Según se dice, después de Camboya, el segundo lugar en muertos desconocidos en fosas comunes, en el mundo, es España ¿quién lo diría…?
Claramente, todo deviene de la guerra civil que acaeció entre el 1936 y el 1939 del siglo anterior y, también, a la posterior dictadura que, a partir de entonces, se instauró por espacio de 40 años; tan sanguinaria la guerra como la dictadura.
Después de tantos años, porque ya van más de 40 de apertura democrática, es decir después de 90 años el drama persiste, y si esto es así es porque cada muerto vale el mundo entero, porque en cada muerto se encierra la plenitud del mundo; sin embargo, hay nombres (que no hombres) que suenan y resuenan más que otros, y eso, justamente, es el nombre de Federico García Lorca para el caso español ¿qué duda cabe…?
La sublevación en contra del gobierno de la república sucedió en julio de 1936 y a Federico García Lorca lo asesinaron en agosto de ese mismo año (este año se cumplen 90 años), a partir de ese dato, solo, puede entenderse lo importante que era eliminarlo, borrarlo, desaparecerlo.
Al mes siguiente de la sublevación, el poeta, ya había sido asesinado, sin que hubiera participado en ningún grupo político, lo cual es algo bien sabido, incluso, son conocidos los roces con Rafael Alberti, por su negativa a la insistencia de éste, para se comprometiera más, en este caso, para que se afiliara al partico comunista; Federico García Lorca nunca se afilió a ningún partido político.
Federico García Lorca nunca quiso embarrarse con las discordias ni con las hipocresías ni con las violencias de la política ¿por qué lo asesinaron, entonces…? Alguien muy conocido, y de cuyo nombre no quiero acordarme, palabras más, palabras menos dijo: “su muerte fue algo relacionado con revoltosos y hay muertes que son accidentes de la guerra”.
Rojo, masón y maricón, todo lo cual pudo ser sobrellevado, sublimado, olvidado, perdonado, al no ser político, tal vez.
Pero además Federico García Lorca era un escritor de poesía, de escenas teatrales y, acaso, de lo que hubiese querido, si hubiera tenido más tiempo (fue asesinado a los treinta y ocho años); sin embargo, Federico García Lorca, más allá de todo eso, era un escritor que había alcanzado la gloria, y eso produce muchas alergias: se dice que la gloria produce amigos, eso es mentira, en todo caso, la gloria produce admiradores, ¿pero amigos…? lo que sí es seguro es que la gloria fabrica enemigos en serie, lo que más produce la gloria es muchos enemigos.
Si alguien se atreviera a preguntar ¿quién mató o mandó matar a Federico García Lorca…? Estaría formulando la pregunta más difícil y fácil de contestar, porque eso es algo que nadie sabe y, a la vez, algo que todo el mundo sabe, toda vez que para unos y para otros, para propios y para ajenos, para rojos y para falangistas, para admiradores, amigos y enemigos, no hay nada tan peligroso como la pluma, como la pluma más afilada; ninguna arma blanca o de fuego o de destrucción masiva es tan peligrosa como la pluma más afilada, y la mejor prueba de eso es la muerte de Federico García Lorca, cuyo cadáver nunca ha sido encontrado.
La muerte de Federico García Lorca es la frontera, es el confín que separa de la vida a todos los muertos que no han encontrado un lugar en donde descansar, a todos los muertos que no han sido encontrados, a todos aquellos que han desaparecido de la faz de la tierra sin que su cuerpo haya podido ser contemplado, lavado y despedido por quienes lo amaron en este mundo.
Federico García Lorca es un astro que brilla en medio de la oscuridad de la muerte, como la luna.
El primero de los poemas de su “Romancero gitano” es el “Romance de la luna, luna” que, entre otros versos, contiene estos: “…Por el cielo va la luna / con un niño de la mano…
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