

He aplaudido las buenas acciones de este gobierno, como remozar más de 25 mil escuelas en lo que lleva de gestión (más o menos 2.5 años), mientras que el gobierno de Alejandro Giamanttei, en cuatro años, sólo remozó 4 escuelas. Este gobierno ha remozado varias decenas de centros de salud, mientras el gobierno anterior apenas lo hizo en menos de 10. Comprando medicamentos a través de UNOPS consiguió ahorrar Q89 millones, aún pagándole su comisión a UNOPS. Y así podría decir otros cuantos logros más. Y lo he reconocido en mis redes sociales.

Pero no puedo dejar de criticar lo que considero malas acciones, como haber tomado el ejemplo de una integrante de semilla para promocionar la entrega de becas, cuando debe tener muchos más ejemplos, pero no dice nada. O haberse conformado con promover la entrega de una casa a una familia, cuando estoy seguro de que ha entregado varias.

Esos son errores en la comunicación. Y no simples errores. Así que seguiré aplaudiendo lo bueno y criticando lo que me parezca malo.

Igualmente, a todos los que me critican, GRACIAS POR LEERME.

Periodista y Profesor Universitario

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