Egipto impresiona por su pasado y futuro

Fernando González Davison

junio 2, 2026 - Actualizado junio 1, 2026
Fernando González Davison

Quién hubiera creído que yo estaría escribiendo este testimonio entre los trinos y el sonido del agua de dos fuentes que están a mi lado en el jardín del hotel donde nos alojamos bajo el celeste cielo de Luxor, donde están las bellas y magníficas ruinas de Tebas. Observo el sol naciente y la luna al amanecer entre el viento fresco matinal y el remanso del Nilo al frente. Sus aguas se canalizan en acequias para producir vegetales y frutas en la tierra negra (que es lo que significa Egipto) dando vida al trabajo agrícola, en contraposición al desierto  calcáreo que domina sus riberas apacibles, los burros jalando carretas que portan bananos, guayabas, manzanas, mangos… Acá en los mercados hay un reguero de frutos del campo verde más allá de la imaginación, el trigo, las lentejas, la cebada, el azúcar, los dátiles… Mientras exista el Nilo habrá vida y sosiego en estos lares para sus pobladores sin excepción, eso sí las guerras de Israel no los arrastra al caos como pasa ahora en Medio Oriente.

El viaje comenzó a fines de abril de este año al aterrizar en Cairo a eso de medianoche y tomamos con mi esposa un taxi contratado al interior del aeropuerto hacia el hotel donde había hecho una reserva. Decidimos hacer este viaje a pesar de los ecos de las explosiones de misiles y metralletas que provenían de esa guerra absurda contra Irán y Líbano en la que Netanyahu involucró a la Casa Blanca y que su inquilino ahora trata de salvar la cara ante la derrota con una negociación… Y es que las guerras no tendrán fin, me digo, mientras escucho el canto saltarín del agua que sube y cae de la fuente.

        Comenzamos en Alejandría fundada por el Gran Alejandro. Partimos en auto del Cairo y nos  asombran sus anchas carreteras de tres carriles de ida y vuelta en un viaje de cuatro horas ida y vuelta, donde se observa el emporio agrícola a ambos lados del Nilo con un verdor propio de un país tropical. Su gran producción agrícola era la que sustentaba a Europa en tiempos antiguos y presentes con  variedad de alimentos. Razón por la cual Julio César llegó a Egipto para asegurar el envío del trigo egipcio, donde pudo conocer y casarse con Cleopatra en Alejandría. Allá imaginamos frente al oleaje marítimo del Mediterráneo el gran faro y la gran biblioteca hace más de dos mil años llena de intelectuales con el acervo de casi toda la cultura del mundo antiguo en millones de papiros escritos en variedad de lenguas que contenían los preciados logros del hombre antiguo.

    En El Cairo visitamos las mezquitas y el principal templo coopto que tiene un templo cristiano con una cavidad donde se dice que llegó María y José con el niño Jesús cuando los recién nacidos eran perseguidos en Israel por el cruel Herodes. Pero lo más espectacular fue el novísimo y ciclópeo museo ubicado entre las grandes pirámides de Keops.  ¿Qué más puedo agregar? Allí escuché los ecos de los pedreros, de los escribas hermanos con esa gana de contar historias, anécdotas de faraones, ingenieros-religiosos, nobles. Hace más de cuatro mil años los trabajadores rurales, luego de sembrar y cosechar, disponían de varios meses de tiempo libre (o muerto) y se convertían en voluntarios para hacer grandes obras que honraban a sus dioses a cambio de comida, salario, buen trato laboral y cuidado médico pues los accidentes se sucedían al llevar grandes bloques de granito para construir majestuosos templos y pirámides enormes, colosales estatuas… Aún ahora no se sabe a ciencia cierta cómo fue posible transportarlos y menos aún cómo llevarlos hasta arriba en obras que nos dejaron pasmados. Qué grandes ingenieros-arquitectos con una visión del mundo entre las estrellas y los sueños y no digamos el espíritu de los obreros que hicieron posible concluir tan perfectas pirámides en bloques de diez, de tres y de un metro cuadrado, la más grande con más de dos millones de bloques que forjaron el triángulo perfecto en la de Keops.

    Alejandría y El Cairo son grandes urbes llenas de contrastes de modernidad y tercermundismo, grandes autopistas, muchos edificios que no terminan de construirse para no pagar altos impuestos, aunque se alquilan sus pisos construidos. Tienen   bellas mezquitas y edificios añejos de inicios del siglo XX, mayormente construidos en Alejandría por europeos, pues cerca estaban los negocios que atravesaban el Canal de Suez. El descuido con la limpieza es un rasgo general inveterado, aunque eso no se ve en Luxor, donde ahora continúo escribiendo mi testimonio de este viaje.

       Aún estoy en este jardín bajo el sonido de las fuentes mágicas. Se me pasó por alto comentar  nuestra visita al desierto en Memphis, cerca de El Cairo, donde quedamos maravillados en plena arena del desierto al contemplar la primera pirámide perfecta que se construyó. Está en Saqqara, tan refrescante a la vista a pesar del intenso calor seco de lo que fue la gran ciudad de Memphis que podría decir era majestuosa. Agradecimos al Más Alto por el privilegio de contemplarla.

   Luxor está muy al sur del Cairo a una hora y pico en avión.Conocimos los templos de la antigua Tebas aquí en Luxor, considerada la capital del mundo que alabó Homero, Heródoto y otros griegos antiguos, donde están las colosales columnas de poder de los faraones   y altísimo cuerpo entero de Ramsés. Esa grandeza habrían de copiar los griegos, cuyos filósofos aconsejaban  a los jóvenes a aprender de los sabios egipcios. Tebas fue la magnífica ciudad más espléndida del mundo antiguo por más de mil años y cuya grandeza se extendió a Sudán y Medio Oriente hacia 1500 a.c. Aquí están sus grandes colosos de piedra. También está el Valle de los Reyes  con sesenta tumbas funerarias de faraones, más el templo-tumba de   la mujer faraón Hatshepsut. Ella  estuvo en el poder más de veinte años y llevó la prosperidad como nunca a su nación. El templo donde yace es de tres pisos incrustado en una montaña de piedra: de unos doscientos metros de largo rectangular, perfectas columnas alineadas de sostén, pinturas de mujeres firmes con sus senos expuestos en su interior. Tebas dispone  de una calle empedrada con cuerpos de cabras esculpidas en granito una detrás de otra y así por tres kilómetros. Hay otros templos casi todos con jeroglíficos de colores que narran la historia de faraones y sacerdotes-arquitectos que detentaron tanto poder como el faraón. También está el Valle de las Reinas, donde sobresale con mucho la tumba de Nefertiti, la gran esposa de Ramsés, que es la más amplia y bella pues es un templo subterráneo que considero la Capilla Sixtina de aquellos tiempos.

    Nace el Nilo en las cataratas del lago Victoria al centro de África y da vida a todo lo que inunda y enriquece a los nubios y otros pueblos debajo de Egipto donde se construyeron antiguas pirámides de terracota. Allí ahora azota la guerra en Sudán por la avaricia de los magnates occidentales que se pelean por sus recursos naturales afectando y matando a tanta gente inocente como sucede en la demolida Gaza y partes de Líbano por obra y gracias del vil Netanyahu. A este y al inquilino en la Casa Blanca las redes sociales árabes les han puesto motes feos ya que en  este país no se les puede decir su nombre en internet, pues es una dictadura militar ligada financieramente a Estados Unidos.

    Qué vastedad la que contempló Napoleón ante las pirámides de Keops y pensó en Alejandro Magno cuando fue investido como faraón y, luego, extendió el poderío griego hasta el Ganges. Seguro que allí el futuro emperador deseó ocupar toda Europa. Pensar en grande ante la gran Esfinge como los antiguos… Al sur, Luxor es un paraíso en medio del desierto gracias a ese gran río imperturbable y magníficamente ancho, el más largo del mundo, que es el gran Nilo.

Qué diestros mineros, mamposteros, canteros o picapedreros para cavar tumbas, para dividir bloques inmensos de granito. Qué grandes artistas y escribas, quienes nos dieron tanto arte que aún nos deslumbran. Y nos queda pendiente hablar de Asuán y del mar Rojo…

PD. Egipto es un país muy parecido a México en tamaño poblacional y económico con 120 millones de habitantes en un territorio de un millón de kilómetros cuadrados donde un tres por ciento de su población vive en las márgenes del Nilo. Es una sociedad joven, con variedad de costumbres. Diez por ciento de cristianos cooptos, el resto musulmanes que creen en el Islam (que se traduce en monoteista) y en el Corán (que significa lectura o recitación), que sirvió a Mahoma para persuadir y luchar contra las tribus idólatras de su región para que se rindieran ante el Dios único en el siglo VII de nuestra era, en el que creían también judíos y cristianos.

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