¿Quién es Estanislao Tamagás?

Hace falta tanta educación sexual en el país, plagado de femicidio, de embarazos no deseados de mujeres y de niñas. Aun así, los defensores de la impunidad en alianza con los mojigatos de la moral rechazan la educación sexual. Criminalizan más el aborto que las violaciones. Y no se inmutan ante el embarazo infantil.

Jaime Barrios Carrillo

abril 19, 2026 - Actualizado abril 16, 2026

Imagen Facebook Fundación Sobrevivientes

Los días no pasan en vano y el recuerdo de los sucedido el 22 de junio del año 2019 en la población de mayoría maya de Joyabaj, departamento de El Quiché, no debe ser olvidado. Es un caso entre muchos. Sucedió y ha seguido sucediendo en todo el país guatemalteco.

El crepúsculo caía, pero las calles estaban llenas de gente que caminaba hacia el templo católico, restaurado por fin después de las destrucciones del terremoto del 4 de febrero de 1976. Fueron migrantes de la localidad los que hicieron la gran colecta en Estados Unidos para devolverle a la edificación su magnificencia. Muchos han migrado buscando el sueño americano, huyendo de la pobreza. Pero no dejan de lado a su terruño. La gente de Joyabaj no olvida tampoco los años del conflicto armado, cuando los patrulleros de autodefensa cometían abusos que fueron desde violaciones de mujeres hasta asesinatos de féminas. También pasaron por  ahí los sangrientos kaibiles del ejército. En toda Guatemala se sembró la cultura de la violencia y seguimos viendo sus nefandos frutos.

Aquel día de junio del 2019 era festivo. Día del amor que brota del corazón de Jesús, según la tradición católica. La niña María Lares Saquic y su familia llegaron a la iglesia iluminada por docenas de velas. Adentro se oían los cantos de los fieles. Fue en las afueras de la iglesia donde la niña fue vista por última vez con vida. Se supo que dos hombres jóvenes la molestaban y que uno le arrebató su rebozo y salió corriendo. Ella lo persiguió alejándose del templo, de la seguridad de sus familiares, de la  celebración religiosa.

No apareció sino hasta cinco días después, en un recodo situado no más allá de un cuarto de hora de caminata. Su cuerpo desmembrado estaba en un costal con evidentes señales de abuso sexual. Terrible suceso en la oscuridad aledaña del pueblo. En la simbólica oscuridad, por extensión, de todo un país donde, y en palabras del más grande escritor de Joyabaj, Francisco Méndez, «en cuanto oscurece vienen los murciélagos y se comen a los ángeles. Los murciélagos son los ángeles del Enemigo». (Cuentos de Joyabaj, «Trasmundo»).

Los culpables resultaron ser dos jóvenes, oriundos del lugar, casi adolescentes por las fotos de la prensa. Sus nombres: Julián Lares Quino y Pedro Velásquez Xaper. El primero lleva el mismo apellido de la víctima. ¿Estarán emparentados? 

La justicia se logró en este caso. Ambos fueron encontrados culpables por un tribunal competente con base en pruebas concluyentes, peritajes y la declaración de un testigo clave. Un caso resuelto entre miles que permanecen impunes. Asesinos, violadores y maltratadores andan sueltos, defendidos por el sistema que fundó simbólicamente un tal Estanislao Tamagás. Este fue un triunfo para la justicia que honra a la víctima y a su familia. Como el pequeño paso en la Luna del astronauta Neil Armstrong-literalmente Brazofuerte-  que dijo que era un paso pequeño para un ser humano pero grande para la humanidad, así esta pequeña luz encendida por la justicia es un paso para un país bastante sumido en tinieblas. El brazo fuerte de la justicia resulta un alivio en la Guatemala del infanticidio estructural. Hace falta tanta educación sexual en el país, plagado de femicidio, de embarazos no deseados de mujeres y de niñas. Aun así, los defensores de la impunidad en alianza con los mojigatos de la moral rechazan la educación sexual. Criminalizan más el aborto que las violaciones. Y no se inmutan ante el embarazo infantil.

Sabemos quiénes fueron los asesinos y violadores de la niña María Lares Saquic. Pasarán toda su vida en la cárcel. Dos vidas jóvenes desperdiciadas. Y una niña  malograda a la que solo se le permitió vivir diez años en La Tierra. Iba a la iglesia y terminó en la nada. Pero, ¿quién es Estanislao Tamagás?

Se trata de un personaje del relato «Torotumbo» del libro Week end en Guatemala (1955) de Miguel Ángel Asturias. Este libro ha sido recientemente publicado de nuevo por el Fondo de Cultura Económica dentro del proyecto de distribución gratuita y masiva en toda América Latina “Colección 25 para el 25”.Asturias preconiza en ese texto la tragedia del femicidio, de las violaciones de niñas, la hipocresía de un sistema que proclamando el bien en nombre de Dios hace el mal.

Estanislao Tamagás –apellido que recuerda a la serpiente- es miembro del Comité de Defensa contra el Comunismo. Se dedica a alquilar disfraces para convites y fiestas como la de Morenos. La acción se desarrolla en 1954, después del derrocamiento del coronel Árbenz. Llegan a su establecimiento dos hombres aldeanos a alquilar disfraces, acompañados de la pequeña hija de uno de ellos, Natividad Quintuche.

Tamagás, en la visión del católico Asturias, es la serpiente bíblica. Natividad simboliza el nacimiento sagrado de Jesús. Los alquiladores de trajes se marchan, pero olvidan a la niña de siete años, descubierta por Don Estanislao que la viola y le quita con crueldad la vida a la infante. Después del brutal crimen todo se acelera. El padre regresa a preguntar por su hija. Don Estanislao se fuga por el techo y finge luego llegar a la casa. Ha dejado a la niña muerta tirada en el suelo, cubierta con un disfraz de “Carne Cruda” que representa al Diablo. Don Estanislao con la ayuda del padre Berenice, que simboliza el credo más reaccionario y antidemocrático, montan un show para engañar a la familia de la víctima y a toda la comunidad. Fue el Diablo quien violó y asesinó a la niña y el Diablo es el comunismo. Así pretenden dejar el crimen impune, además de engañar al pueblo.

El relato «Torotumbo» está cargado de simbolismo y de rasgos de la cultura y la sociedad guatemalteca. Sin duda Asturias predijo lo que podía pasar, y pasó, en Guatemala. El país de la Fundaterror, lleno de impunidad, de Estanislaos, de falsos religiosos o lobos vestidos de ovejas. La perversión de lo divino y la justicia terrenal. El país representado en una metáfora del antropólogo norteamericano Richard Adams como “crucificado por coroneles y licenciados”. Se ha dicho de este relato de Asturias: «Un hecho concreto -la violación y asesinato de una niña- sirve de detonante para que el autor muestre la realidad social y política de lo que observó en su época y que sigue siendo desgarradoramente real.»

La niña Natividad Quintuche puede ser la misma niña María Lares Saquic de Joyabaj. Es más, son las miles de niñas y mujeres violadas y asesinadas en el país, dentro del cuadro trágico del patriarcado racista y brutal. Los cuatro lados del cuadrado pernicioso donde se agrede a las mujeres son racismo, femicidio, pobreza y abusos sexuales.

No resulta fácil ser niño en la Guatemala infanticida, ni tampoco ser padre. Las estadísticas de la muerte, la violencia, la desnutrición y la falta de escolaridad son dolorosas y asimismo concretas comprobaciones que el sistema social y político de Guatemala está fallando; es más, en varios aspectos ha colapsado.

Los padres pobres ven con aflicción la enfermedad de sus hijos, la falta de medios para una infancia feliz, la falta de distracciones y juegos, la carencia de seguridad social, las violaciones, la muerte prematura. Mientras al Pacto de Corruptos acumula millones sustraídos de las arcas del Estado, disfrazando de legalidad sus delitos gracias a una Fiscal General corrupta y jueces que cometen descarados prevaricatos. Los del Pacto estigmatizan también con la palabreja chairo al que se atreva a denunciarlos o criticarlos. ¿Era chairo Asturias?

Conviene recordar el pensamiento del filósofo francés George Bataille sobre el mal y la literatura. El mal como ausencia del bien. Como extremo distorsionado de la moral. Asegura Bataille: «El sadismo es verdaderamente el Mal: sólo nos hallaremos ante el verdadero Mal, el Mal puro, si el asesino, dejando a un lado la ventaja material, goza con haber matado.»

El juicio y condena de los asesinos de la niña de Joyabaj, que simboliza trágicamente a la martiana «Niña de Guatemala», es una victoria de la razón y del bien común frente a la sinrazón de la injusticia, la mentira ideológica, la desinformación y la propaganda antidemocrática  que hace apología del crimen. O lo niega. O lo protege, dejándolo impune. Solo educación integral y justicia en todas sus dimensiones sacarán de la historia a los Estanislaos. El sistema está podrido y urge que florezca uno nuevo. Flores en lugar de tamagás.

La Asociación Alianza participó en este proceso penal del infanticidio en Joyabaj como querellante adhesiva y públicamente recalca que la violencia contra la mujer, de cualquier edad, constituye una grave violación de los derechos humanos.

Es preciso recordarles a los negacionistas del femicidio en Guatemala que éste constituye un delito cuya esencia es el asesinato de una mujer por el hecho mismo de ser mujer. Es decir, deliberado por la condición de género de la víctima. Es el caso de la niña  indígena María Lares Saquic de Joyabaj. Ante la brutalidad machista y el desprecio racista en el país de los antiguos mayas, conviene recordar un viejo y poético proverbio persa: «No hieras a una mujer ni con el pétalo de una rosa».

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