El deporte que nos une, pero también humilla

Carlos Morales Monzón

junio 11, 2026 - Actualizado junio 10, 2026
Carlos Morales Monzón

El deporte de las masas, como algunos suelen llamarle al fútbol, está de fiesta nuevamente. Esta vez con tres países sede para la gran celebración que empieza hoy en México. Pero esta vez, la gran fiesta se ha convertido en campo de batalla, en empresa explotadora y en cómplice de la exclusión y el racismo.

La desorganización reina y, por supuesto, no puedo pensar otra cosa más que la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) es la responsable de todo y, en algunos casos la principal cómplice. En eventos de esta magnitud todo es previsible y, aunque pequeña, todos los equipos que llegan con su invitación ganada a pulso tienen alguna posibilidad de resultar ganadores del máximo trofeo.

Pero resulta que la situación se ha tornado diferente y tal parece que nada se previó. Y si se hizo, todo apuntaría entonces a que la FIFA actúa con premeditación y ventaja.

La selección iraní, que debe jugar en Los Ángeles y Seattle su fase de grupos, no pudo hospedarse en territorio estadounidense por prohibición con origen político. Claro que el país anfitrión tiene derecho a limitar el ingreso a su territorio a quien se le pegue la gana. Pero en una justa deportiva, donde debe reinar la hermandad y la paz, eso debió preverse. Incluso planear la final para ser jugada en Estados Unidos debió pensarse para otro escenario, pues en el futbol las posibilidades existen y quien dice que, de repente, Irán podría ser uno de los protagonistas de ese partido.

La culpa de todo, para mí, la tiene la FIFA y su presidente que le anda coqueteando a todo mundo en su juego político y le importan un bledo sus asociados, porque nunca debió permitir que al equipo iraní lo trataran como lo están haciendo.

Y ese no es el único caso lamentable. Y no porque esté defendiendo a esa selección sino porque me parece que se está actuando mal y porque si no les parecía que llegaran a Estados Unidos, nunca los hubiesen dejado participar para una copa en la que existía la posibilidad de que ese país le tocara jugar en territorios del tío Sam.

Al fotógrafo oficial de la delegación de Irak también se le trató inhumanamente. Sin explicaciones y sólo diciendo que, por preocupaciones de evaluación de seguridad nacional, lo retuvieron por más de 10 horas en un aeropuerto de Chicago y luego lo deportaron a su país.

Casos similares sucedieron con otros miembros de esa delegación. No hubiese sido mejor que el señor Infantino, en lugar de andarse riendo como Mr. Bean y regalando copias de la copa del mundo dentro del mundo político, advirtiera estas situaciones y hubiese buscado una solución menos humillante para los socios de la FIFA.

El peor de los casos fue el del árbitro somalí, Omar Ardan, a quien le negaron la entrada y lo deportaron. A caso en el país más poderoso del mundo no existen los recursos para controlar, sin dejar huella, a sus visitantes. En realidad, la FIFA pudo con mucha anticipación prever todo esto y evitar molestias a las distintas delegaciones.

Claro que sí se sabía que Somalia es uno de los países dentro de una lista negra para los estadounidenses, la FIFA vuelve a tener culpa grande en la escogencia de Ardan. Para qué lo eligen si hay expresa prohibición para que los somalíes ingresen a tierras del tío Sam.

Pienso que la FIFA está haciendo gala de inútil y saca a flor de piel sus intenciones comercializadoras de un deporte que une masas. Infantino y su séquito pudieron evitar todos estos inconvenientes. Pudieron evitarle problemas a los estadounidenses que ahora son vistos como los malos de la película, pero en realidad, a mi juicio, la culpa es exclusiva de la FIFA y sus dirigentes que ya en varias ocasiones han dado muestras de sus prácticas corruptas e inhumanas.

Porque no es la primera vez. Ya en Rusia se vivieron escenas parecidas, aunque no tan extremas como las de esta vez.

Y si de sentido económico financiero se trata, las cosas se ponen aún más complicadas y criticables. La FIFA prohíbe que se usen términos como Copa del Mundo, Mundial 2026 y Mundial de Futbol, entre otros, si no se cuenta con derechos pagados. Hasta hace poco esos cobros eran una exclusividad para controlar las transmisiones radiales y televisivas. Pero hoy día la situación es para cualquier situación.

En México se amenaza a los comercios, principalmente aquellos que ofrecen comidas o bebidas, con imponerles multas altísimas si se atreven a facilitar imágenes de partidos del mundial a sus comensales. Claro que pueden hacerlo si pagan derechos.

Pareciera que ya no les es suficiente con las millonarias cuotas que imponen a las cadenas internacionales de radio y televisión para poder transmitir partidos.

Y la historia seguirá así y peor. Sí, así será si nadie pone el grito en el cielo y se exige mayor transparencia para este tipo de eventos. Pero como don dinero está de por medio, los que pueden y lo tienen aprovechan para explotar a los que no y necesitan entretenimiento.

La historia se repite en todos los campos de la vida. El dinero, el poder y la política dominan y hacen lo que se les ronca la gana con los ciudadanos de a pie, que somo mayoría.

Periodista y Profesor Universitario

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