Hace diez días publique, en este diario, un artículo en favor de una mayor integración en nuestro continente puesto que sus resultados evidencian que los países latinoamericanos han valorado la integración con la idea de defenderse de las grandes potencias tradicionales, en especial la del norte del hemisferio, para compensar su pequeñez y unificar esfuerzos y cooperar de manera eficiente en casi todos sectores. Algunos acuerdos funcionaron y los que no, es porque se han quedado vetustos. Los que funcionan están en Centroamérica, América del Sur y el Caribe.
En el norte del hemisferio también han sido fructíferos los acuerdos del libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos, y también los que han suscrito de manera bilateral con los centroamericanos. Tras el shock de las política arancelarias de la Casa Blanca en 2025 han hecho chispas en el mundo en nuestro continente. A pesar de ser ilegales según resolvió la Corte Suprema de Justicia, Trump no salió del caos del alza de aranceles al imponer un diez por ciento para todas las importaciones, con algunas excepciones. Ese revés legal indica que, más temprano que tarde, que la integración en el hemisferio tanto económica y política no se irá a pique a pesar que ahora tienen un efecto negativo los aranceles en los proyectos de conectividad en infraestructura, energía y tecnología, deteriorando la competitividad global del continente.
Estoy claro que la integración volverá a recuperar su ritmo cuando Trump deje el cargo. Y una mayor inversión entre los países será una consecuencia para enfrentar los desafíos de las zonas de influencia de las tres o cuatro potencias que se están repartiendo el mundo. Y es claro que este continente, por simple geografía, como diría Fernad Braudel, vamos a seguir unidos nos guste no a lo largo de nuestra historia.
El 22 de febrero de 2026 se publicó un artículo en El País: Un Plan Marshall para América Latina, de Nivia Rossana Castrellón Echeverría, quien señaló que “invertir en desarrollo es más efectivo que perseguir migrantes. Cada dólar del Plan Marshall en Europa generó tres en comercio. Cada dólar de ICE genera desesperación. Treinta y nueve años de evidencia lo confirman”. Agrega que Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones persiguiendo migrantes en la frontera sin resolverlo. La Alianza para el Progreso de J:F. Kennedy tras su muerte se militarizó y fracasó. Igual pasó con la Caribbean Basin Initiative de Ronald Regan. “Sin una inversión seria, América Latina quedó atrapada en un péndulo. Los noventa trajeron privatizaciones masivas. La pobreza apenas disminuyó. Argentina colapsó brutalmente. Vino el giro izquierdista: Chávez, Kirchner, Morales, Lula. Algunos con logros genuinos, otros fueron grandes decepciones. Después el péndulo regresó: Macri, Bolsonaro, Milei con su motosierra económica, Bukele con su mano dura. Cada oscilación generó los éxodos que advertí: millones de venezolanos desplazados, caravanas centroamericanas interminables, nicaragüenses huyendo de Ortega. Estados Unidos respondió gastando miles de millones en control fronterizo. Perseguía consecuencias sin atacar causas”, dice Castrellón. Y prosigue: El balance es desolador. Nicaragua es dictadura, Venezuela autocracia, El Salvador sacrifica libertades por seguridad. Freedom House documenta años de declive democrático regional. Argentina entró en default repetidamente. Seguimos exportando commodities cuyos precios se deciden en Wall Street. La clase media emergente desapareció… ¿Aprenderemos que la frontera más segura es la que no necesita cruzarse? ¿O requeriremos otros treinta y nueve años, millones más de migrantes, cientos de miles de millones desperdiciados? El péndulo espera respuesta, pero la ventana se cierra: con cada oscilación perdemos generaciones, con cada año China consolida influencia, y con cada caravana demostramos que elegimos lo costoso sobre lo efectivo, el muro sobre el puente, la contención sobre la transformación”.
Puedo concluir que la integración regional hemisférica aún es posible y mejor si va nutrida de inversión sostenible de largo plazo que dé desarrollo real a sus habitantes y sin exclusiones entre los Estados y a la vez estos opten por instar a su gente a quedarse trabajando en sus países, sin recurrir a migrar a otro país, pero garantizando inversión y trabajo para sus habitantes.
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