Podemos ver el país desde múltiples ángulos. Propongo utilizar tres. Por un lado, está el doméstico donde la premisa es la permanente la espera de respuestas, que probablemente nunca llegarán, a asuntos como los asesinatos acaecidos en Huité, la fuga de los líderes de maras (sucedido hace 12 meses), los períodos de recrudecimiento de la violencia (que apuntan a eventos diseñados), entre un sinfín de pendientes que se acumulan como la arena de las playas.
Desde esa esquina domina lo doméstico, predomina la cotidianidad y el dominio de la coyuntura. Podemos agregar las preocupaciones recientes, como el incremento del precio de los productos de la canasta básica; aumentos que pueden ser más fuertes en la medida que los factores climáticos adversos impacten más fuertemente la producción agropecuaria en general. Esta pista del escenario es la más congestionada, porque todos los días se acumulan hechos donde el ciudadano está, cada vez más, contra las cuerdas.
El otro ángulo son los hechos políticos. Cabe allí, por ejemplo, el pulso establecido entre el empresariado tradicional, representado en el CACIF y el Ejecutivo a raíz de la designación del presidente del Banco de Guatemala. Es evidente que ese sector considera dicha institución como un dominio reservado, por lo que la reciente decisión pone en riesgo ese privilegio. Entre amparos y comunicados su intención es clara: lo decidido les viene mal, por lo que los cuestionamientos se incrementarán hasta cercar. Claro está, las reacciones no se han hecho esperar. Ese pulso tiene como telón de fondo las previsiones económicas a la baja para 2027, las repercusiones de la contracción productiva por la incidencia climática y la ralentización de las remesas.
El amparo otorgado por la Corte de Constitucionalidad deja en suspenso el nombramiento hecho por el presidente, con lo cual se favorece la agenda del empresariado. Ahora el control de la banca central se ha convertido en abierta disputa política. Lo que antes se resolvía de manera negociada, ahora es fuego abierto donde la CC entra en juego. El Ejecutivo se debilita, a pesar de saber con anticipación que algo así sucedería. Era obvio que la designación generaría “ronchas”, por lo que no caben las sorpresas. Cabe pensar que la decisión tenía el propósito de provocar una escalada previsible.
Pero tenemos otra perspectiva, la más compleja de ver; la que por ahora tiene menos iluminación, pero donde de pronto podrían encenderse las luces y generar tal luminosidad que abarque un sinnúmero de recovecos, que, por ahora, pasan desapercibidos o han sido escondidos a propósito.
La agenda de la estabilidad es la determinante, y frente a ella, los barullos, los intentos de desestabilización, las tensiones y los actores incómodos no tienen cabida. Para lo que está en juego en el corto y mediano plazo, el escenario que presenta el país es intolerable; por lo que es imprescindible llevar a cabo remezones que modifiquen el tablero. Mientras esta pantalla se activa (si es que sucede), entretengámonos con las otras dos.
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