El viejo orden sigue vigente, pero con mucho menos alas. Los que antes se consideraban intocables y protagonistas de una alianza que se eternizaría en el control de gran parte del entramado institucional, hoy comienzan a estar contra las cuerdas. Han perdido fuerza, aliados, sentido amenazador. Como todo proceso político, más aún los ejercicios autoritarios, las situaciones no son eternas.
Por todo lo adverso evidenciado en los últimos años, urge la ruptura. No estamos para transiciones o simples cambios de estafeta. Necesitamos la provocación de fuertes remolinos. Pero mientras la mazorca se desgrana, lo que menos debe ocurrir por parte de quienes anhelan cambios contundentes, es la parsimonia, los titubeos, o más aún, la comodidad de quien piensa que las transformaciones llegan solas. Los cambios, para ser reales, requieren promotores dispuestos a jugársela.
En este momento, ha iniciado el juego de las pantallas. El proceso de postulación de los magistrados del TSE se juega en breve la etapa clave. La selección de los finalistas que será entregada al Congreso para la decisión final. La construcción de la lista corta es crucial. Es allí donde las negociaciones gestadas tras bambalinas saldrán a relucir. Si bien la dinámica de es postuladora parece normal, a tiempo y sin mayores tensiones, ello sucede porque no se ha llegado al momento del cocimiento.
Mientras eso sucede, otros procesos siguen en curso. La nominación de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad también está en una etapa que comienza a elevar el termómetro. De las cinco instancias, solo la arena del CANG es de abierta y de competencia más o menos real. A pesar de la arbitrariedad afrontada en días recientes que dejó fuera de la votación a los profesionales afines, la segunda vuelta será el escenario donde las dos opciones representan, precisamente, lo que en realidad está en juego en ese proceso y todos los demás: la posibilidad de un giro de timón relevante que contribuiría a poner fin a la cadena de lo absurdo que hemos vivido en la última década, o la continuidad de esa lógica perversa.
El otro proceso culmen (elección del fiscal general y jefe del MP) también ha dado inicio. La postuladora fue juramentada, con lo cual puede iniciar sus actividades; pero no sin antes poner la atención a lo que sucede en la Corte Suprema de Justicia, donde la indefinición de quién la presidirá de manera formal esa instancia podría dificultar el desarrollo del proceso.
La otra arena, la que transcurre con mayor opacidad, sucede en el Consejo Superior Universitario. Allí, la mezcla de fraudes adquiere una dimensión más compleja, porque no solo está en juego la elección de los representantes ante la CC, sino, además, la elección de rector. Al medio están batallas intermedias, como el control del consejo electoral, así como de la mayoría de los cuerpos electorales (necesarios para garantizar la reelección). Sin embargo, dadas las condiciones actuales, donde ciertos actores interesados en mantenerse en las mieles del poder comienzan a ver que sus posibilidades comienzan a mermar, donde la decisión del CSU para la nominación ante la CC adquiere mayor relevancia. Si no pueden por a, b o c, intentarán, a como dé lugar entrar por la USAC.
Toda esta congestión sucede en pocas semanas, por lo que el período febrero a mayo se caracterizará por las tensiones, las emboscadas, los juegos a muerte, las traiciones, entre una gama de factores que no le hace nada bien a la sociedad en su conjunto, interesada en trazos de futuro, no de pasado.
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