Como era previsible la guerra contra Irán no será corta pues se ha expandido por la región y la Casa Blanca pagará sus consecuencia más que el gobernante en Tel Aviv, que fue quien arrastró a Estados Unidos a una guerra que no contaba con el apoyo de sus ciudadanos, como lo muestran los últimos sondeos. Ese arrastre lo confirmó Marco Rubio al expresar que Estados Unidos se enteró que Israel iba a atacar a Irán y, temiendo las represalia iraní sobre sus bases en el golfo pérsico, atacó primero, sin decir que fue en coordinación con el ejército de Israel. Lo claro es que el Pentágono no tiene una estrategia luego de las primeras oleadas de ataque con misiles de todo tipo que dieron la muerte a la dirigencia iraní.
El ex jefe del Mi6 fue muy claro, así como otros agentes de la CIA ya jubilados. Buena parte de los republicanos que llevaron a Trump al poder están muy desilusionados porque les prometió que la mejor política exterior de su país sería no hacer guerras, que tanto criticó a Bush hijo, a Obama y a Biden.
Los recientes errores visibles de la Casa Blanca se deben a que la guerra fue orquestada por Netanyahu y sus generales con intereses muy diferentes. El primer ministro de Israel tiene el interés de ser el hegemón de Medio Oriente, y el escollo principal de ello era el régimen de los ayatolás en Irán, que se le oponía pues era su rival.
El interés nacional de los Estados Unidos estaba muy alejado de tal interés pues si mucho solo desearía ocupar Irán para quedarse con su petróleo, mejor dicho para Black Rock, que es la mayor empresa del mundo en la materia. Pero para ello tendrían que ocuparlo con tropas de tierras, con las botas de los marines, y eso sabe Trump que el Congreso nunca lo autorizará para no sumergir a sus tropas no en un pantano como pasó en Vietnam, sino en las desérticas montañas donde podrían quedarse estancadas en un enorme país de noventa millones de habitantes en su contra, donde llevarían todas las de perder, como pasó en Afganistán, en un país más pequeño pero igualmente complejo. Y por eso es difícil que las botas de los marines marchen en Irán, aunque, si bien podría enviarlas, lo que sería otro garrafal error como el de haberse prestado a ayudar a Israel cuando era del todo inconveniente para los intereses nacionales estadounidenses, como se dice sin tapujos en Washington e importantes medios de comunicación.
Para que no se prolongue más esta guerra irracional el Congreso tiene la potestad de pararla, de otra forma las consecuencias de esa guerra en lo económico y comercial para el mundo serán devastadoras, incluyendo para Estados Unidos, sin incluir los daños ya hechos por Trump por sus acciones que han creado gran caos mundial que se refleja en los mercados de valores, en el alza de los precios de los combustibles, en la división que existe en la OTAN desde que él asumió la presidencia, en la ausencia total de la ONU, en lo locos intentos de las inteligencias de ambos países atacantes para culpar a Irán de atacar a Turquía y a otros lugar, lavándose de nuevo las manos de las muertes de miles de civiles provocadas por sus aviones y misiles como sucedió en Gaza, donde Netayahu con armas estadounidenses colmaron la paciencia del mundo por el grado de inmoralidad e inhumanidad en tan terribles masacres de inocentes.
A todo ello, sin duda, China se eleva como la potencia que tiene la fuerza y la calma y, sin mayor esfuerzo, espera que tras esta guerra el mundo entienda que es mejor que la potencia de occidente, y que reclama sensatez a los dos actores que han desatado esta guerra.
Para detener el conflicto, el Congreso de Estados Unidos tiene la última palabra. ¿Podrá liberarse del cabildeo sionista que ama las guerras y que pretende hegemonizar todo Medio Oriente? Si no se detiene esta guerra seguro que se asentará de manera irresponsable el NUEVO DESORDEN NUCLEAR.
Tags: Benjamín Netanyahu Donald Tump guerra contra Irán ONU OTAN







