La Junta Monetaria resulta ser un órgano de conformación muy folclórica debido en parte a las ocurrencias de la Asamblea Nacional Constituyente de 1985. En efecto, a los políticos electos para legarnos una Constitución Política se les ocurrió conformar un cuerpo corporativo y patrimonialista; es decir con representantes designados de grupos sectoriales.
Ello viajaba a contrapelo de las juntas monetarias diseñadas en el mundo desarrollado y en desarrollo. El modelo ideal perseguía y persigue el nombramiento de verdaderos expertos en el campo de la moneda, la banca y las finanzas internacionales. Es decir que, si se busca la autonomía de los bancos centrales, principalmente en estos años y décadas de incertidumbre, lo más importante es que se cuente con personajes conocedores del campo monetario, y preferiblemente que sean independientes de los poderes fácticos, principalmente los que circulan alrededor del mundo del dinero: bolsas de valores, financieras, bancos y demás agencias muy conocidas.
El caso chileno es sintomático al respecto en donde se ha nombrado, preferentemente a economistas de altos vuelos, conocedores de las abstracciones monetarias. Recordemos que se trata de un campo de alta especialización, al punto que es recurrente -según mi agudo colega Carlos Calderón- oír a tecnócratas de la banca central que los bancos comerciales son simplemente intermediarios financieros, cuando las modernas teorías de hoy en día bien nos muestran que son entes de gran calado para la creación de dinero. Hasta el Banco de Guatemala amerita de una refundación teórica de gran calado en estos tiempos de ciclos e incertidumbre, no digamos la Junta Monetaria.
Las especificidades del mundo del dinero son entonces variadas, y sujetas a un escrutinio muy técnico. Si uno analiza los actuales designados guatemaltecos ante la Junta Monetaria muy pocos llenan los requisitos que supone un Doctorado o una buena especialización de postgrado en esos temas: y la Universidad de San Carlos debiera dar el ejemplo al respecto.
En el pasado, el Consejo Superior Universitario de la USAC, había incluido en su acta la invitación a presentar propuestas de buenos representantes. En la historia pasada la USAC se caracterizó por enviar designados de altos vuelos, amplios conocedores de la materia. Pero el año pasado, de una manera sigilosa se nombró a dos aliados de la rectoría: José Domingo Conde, un conocido contador público que fue presidente del Colegio de Economistas en el tiempo de la convulsa elección del actual rector, y el sempiterno representante de los profesionales de las ciencias económicas en el CSU Urías Guzmán.
De acuerdo con un interesante reportaje de Prensa Comunitaria del pasado 22 de mayo de 2024 titulado Representantes de la USAC ante Junta Monetaria están vinculados a personajes corruptos, el CSU llevó a cabo de forma inesperada el pasado 8 de mayo de 2024 una elección que establecía como fecha límite para la presentación de los candidatos hasta el 7 de mayo. La convocatoria fue enviada por Luis Fernando Cordón Lucero el 8 de mayo y únicamente incluía el contenido de la agenda No.10-2024. Ello quiere decir, posiblemente a que ni siquiera en las actas publicadas por el CSU se establece con anticipación la nominación de propuestas para tan digna representación.
El período de los actuales representantes vence el 6 de junio, por lo que las elecciones podrían ser en cualquier momento, y lo más civilizado para una universidad de excelencia sería convocar a sus profesores expertos en moneda y banca, finanzas, política económica y demás. Todo parece que el CSU seguirá la misma sigilosa estrategia de no convocar abiertamente para unas designaciones tan importantes.
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