¡La responsabilidad ciudadana no se delega, se ejerce!

Mariana Rohrmoser

enero 27, 2026 - Actualizado enero 26, 2026
Mariana Rohrmoser

Los ciudadanos honestos deben servir al país tanto desde la institucionalidad, como desde lo privado, con convicción, ética y por, sobre todo, procurando el bien común.

Ante las difíciles situaciones que vive y ha vivido el país, todos los ciudadanos honestos deben no sólo actuar, sino apoyar toda causa buena que permita elegir a personas idóneas para ocupar cargos de elección, bajo la premisa del deseo contundente de reconducir al país hacia el verdadero desarrollo y la prosperidad.

De forma reiterada se ha manifestado la importancia de todos los sucesos a llevarse a cabo en este presente año, mismos que constituyen un enorme reto y una de las responsabilidades compartidas más grandes de todos los tiempos.

Estamos enfrentando a un año preelectoral y a uno que conllevará cambios contundentes en importantes instituciones del país.

Este año es y será complejo, de variables importantes, posiblemente cuesta arriba, con tensiones y posibles dificultades. Es por ello, que una vez más, se hace eco de la importancia del ejercicio activo, tanto de los ciudadanos que se consideran comunes y corrientes, pero que en esencia no lo son, pues su fuerza conjunta es de inmensurables dimensiones.

Hoy todos juegan un rol fundamental.

Por esta razón, estas líneas pretenden concientizar a todos esos ciudadanos que definitivamente no se nutren de la corrupción y que sí desean una Guatemala próspera.

Debemos apelar a ser parte de esa ciudadanía que sí desea un país con transparencia y que lo anterior no sea sólo una frase, un slogan, una narrativa, sino una verdadera realidad.

Para ello, todos los buenos guatemaltecos estamos llamados a ejercer esa ciudadanía desde las múltiples formas que existen, siendo proactivos, colaboradores, con enfoque visionario y por sobre todas las cosas, hacerlo de forma honesta, genuina y con claridad.

Repito, no será fácil, pues muchos atacarán esas buenas intenciones, seguirán defendiendo la impunidad desde sus múltiples formas y sobre todo confundiendo a esa ciudadanía, finalmente presa de la manipulación, utilizando las redes como terreno fértil para la confrontación.

Sin embargo, muy en claro debe quedar, que nada se logrará, sólo luchando en contra, siendo importante reenfocar los esfuerzos para cohesionarlos, de forma positiva y luchar mejor a favor de las causas justas que se logran a través del trabajo en equipo.

¡Ojalá esto suceda!

En este sentido, es importante motivar la participación, la fiscalización y la auditoría social.

La vida de todos los ciudadanos debe estar comprometida, para así lograr un claro desempeño de toda una población que actúe responsable y correctamente desde sus múltiples ámbitos, como el laboral, profesional, cívico y demás, mostrando un sentido básico hacia la búsqueda del bien común y el servicio de su país.

Ojalá todos los ciudadanos guardaran en su seno este principio elemental: ¡La responsabilidad ciudadana no se delega, se ejerce!

Es así como se apela a la ética, la transparencia y la probidad; valores que deben procurarse en todo ciudadano y funcionario, para tomar con seriedad sus roles y frenar esa ola de personas con falta ética y honorabilidad. 

Hacer alusión a esto no es una moda, es una harta e imperiosa necesidad, pues la experiencia nos ha mostrado ese declive y actual inexistencia de estos valores, en detrimento del actuar ciudadano en sus múltiples roles.

Una nación, se construye bajo los principios de la ética e idoneidad, viéndose una clara decadencia de dichos principios en buena parte de la población y en quienes nos han gobernado.

Una ciudadanía activa, que se cuestiona y participativa es responsable del avance de un país, ejerciendo sus derechos cívicos con conciencia y compromiso.

Por lo anteriormente expuesto, es imprescindible subrayar que todo esto es más que un derecho, convirtiéndose en una obligación, que en esta coyuntura cobra especial relevancia.

Recordemos que en esta ocasión no bastará con sólo observar o criticar desde la distancia. Ha quedado evidenciado el poder de las masas y de la voluntad popular, cuando se involucra y se manifiesta.

Ojalá no se entorpezca la voluntad del pueblo y nunca más se vuelva a pretender manipular y manchar un proceso electoral.

La desinformación, la persecución y la criminalización son síntomas que deben desaparecer de nuestro entorno nuestra historia, pues laceran y atentan contra la democracia.

Invito a no actuar desde la ignorancia y la apatía, pues se convierte en carnada perfecta para alimentar la corrupción e impunidad.

Seamos todos conscientes, activos y dispuestos a vigilar, incidir y actuar para que estos procesos se conduzcan conforme a la ley y al interés de la comunidad.

No estamos para repetir los errores del pasado ni para permitir que se elijan personas que, aunque acumulen títulos y credenciales, carezcan de integridad, capacidad e idoneidad.

Estamos hartos de vernos entre el atraso y el subdesarrollo, por lo que será una contundente labor, asumir nuestro rol como actores, contralores y vigilantes de todos estos importantes procesos para lograr alcanzar una verdadera salida a tantos años de falencias, mafias y corrupción.

Está en juego la confianza pública y el futuro institucional del país.

Es momento de entender que Guatemala necesita más ciudadanos comprometidos, no sólo críticos destructivos y espectadores.  Mientras exista siempre una población activa, consciente, honrada y dispuesta a darlo todo por construir un Estado más íntegro y transparente, seguirá existiendo un norte esperanzador.

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