El padrón electoral es una de las principales herramientas que tiene un país. Contiene los datos esenciales que constituyen la identidad de todos los guatemaltecos que cumplen con los requisitos para el ejercicio del derecho al voto. En consecuencia, su principal garantía consiste en la preservación del padrón, que debe salvaguardarse a toda costa. Para ello, sus garantes son el RENAP y el TSE.
Ahora bien, en junio de 2024, el MP, al ordenar el secuestro del padrón en el marco de la persecución al extinto Movimiento Semilla, violó de manera flagrante el adecuado cuidado de esa vital herramienta. Después de diversas expresiones públicas, nunca quedó debidamente aclarado qué sucedió durante el tiempo que el padrón estuvo en manos del “órgano de investigación criminal” y quedó fuera del ojo del Tribunal Supremo Electoral.
Ahora, que se ha iniciado el proceso con vistas a la elección de la nueva cohorte de magistrados del órgano electoral, uno de los desafíos centrales de la nueva gestión a partir de marzo 2026 debe ser llevar a cabo una auditoría del padrón electoral; proceso sumamente especializado que conlleva tiempo, y recursos que probablemente no hayan sido ni siquiera previstos en el presupuesto del TSE. Pero lo esencial de ese proceso consiste en determinar el estado del padrón y precisar, en caso de afectación, la gravedad de la situación. En la última auditoría del padrón, llevada a cabo hace más de una década por un equipo especializado de expertos nacionales e internacionales, liderado por la Dirección de Incidencia Pública de la Universidad Rafael Landivar, se plantearon una serie de recomendaciones para la mejora del padrón, dado que, aunque pasaba las pruebas básicas de confiabilidad, también afrontaba tareas pendientes. Es probable que, a la fecha, la herramienta presente más pendientes; sumado al despropósito del secuestro sucedido el año pasado.
Llevar a cabo unas elecciones generales, como las que se avecinan para el 2027, con un padrón no confiable sería grave. Al ser la principal pieza del engranaje electoral, cualquier fallo en su interior implica un grado de fragilidad de consecuencias impredecibles. El registro de los electores es esencial, por lo que la certeza y calidad de los datos ingresados en el mismo deben ser cuidadosamente manejados.
Diversos son los factores que pueden vulnerar electoral padrón electoral, desde que algunos de sus datos caigan en malas manos, hasta el subregistro de los electores. Menuda complicación tenemos ya con el hecho que al menos 1.5 millones de guatemaltecos aptos para votar no se han logrado empadronar (tendencia que no ha logrado acortarse en la última década, pese a los muchos recursos utilizados en las campañas de empadronamiento), como para que ahora asomen otros desafíos producto de la vulneración cometida, aparentemente por el MP, aspecto nunca antes experimentado en el país.
Los profesionales que se apunten a competir por integrar el pleno de magistrados del TSE deben estar sabidos que les toca, si y solo así, afrontar diversos retos, desde recobrar la credibilidad en el órgano electoral, recuperar su independencia, especialización y rectoría electoral; hasta implementar la totalidad de las reformas aprobadas en 2016, varias de las cuales aún forman parte de la lista de pendientes, pasando por sanear el padrón electoral, modernizar la institución, descontaminar las diversas estructuras que la han contaminado, entre otras. Como ciudadanos nos corresponde vigilar que todas esas tareas sean cumplidas a cabalidad.
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