Ante el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, donde pasa un veinte por ciento del petróleo del mundo, la alarma ha sonado en lo económico-político luego del ataque de Netanyahu y Trump a dicho país y el precio del petróleo subió diez por ciento. Según el New York Times: “Además de las preocupaciones morales y legales, puede haber consecuencias imprevistas. ¿Cómo responderá el enemigo? ¿Y si el sucesor es peor? ¿Qué precedente se establece?”. Este fin de semana, Israel y Estados Unidos se arriesgaron. Su campaña militar mató al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, junto con varios otros altos líderes del país. El presidente Trump declaró que los bombardeos continuarían esta semana hasta que haya ´paz en todo Oriente Medio´. O sea, que la guerra será larga.
Además del drama bélico de la muerte violenta del mandatario, visto desde el plano religioso, que es el que mueve multitudes, se ha asesinado al gobernante autocrático Alí Jamenei que a la vez es un dirigente religioso de millones de musulmanes en un ataque aéreo masivo de treinta bombas rompe manzanas en un edificio vecino de su residencia en Teherán. Es como si se tratara de la muerte del pope ortodoxo Patriarca de Moscú y toda Rusia, o la de un obispo importante cristiano, pues era el líder de las comunidades musulmanas chiitas.
En todos los países donde tienen presencia estas comunidades las reacciones contra de Israel y Estados Unidos han crecido. Irán declaró 40 días de luto oficial. En la principal mezquita de Jamkaran se izó la bandera roja, que en la tradición chiita simboliza el llamado a la venganza por una muerte de un mártir. Hay indignación entre los chiitas de Pakistán y Cachemira, India, donde se han registrado oraciones masivas y protestas en rechazo a la operación militar.
El Ayatollah Jomeini, quien falleció por causas naturales de 1989 y tuvo expresiones de duelo colectivo en la historia moderna: 10 millones de personas asistieron a su funeral en Teherán. Su muerte no desestabilizó el país, sino que permitió la transición hacia el liderazgo de Alí Jamenei, consolidando la estructura del régimen ultra religioso. La muerte de este líder de la comunidad chiita, vista como un mártir, es diferente a la muerte de Jomeini cuya muerte fue la de un «padre espiritual».
El mártir y líder de los chiitas murió en un acto de guerra, lo que escala la tensión militar en Oriente Medio. Los musulmanes chiitas representan entre el 10% y el 13% de la población musulmana mundial. Aunque están presentes en casi todo el mundo, su concentración principal se encuentra en Irán, centro del mundo chiita, con aproximadamente el 90-95% de su población adscrita a esta rama. Azerbaiyán: Entre el 65% y el 85% de sus musulmanes son chiitas. Irak: entre el 60% y el 70% de la población. Baréin entre el 55-65%. Tienen minorías chiitas significativas en Líbano con 45% y 55% de los musulmanes del país. Yemen, del 35-45% de la rama zaydí. Kuwait: 20% y 30% de sus ciudadanos. Pakistán e India: minoría en términos porcentuales 10-20%, con decenas de millones de fieles cada uno. Afganistán: 10% a 20% de la población. Arabia Saudita: 10 a15. Siria: Entre el 13% y el 15%, incluyendo a los alauitas. Turquía 10-20% de la población.
Las comunidades y milicias chiitas, alineadas con el «Eje de la Resistencia» de Irán, seguirán siendo actores clave ante las tensiones con Estados Unidos e Israel en el futuro. Su papel oscila entre la presión ideológica y los ataques a bases estadounidenses en la región y ataques a Israel, buscando consolidar su influencia regional a pesar de las represalias militares y de la debilidad intrínseca en la que ha quedado Irán en el plano bélico.
Las milicias respaldadas por Irán en Irak harán, quizás, ataques coordinados. Las comunidades chiitas en el Líbano, Siria e Irak se posicionarían a pesar de haber sido diezmadas hace ocho meses como Irán mismo en una ataque similar al reciente lanzado por Israel y su fiel aliado contra las instalaciones nucleares que fueron totalmente destruidas esa vez, según el mismo Trump. En consecuencia, se espera que se continúe una guerra de desgaste de las milicias chiitas en múltiples frentes, complicando la estrategia de seguridad de Estados Unidos y sus aliados en el Golfo. Sofocarlos será imposible sin una negociación y sin esta los atacantes se enfrascaron en una guerra de desgaste tipo Vietnam, no entre la selva, sino en el desierto.
Entretanto, los musulmanes con monarquías pro occidente se sienten ya afectadas y sus relaciones también en lo interno y en el plano internacional. Un chiita libanés dijo a un medio de prensa: “Cuando el ayatolá dice que un ataque a Irán se transformaría en una guerra regional, se puede tener plena convicción que así será”. ¿Cómo? Lo veremos en las próximas semanas.
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