Mientras se gestan dos guerras en Medio Oriente en contra de Irán y Líbano y que arrastran al mundo en sus consecuencias nefandas, y desaparecen ocho décadas de relativa estabilidad en un orden mundial se han tirado por la borda, que incluye el fin de la OTAN y el desconcierto europeo, mientras prosigue la guerra entre Rusia y Ucrania (empujada por Estados Unidos; mientras se observa que el control del estrecho de Ormuz por parte de Teherán ha significado un descalabro para la Casa Blanca y la ira de su inquilino en un desorden mundial, la incertidumbre prevalece cuando la razón de Estado se ha quedado en la codicia de los dirigentes que todo lo quieren arreglar con guerras.
Entretanto, Venezuela vive una alta incertidumbre y transición desde la captura de Nicolás Maduro en enero y que su leal Delcy Rodríguez asumiera la presidencia interina. Ella tras la refriega entró en conversaciones con EE. UU. Sin embargo, continúa la crisis económica y la protesta social y la inhabilitación de líderes opositores clave. El oficialismo intenta mantenerse en el poder. Ya el Tribunal Supremo declaró una «ausencia temporal» del presidente. El llamado a nuevas elecciones no está a la vista y la oposición aún siente el clima represivo y de bienes confiscados. Se mantiene un diálogo complejo con EE. UU., la situación humanitaria y la crisis de servicios públicos persiste, con protestas de ciudadanos y trabajadores.
La intervención militar de Trump se fraguó para asegurar a Estados Unidos su zona de influencia frente a China y Rusia: el Caribe y América del Sur como parte de la Doctrina Monroe. También para asegurarse el petróleo venezolano que, en el país con más reservas probadas del oro negro, su producción se vino abajo por falta de mantenimiento y desde 2008 el régimen no ha podido responder ante su población cuando se inició la crisis mundial y luego la caída de precios de los combustibles fósiles. Y los generales, a la muerte de Hugo Chávez, asumieron las carteras ministeriales más importantes, pero no pudieron arreglar el desorden burocrático y menos con Nicolás Maduro que asumió la presidencia y que entre los suyos tenía el mote de “el burro” porque carecía de luces. Sin el carisma de Chávez, Maduro tuvo que aceptar a la clica militar que lo manipulaba, pues los generales aprendieron a interesarse en el comercio exterior y a ser parte de los grandes contratos estatales lo que derivó en una gran corrupción, en especial en la empresa estatal Petróleos de Venezuela PDVSA, y la llevaron al descalabro.
No soy de manera alguna especialista en Venezuela, pero siempre me intrigó cómo un país tan rico de América del Sur hasta 2008 pudo empobrecerse tan rápidamente en pocos años. Esto me respondió la Inteligencia Artificial: “El empobrecimiento de Venezuela desde 2008 se debe a una combinación de excesiva dependencia petrolera, expropiaciones masivas, controles de precios y de cambio, y una gestión fiscal irresponsable que destruyó el aparato productivo privado, resultando en hiperinflación, escasez y una severa crisis humanitaria. La caída de la producción petrolera, sumada a la deuda, exacerbó la crisis. Destrucción del Aparato Productivo: La nacionalización de empresas y los controles de precios desincentivaron la producción nacional, llevando a la quiebra a miles de empresas.La economía dependía casi exclusivamente del petróleo. Cuando los precios bajaron, la producción se desplomó de 3,5 millones de barriles diarios a cifras mínimas, limitando drásticamente el ingreso de divisas. Los estrictos controles cambiarios generaron corrupción y escasez de divisas para importar bienes básicos, alimentando el mercado negro. Hiperinflación y Emisión Monetaria: Ante la falta de ingresos reales, el Banco Central de Venezuela imprimió dinero sin respaldo para financiar el gasto público, destruyendo el valor de la moneda. Crisis Humanitaria y Servicios Públicos: La desinversión crónica colapsó los servicios de agua, luz y transporte, provocando una escasez generalizada de alimentos y medicinas. Cronología de la Crisis:Aunque los problemas estructurales venían de antes, la crisis se agudizó tras la caída de los precios del petróleo en 2014, evidenciando la insostenibilidad de las políticas económicas aplicadas. Las sanciones internacionales posteriores agravaron una situación que ya era crítica”.
Ya en 1965 en Venezuela se decía que los venezolanos habían caído de los árboles para montar Cadillacs (en referencia a su falta de raíz autóctona), debido a la riqueza del petróleo, al punto que su anterior dictador, Marcos Pérez Jiménez (1952-1958) se había embolsado $200 millones y, cosa inaudita, fue procesado en Caracas. En esos años la gente del interior descendió a la capital y en sus cerros formó las villas miserias deseando ser parte de la riqueza petrolera que allí se distribuía a su oligarquía y algunos políticos de Acción Democrática, con Rúmulo Betancourt electo a la presidencia. El país tenía el ingreso per cápita más alto de América del Sur. Las empresas petroleras estadounidenses pagaban alrededor de mil millones de dólares al año al gobierno en regalías de la extracción de petróleo y otros cien millones por hierro. A inicios de esa década el presidente socialdemócrata Betancourt tuvo que enfrentar a Fidel Castro que mandó guerrillas con el fin de quedarse con el petróleo venezolano para tener dinero y, así, exportar su revolución al continente. El FALN logró apoyo de los universitarios. Hizo grandes destrosos a pesar que Betancourt lo ayudó a hacer su revolución. Ante el reclamo de la izquierda para que nacionalizara el petróleo, en su lugar, él logró el pago del 75% de regalías, en lugar del 50%. Su sucesor el presidente Raúl Leoni tuvo que manejar bien a sus generales por temor a un golpe castrense. El país mantuvo su democracia entre los partidos social demócrata y democristianos (COPEI) siempre al filo de un golpe. Carlos Andrés Pérez (de Acción Democrática) ayudó a los sandinistas a derrocar a Tachito Somoza. Los democristianos dieron gran apoyo al gobierno de Vinicio Cerezo para salir de la dictadura militar. Además, dio precio especial para Centroamérica a su petróleo. La crisis democrática en Venezuela entre 1991-1993 fue impulsada por la deslegitimación del bipartidismo (AD/COPEI), la caída de los precios del petróleo, la corrupción estructural y la incapacidad de gestionar la deuda externa, lo que provocó inestabilidad política, protestas sociales e intentos de golpes de estado, entre ellos, el que promovió Hugo Chávez.
Cuando este llegó a la presidencia por elecciones, todo estuvo bien con los altos precios del petróleo ya nacionalizado, este se portó muy bien con sus pares latinoamericanos, sobre todo con Cuba, donde prácticamente obsequió el petróleo. Llegaron miles de médicos y oficiales de inteligencia cubanos. Reformó la Constitución y se recetó los poderes parlamentarios. Dio préstamos blandos a Argentina, a Uruguay… Pero con la crisis económica mundial de 2008 la fiesta de distribución social a los pobres declinó de manera drástica. Tras su muerte la incompetencia fue aún mayor en el gobierno del “burro” Maduro (a quien personalmente conocí en Buenos Aires y en verdad le hacía honor a su apodo), con su clica de generales que hacía su agosto en los contratos estatales y con su relación con el FLN de Colombia, donde su major apoyo era mirar a otro lado en sus negocios con los narcos. En 2016 ante el desabasto de hospitales, de los insumos para educación, y el retroceso en todos los sectores de la vida social y económica reapareció la malaria que había sido eliminada décadas atrás, aumentaron los atracos y la delincuencia fue en ascenso al número uno del mundo, la inseguridad como gran problema nacional. Maduro tuvo que suspender las elecciones porque no tenía ningún carisma y perdería las mismas y se dio por reprimir a la oposición. Más adelante, tendría que hacer fraude como todos lo evidenciaron en 2024.
El manejo de la economía estaba entre las peores del mundo y con el control de cambios se mantuvo la fuga de capitales. Las Fuerzas Armadas tomaron el control de los ministerios. La emigración en 2016 fue de dos millones de personas… Siguieron otros seis millones más en los siguientes años rumbo a América del Sur y del Norte. El manto petrolero sobre el lago de Maracaibo es un desastre ambiental: Es un mar de pútrido combustible fósil donde antes era una región pujante.
¿Qué había pasado con el país que en los años sesenta tenía el índice per cápita más alto de América Latina y ahora es el casi el último solo por encima de Haití y Bolivia?
La dependencia extrema del petróleo en Venezuela ha sido su «maldición». Es la «paradoja de la abundancia», donde la riqueza inmensa no generó desarrollo, sino corrupción, desindustrialización y una crisis económica profunda. El país pasó de ser un exportador clave a sufrir un colapso institucional y productivo.
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