Provocatio: Una coyuntura que no se aprovechó

Me temo que se perdió una oportunidad de oro y que seguiremos en el carrusel de parches y correcciones inmediatistas: nuevas leyes o modificación de las mismas, una depuración integral que nunca inicia, graduar más PNC cual maquila instantánea, otras cárceles de supuesta máxima seguridad (basta ver lo que pasó en Renovación I) y cientos de propuestas y remiendos más.

José Alfredo Calderón E.

enero 23, 2026 - Actualizado enero 22, 2026
José Alfredo Calderón E.

El sábado 17 de enero presenciamos un golpe de fuerza coordinado por las mafias. A priori, la mayoría de ciudadanos se concentra en los actores visibles y no en quienes, desde las sombras, financian y dirigen el caos.

Esta mirada miope solo permite ver el árbol, más no el bosque. En consecuencia, la opinión pública –inducida, por supuesto– pasa por las siguientes estaciones:

  • Condenar el hecho, pero enfatizando en los actores a los que su mirada se limita. Algunos logran atisbar más allá de los ejecutores del caos, pero sin llegar al fondo, pues para algo tan coordinado y letal, se necesita mucha plata y ¿de dónde sale?
  • Señalar al ministro de Gobernación, parte del plan, para desacreditarlo y, en consecuencia, facilitar el pedido de destitución del mismo.  La diatriba contra los ejecutores visibles pronto se disipa, pues lo que interesa a las mafias, es atacar la poca institucionalidad, sentar un precedente más, total, ya destituyeron a uno –que también hay que acotar– facilitó con sus desaciertos y opacidades, su salida.
  • Inducir los ataques al presidente, sus asesores y al resto de su equipo, para promover una sensación de vacío de poder e inutilidad. El plan pretende instalar en el imaginario, la incapacidad gubernamental, no solo para combatir el crimen, sino para dirigir adecuadamente al país. Por eso, se dan el lujo de anunciar los ataques, sabiendo que, o la Inteligencia del gobierno anda en trapos de cucaracha, o la interacción e intercomunicación de los encargados con el presidente es fallida, sin descartar la cooptación en esta área.
  • Reproducir la sensación de miedo a toda la población y clamar por estado de sitio y medidas al estilo Bukele. El plan funcionó porque la ministra de Educación pronto suspendió clases, le siguieron los colegios privados y luego muchas instituciones, incluyendo algunas autónomas como la USAC y el OJ.  No tardaron los mensajes mediáticos sobredimensionando la situación y que confluían en un llamado a no salir y estar atentos a otros eventos violentos. Afortunadamente, este mecanismo se circunscribió al lunes 19 de enero.

El plan cayó por cinco razones fundamentales:

  • La pronta acción de las fuerzas de seguridad, muy posiblemente con logística canchona detrás, así como la actitud y acción del ministro.
  • Una cadena nacional pronta y con un mensaje presidencial (ahora sí) bastante centrado, asertivo y con algunas menciones interesantes, aunque nunca a las cabezas del caos, pero sí a sus principales operadores, cuando señala a las torres de la corrupción y la conspiración, haciendo clara referencia a Sandra Torres y a su familia, así como la señora Porras en el MP.
  • A pesar de una imagen deteriorada, la población reaccionó favorablemente en apoyo al presidente y al MINGOB, aún quienes, desde los sectores democráticos hemos hecho críticas fuertes a su gestión.
  • El apoyo financiero a las cabezas del crimen disminuye, porque los empresaurios involucrados son rechazados por sus colegas menos primitivos y que son mayoría. Así mismo, el carácter ultraconservador de Trump no se traduce en alcahuetería para estos facinerosos, como pensaron al inicio de la gestión del MAGA.
  • Cada vez más, crece el porcentaje de la ciudadanía que entiende que el problema trasciende a las maras y pandillas, la corrupción de guardias y funcionarios del sistema penitenciario, así como las indudables fallas en el accionar público. Aún con dificultades y sin respuestas claras, la pregunta recurrente es: ¿A quién conviene el caos y quiénes se benefician del crimen organizado?

Bien con el estado de sitio, pero más tardó el presidente en anunciarlo, que los representantes de las mafias en el Congreso en acotarlo, manteniendo la portación de armas, permitiendo eventos masivos y adelantándose a prohibir que fuera utilizado, en sus palabras: “para persecuciones políticas”, en clara alusión a ellos mismos y sus asociados (Fundaterror y otros) sabedores de su responsabilidad en las crisis provocadas y la cooptación del Estado.

Para sellar nuestra triste fortuna, en cuatro días no hemos visto evidencia de un plan organizado, previo, contundente y calculado de combate a las cabezas del crimen y la desestabilización, más allá de sus ejecutores.  De hecho, autoridades de gobierno han seguido el juego de las mafias, al declarar que los hechos sucedidos en los centros de detención se reducen a la cancelación de privilegios de los pandilleros. Saben que hay más, mucho más, empezando por la corrupción a lo interno del MINGOB y la PNC, el sistema penitenciario y el resto de injerencias de actores externos.

Me temo que se perdió una oportunidad de oro y que seguiremos en el carrusel de parches y correcciones inmediatistas: nuevas leyes o modificación de las mismas, una depuración integral que nunca inicia, graduar más PNC cual maquila, otras cárceles de supuesta máxima seguridad (basta ver lo que pasó en Renovación I) y cientos de propuestas y remiendos más.

Señalar la cooptación del sistema de justicia: CC, MP, OJ no es suficiente y deviene en narrativa que pretende expiar culpas y justificar inacciones. Ahora que los gringos entraron hasta la cocina y se enquistaron en varios espacios; y que Marco Rubio no se cansa se alabar a nuestro mandatario, era la ocasión propicia para dar el salto y entrarle a fondo a los provocadores y financistas ocultos del caos, sin embargo, el estado de sitio pasará pronto, sin pena ni gloria.

Las mafias, aunque seriamente dañadas, no fueron heridas mortalmente en su estructura. Para quienes claman por el ejército en las calles con carta libre, solo les recuerdo la inefectividad de los patrullajes combinados, bastante onerosos, por cierto; así como la penetración del narco y otras mafias al interior de la institución castrense, de lo cual hay evidencias claras.

¡¡Lástima, otra vez!!  

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