Más allá / De los loros del Naranjo

Sergio De León Quiroz

junio 26, 2026 - Actualizado junio 25, 2026
Sergio De León Quiroz

Apenas hace algunos meses disfrutaba desde una de las bancas del parque ver volar velozmente a una pareja de loros que esquivaban con hermosa destreza los árboles frondosos de un terreno que quedaba al frente. Me encantaba escuchar su griterío y contemplar su libertad como una verdadera rareza en medio de la ciudad. 

Ahora los árboles majestuosos que los cobijaban han sido talados en su totalidad para dar paso a un nuevo proyecto habitacional que ofrece serenidad y tranquilidad a sus futuros propietarios, pero a costa de los árboles. Desde la banca extraño los vuelos y jugueteos, así como la paz y el silencio. Solo me quedan las grúas y el barullo de la constructora que me regala polvo y nostalgia… 

A pesar de todo el desastre, los loros se niegan a dejar el vecindario donde escasos árboles todavía les regalan mangos, jocotes y sombra. Quizá por tenaces o enamorados los hermosos vecinos emplumados siguen llenando la mañana con sus gritos desde el Parque de la Cultura. 

Sin embargo, lo que me ha sorprendido más, fue escucharlos una mañana mientras caminaba en pleno bulevar del Naranjo muy cerca de un “mall”. En medio del estruendo del tráfico mañanero, los verdes residentes parecían saludar llenos de vida desde la copa de un espigado árbol que parecía desafiar el avance del cemento disfrazado de progreso… 

Desde entonces los días han pasado rápidamente, las licencias de construcción se han multiplicado y los árboles añejos, frutales y originarios caen unos tras otros en una resta que parece que buscan desalojar definitivamente a los loros del Naranjo. La alergia a los árboles del supuesto progreso se ensaña contra la naturaleza y no dejo de preguntarme -con cierta tristeza- si este par de bulliciosos vecinos y su amenazada libertad podrán sobrevivir y permanecer en el lugar donde han gozado  de sus vuelos y romances. 

En tanto el ruido de las constructoras, de las motos y vehículos estridentes se imponen cada vez más. La imagen de las avenidas y calzadas contaminadas y deforestadas de la ciudad de Guatemala como la Bolívar, la Petapa, la San Juan me hacen pensar en que este es el futuro que autoridades y desarrolladores tienen previsto para el sector del Naranjo en Mixco. 

En ese futuro de lucro y degradación ambiental, los loros como símbolo de una verde diversidad en el Naranjo no tienen lugar: son obstáculos. Pareciera que el dinero brilla demasiado para que alguien pueda influir en las reducidas mentes de

supuestos generadores de desarrollo. Un urbanismo donde los bosques son sustituidos por escasos y pequeños arbustos provenientes de otros ecosistemas, con raíces y ramas pequeñas que jamás puedan complicar la vida de nadie… 

Me imagino a estos inversionistas ávidos de ganancias contentos viendo cómo los centros comerciales proliferan exterminando prácticamente la vegetación. Se sienten orgullosos de ofrecer a los niños -por una módica cantidad- parques de plástico que emulan selvas de PVC y océanos con piscinas de pelotas de poliuretano donde les enseñan a cuidar de la naturaleza. 

Bastaría que quienes promueven toda esta devastación ambiental en el Naranjo y en tantas áreas urbanas del país hicieran una mínima búsqueda en internet para entender que cada vez más las ciudades modernas y prósperas buscan caminar en una dirección totalmente contraria. 

Cada vez más grandes ciudades buscan renaturalizar sus territorios para garantizar la prevalencia de sus ecosistemas. En Nueva York, una vieja línea de tren “la high line” es ahora un extenso parque aéreo que oxigena y conecta a los neoyorquinos con la naturaleza y ofrece hábitats para las aves y otras especies; en Sydney, Australia los ciudadanos trabajan voluntariamente para que el 40 por ciento de su ciudad esté cubierta por árboles que les permitan contar con más agua y combatir las sofocantes olas de calor. Más cerca, en Medellín Colombia, se ha logrado establecer más de 30 corredores verdes que protegen la biodiversidad, el agua y reconectan a sus habitantes con la naturaleza… 

La renaturalización urbana es un fenómeno creciente que está revolucionando el paisaje urbano de grandes y pequeñas ciudades, para hacerlas más habitables y sostenibles. César Javier Palacios, periodista ambiental y geógrafo español afirma que cada vez más urbanistas, junto con biólogos, geógrafos ecologistas, médicos y psicólogos, insisten en que “la naturaleza debe formar parte de las ciudades, promoviendo espacios resilientes en un contexto de cambio climático y urbanización acelerada”. 

En junio se conmemoran a nivel internacional varias fechas que buscan concientizar sobre el cuidado de nuestra casa común, entre las que están el Día Internacional del Medio Ambiente, así como el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía…  paradójicamente en Guatemala estas fechas son tan ignoradas como los loros del Naranjo. Confiadas en que nunca se verán, muchas empresas desarrolladoras y autoridades cómplices avanzan en sus planes deforestando y contaminando. 

Anhelo de corazón que las imágenes de este Naranjo devastado por la construcción de restaurantes, farmacias, comercios, gasolineras, centros médicos, educativos y deportivos, así como la historia de mis verdes vecinos pueda servir de motivación para despertar la creatividad de ingenieros, arquitectos, desarrolladores, empresarios que puedan encontrar un equilibrio y una salida genial para que el progreso no sea sinónimo de cemento gris, desertificación y muerte. En tiempos de tanto artificio y superficialidad, más allá de jardines o arriates hace falta renaturalizar nuestras ciudades y comunidades… Por ahora escuchar a esta pareja de aves me inspira, porque me hacen sentir esperanzado y motivado por su increíble resiliencia que nos exhorta a sembrar más árboles frutales que postes de cemento.

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