Durante muchos años en las escuelas y colegios se nos enseñó, y se sigue enseñando, una historia fabulada sobre la Independencia. El mito dice más o menos así: “Preclaros y valientes próceres, en encendidos debates en pro de la liberación del yugo español, con un legítimo espíritu independentista para el bien de la nueva patria, sin olvidar el arrojo y nobleza de doña Dolores Bedoya y los acordes hermosos del instrumento nacional, con el fondo de cohetillos, etc…” Cada 15 de septiembre, la saga de bodrios para la ocasión se repite, en el afán de las élites por construir una identidad que no existe y elaborar un discurso histórico de héroes y efemérides fantasiosas. ¡Quién contra ese discurso!
Sin embargo, el 14 de septiembre de 1963, sale publicado por primera vez en el Diario El Imparcial, el secreto Plan Pacífico de Independencia, descubierto dos días antes por el historiador guatemalteco Enrique del Cid Fernández en la propia casa de la familia Aycinena. El hasta ese entonces oculto plan, reveló la estratagema de esta familia oligárquica para arbitrar un proceso independentista, totalmente controlado por ellos.
En el siglo XVIII, los intereses económicos de las élites giraban en torno al Marqués don Juan Fermín de Aycinena e Irigoyen, quien, de cuna muy precaria en España y una pobre instrucción, había llegado al Virreinato de la Nueva España (después México) y luego migrado a la Capitanía General del Reino de Guatemala, gracias a las ganancias que le generó la tenencia de un patacho de mulas. Ya en este territorio de bellos paisajes, acumuló mucha riqueza, por medio de la cual pudo comprar el único título nobiliario en el Reino y que le permitió alcanzar un privilegio monopólico en muchos negocios, entre los que se puede mencionar la usura, la minería, el añil, el comercio, la tierra y el ganado. No podemos dejar de mencionar los tres exitosos matrimonios que hubo, casualmente, con damas oligárquicas, que le permitieron modificar su estatus social e incrementar su fortuna.
El “marqués” tenía visión de futuro y una vez consolidada su posición de dominio socioeconómico y también político, se preparó para lo que sería el proceso de “independencia” y de esa manera, terminar con el escrutinio del reino español y sus tributos. Su preocupación principal y la de sus adláteres criollos, fue que se pudiesen suscitar eventos que salieran de su control y que les afectara en sus privilegios. Fue imperativo organizar una emancipación formal, pero que no provocara ningún cambio real, lo que se conoce como gatopardismo. Otros segmentos elitarios en el resto de las provincias abogaban por una independencia de la Capitanía General, primero, y de España consiguientemente, pero con cambios estructurales que construyeran un futuro diferente.
El Plan Pacífico de Independencia saca a luz esa estrategia oligárquica de la que hablo. El documento describe –cual guion teatral– el protocolo a seguir por parte de los actores previamente cooptados por el clan familiar. Por razones de espacio no es posible transcribir todo el Plan y verificar su similitud con el Acta de Independencia posterior, que es la que enseñan en el sistema escolar y reproducen los adultos, en diversos medios. El texto en mención, fue redactado un mes antes de la independencia –por encargo de la familia Aycinena– por los hermanos Mariano y Juan José de Aycinena y Piñol, Mariano Beltranena, Pedro Molinay José Francisco Barrundia. Tuvo tres objetivos estratégicos:
- Garantizar que el proceso de “independencia” estuviera bajo control de la familia dominante, ya que reconocían como inminentes los sucesos independentistas en varias regiones de América.
- Compensar la debilitad militar del Reino, con una pronta anexión a un imperio, en este caso, el de Iturbide en México, con su Plan de Iguala.
- Garantizar que la independencia se llevara a cabo, sin generar cambios estructurales, es decir, que la familia Aycinena pudiera mantener el monopolio comercial y todos sus privilegios, ofreciendo en el camino, prebendas de todo tipo para los funcionarios españoles y los criollos cercanos a ellos.
La independencia y la anexión a México se realizó de acuerdo con lo pactado. El gran operador fáctico de las élites fue el Capitán General Gabino Gaínza, cuya veleidad fue advertida y luego aprovechada por los Aycinena. Acérrimo enemigo de la independencia cuando estuvo en Chile y detractor de Iturbide, no tardó en cambiar públicamente de opinión a partir del “convencimiento” de los Aycinena. Pero su obra maestra fue protagonizar el primer golpe de Estado de este territorio. Por la mañana del 15 de septiembre de 1821 convocó a la sesión donde se discutiría la independencia, representando los intereses monárquicos. Por la tarde de ese mismo día, ya era presidente de las Provincias Unidas de Centroamérica.
Como se podrá advertir, una historia inicial así, aclara el presente que tenemos. Las traiciones, la cooptación del Estado, el engaño y la elaboración de narrativas falsas, no son nuevas, el estudio científico de la historia nos lo demuestra.
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