Del pasado al presente, resurgen las cofradías y pactos oscuros

"Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser su amigo es fatal".
Henry Kissinger

Fernando González Davison

marzo 7, 2026 - Actualizado marzo 7, 2026
Fernando González Davison

Luego de los Acuerdos de Paz hubo un momento de distanciamiento entre el presidente A. Arzú y su amigo O. Berger pues el primero favoreció la candidatura de Alfonso Portillo, que todo el mundo en política sabía que estaba financiado por La Cofradía y que mandaría, de hecho, la familia del general E. Ríos Montt. Quizás se debió a que Arzú pasó a ser socio de los cofrades y esa tarea, a su muerte, la legó a su hijo menor, Álvaro, que se ha tornado en un operador de ese mundo oscuro, como se ha visto con la reciente elección en el Congreso al comprar a cien diputados para que votaran a favor de Roberto Molina Barreto para ser magistrado en la Corte de Constitucionalidad, a donde llegará por quinta vez para proteger a delincuentes reconocidos de alto calibre y que son un peligro para la seguridad nacional. La Agencia Ocote ha pormenorizado cómo Molina Barreto los ha ayudado de manera periódica en el ejercicio de sus funciones.

Pero hagamos historia: en el gobierno de Portillo hasta sus amigos progresistas reconocieron que se había vuelto un gran corrupto al amparo de los cofrades y que la familia Ríos Montt era la que dominaba su presidencia. Y la sumisión del vicepresidente Reyes López y sus ministros a esta familia era clara: de Relaciones Exteriores Gabriel Orellana Rojas, de la Defensa Nacional: Juan de Dios Estrada Velásquez, de Finanzas Públicas: Manuel Maza Castellanos, de Economía: Eduardo Weymann, ahijado de Ríos Montt, quien luego ocuparía la cartera de Finanzas.

WOLA destacó que en ese gobierno continuaron actuando los poderes ocultos y cuerpos ilegales de seguridad en Guatemala que se originaron durante la guerra civil, señalando que los avances en la reforma policial eran lentos y los sistemas disciplinarios internos insuficientes. WOLA documentó cómo estas estructuras clandestinas (La Cofradía, El Sindicato), herederas de la contrainsurgencia, continuaban amenazando el Estado de derecho, la seguridad ciudadana y la implementación de los Acuerdos de Paz.

En marzo 2002 identificó que los «aparatos clandestinos de seguridad» eran parte integral de la estructura de poder, con raíces en el conflicto armado y responsables de violaciones a los derechos humanos. Un sistema que permitía la impunidad y dificulta la depuración de las fuerzas de seguridad. Aunque Portillo prometió cambios, WOLA y otros informes de la época evidenciaron un debilitamiento institucional y una lucha lenta por establecer el control civil sobre las fuerzas militares. Por ello varios entes fundamentaron la necesidad de la Comisión Internacional contra la Impunidad, CICIG, que se conformaría durante el siguiente gobierno de Oscar Berger, bajo la presión de la comisión bipartidista de Estados Unidos y de países europeos.

Pero con la ayuda de Trump en su primera administración y los fundamentalistas evangélicos los cofrades lograron que estos apoyaran a sus títeres los presidentes Jimmy Morales y Alejandro Giammattei para que le dieran jaque mate a la CICIG como bien recordamos. Y ahora de nuevo insistieron en un cabildeo similar en Washington y persuadieron a un grupo de estos de Make America Great Again, incrustado en el Departamento de Estado, a que le dieran apoyo a Molina Barreto y estos  se comunicaron con su embajada para instar a hacerlo. Lo cual creó un sismo en el Congreso y más en la presidencia de B. Arévalo porque el Encargado de Negocios se había prestado a hacer tales sugerencias a diputados locales. Arévalo se puso en comunicación con oficiales del Departamento de Estado que eran contrarios a dicha propuesta, ya que Marco Rubio estaba tenso por la situación de Irán y no estaba para atender pequeñeces.

Así, hubo tiempo para que los oscuros hicieran de las suyas sin el apoyo de la Embajada y corrió el dinero de los titiriteros (nuestros magnates y algún narco fuerte)  para que lo repartieran a manos llenas a los cien diputados locales que dieron su voto a Molina Barretto, su protector inconstitucional.  Del pasado al presente, emergen los brazos de los cofrades y de los pactos oscuros. Un fallo flagrante de nuestro embajador en Washington, con un ministro del Exterior que a lo largo de sus muchos años como viceministro de los últimos presidentes, siempre se plegó a los intereses del Pacto de Corruptos. Hay que recordar en todo caso que la historia indica plegarse a la gran potencia del norte pueden tener resultados adversos como el mismo Kissinger lo ha escrito: «Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser su amigo es fatal». 

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