La guerra sin fin en Medio Oriente y Ucrania

Fernando González Davison

agosto 27, 2026 - Actualizado agosto 26, 2026
Fernando González Davison

La teoría del Gran Tablero de Ajedrez de Z. Brzezinski sostiene que, para mantener su posición como potencia hegemónica mundial, Estados Unidos necesita controlar y gestionar Eurasia. La política exterior estadounidense en Eurasia sigue desde los años noventa la teoría del Gran Tablero de Ajedrez del estratega citado, de erosionar a Rusia y a sus aliados.

La Casa Blanca enfrenta la estrategia china hacia Eurasia a través del prisma de la teoría del Heartland del británico Halford Mackinder y su Teoría del Corazón de la Tierra. Mediante el análisis de iniciativas como la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái y el impulso energético en Asia Central, China está asumiendo el liderazgo en el corazón de esa vasta región para emerger como la potencia terrestre del siglo XXI. Detenerla es lo que ha estado haciendo Estados Unidos desde el colapso de la URSS: debilitar a los socios de China en esa región para impedir que controle el mundo euroasiático, en especial el Heartland. Con eso en mente se puede entender las guerra sin fin en Ucrania y Medio Oriente, como se verá a continuación.

Para Estados Unidos la guerra contra Irán no ha sido un buen negocio en términos de Estado: los altos costes militares, la enorme deuda pública y la desestabilización económica global superan con creces los beneficios macroeconómicos. Sin embargo, el conflicto sí ha generado ganancias extraordinarias para sectores privados específicos, como las corporaciones armamentísticas y las empresas de logística que se benefician de la escasez y la incertidumbre en los mercados internacionales.  

En los primeros seis meses de la confrontación militar directa iniciada el 28 de febrero de 2026, el coste militar de las operaciones de Estados Unidos en Irán alcanzó los 37,500 millones de dólares, sumándose a una deuda pública estadounidense que ya bate récords históricos superando los 40 billones de dólares.  Analistas de Goldman Sachs proyectaron un impacto negativo que reduce el crecimiento del PIB de Estados Unidos en unos 0.5 puntos porcentuales debido al conflicto. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajaron drásticamente las previsiones de crecimiento mundial. La inestabilidad creada en los mercados de energía —tras el cierre temporal y la posterior reapertura condicionada del estrecho de Ormuz— afectó negativamente los presupuestos estatales globales.

Un informe de la BBC identificó sectores corporativos específicos que obtienen ganancias multimillonarias de este escenario bélico: Las empresas contratistas del Pentágono que suministran municiones, drones, aeronaves avanzadas y sistemas de defensa antimisiles aumentaron drásticamente su valor de mercado. Al dispararse los riesgos geopolíticos y los costes de los combustibles básicos, ciertas multinacionales petroleras y gasísticas no vinculadas directamente a la región obtuvieron márgenes de beneficio extraordinarios debido al incremento global de precios. 

Entre ellos, el círculo petrolero de Trum, que maneja la guerra como un negocio familiar y de sus amigos. La volatilidad en las rutas marítimas tradicionales obligó a reconfigurar las cadenas de suministro mundiales, elevando las tarifas de fletes para el transporte internacional de mercancías.

Debido a que el choque militar directo no logró doblegar por completo la resistencia de Teherán, Trump modificó su enfoque hacia la presión económica agresiva. Esto incluye la activación de la llamada «Operación Furia Económica», un agresivo paquete de sanciones secundarias y aranceles del 25% a cualquier país que comercie con Irán, trasladando el principal campo de batalla del terreno militar al financiero.

En Ucrania, Rusia mantiene bombardeos masivos con misiles balísticos y drones contra ciudades como Kiev, Járkov y Leópolis. Las líneas de combate terrestre en el este (como en Donetsk) muestran pocos cambios territoriales, con avances mínimos rusos y un alto costo en bajas. Ucrania ha intensificado sus ataques con drones de largo alcance contra refinerías de petróleo, centros logísticos y almacenes dentro del territorio ruso, generando problemas de abastecimiento de combustible. 

El malestar por la guerra es generalizado entre la población rusa y ucraniana debido a los efectos entre la población civil. Los magnates rusos le han pedido a Putin reiteradamente que negocie el fin de la guerra. Por su parte, este cree que la victoria es suya, como al revés lo ha dicho el Primer Ministro británico en su estadía en Kiev para conmemorar 35 años de la independencia de Ucrania.

Mientras tanto, Israel en estos días bombardeó una base militar de Turquía en Siria (casi en su frontera), aunque, para congraciarse con Trump, ha detenido sus ataques a Líbano, pero han continuado las muertes de palestinos en Gaza. Ankara ya ha protestado y teme una invasión israelí como parte de su proyecto de abarcar Medio Oriente.

Perspectiva: las dos guerras no están separadas per se.  Forman parte de un reacomodo de occidente para debilitar a Rusia y a sus asociados, en tanto que el proyecto del Gran Israel es parte del mismo, al cual se interpone Irán. Eso se interpreta como  que es socio de Moscú y de China por extensión por occidente. 

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