En 1944 fue asesinado el director del diario El Imparcial, Alejandro Córdova. El sábado pasado corrió la misma suerte el exfiscal y exdirector de la SAT, Francisco Solórzano Foppa. En ambos casos cundió la indignación general y un llamado por la justicia. En el primer caso, el asesinato fue responsabilidad de un general cercano a Ponce Vaides. En el segundo caso, ¿veremos a otro uniformado implicado? Lo cierto es que tal indignación en 1944 llevó a plantear una candidatura única entre los sectores de oposición. Los universitarios y el magisterio escogieron al final a dos: Jorge García Granados y Juan José Arévalo. Escogieron al que consideraron con las mejores credenciales y que no pertenecía a ningún partido. Finalmente, escogieron de manera unánime al Dr. Arévalo, quien se encontraba en Argentina, y le mandaron un telegrama, y él aceptó la nominación de ser candidato a la presidencia, sabiendo los riesgos que ello implicaba. Su arribo a Guatemala fue sensacional.
Ahora, toca a toda la oposición consciente que, para salir del dicho pacto, deberá unirse y seleccionar al candidato único con las mejores credenciales, y sacrificar los egos para que todos los sectores populares apoyen al candidato que resulte seleccionado por la general para ganar las elecciones.
Por supuesto que los del pacto entienden que llevan las de perder y por eso harán todo lo posible para que no se celebren las elecciones. Cuando la oposición se enteró de que Ponce Vaides no iba a respetar el resultado de las elecciones, fue cuando Jacobo Arbenz convenció a los jóvenes oficiales de dar un golpe militar en la Guardia de Honor contra los generales, que triunfó.
Ahora hay que luchar porque esta democracia de fachada nos garantice el libre ejercicio del voto para las elecciones venideras. De alguna forma, los liderazgos y el candidato único deberán enfrentar a los delincuentes del pacto, al tiempo que deberán persuadir a la oligarquía del G-8 de que es tiempo que acuerpe la consolidación de la democracia, como cuando dio su apoyo al Dr. Arévalo en 1944 frente al poder omnímodo de los generales. Y generó un paro general del empresariado en favor de la democracia y de las elecciones. Y se unió al golpe en octubre.
Es tiempo de unir fuerzas ante la intimidación de los delincuentes de siempre, que van a seguir amenazando nuestra democracia y no hay que consentirlos. Todo lo contrario. ¡Viva la unidad!
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