La invención del Renacimiento

“Nuevas cosas surgían de antiguas con otra visión”, Adam Gopnik.

Fernando González Davison

abril 19, 2026 - Actualizado abril 18, 2026

El siglo XIX inventó el Renacimiento que trajo consigo el pasado greco-romano como un legado del cual Europa se sentía heredera y como un imaginario para afianzar la visión de modernidad del arte y la ciencia. El arte podría dar un sentido de vida semejante al que daban las religiones, en medio de la pujanza económica de la revolución industrial. Esa ilusión venía del ´siglo de las luces´ en donde el arte y la ciencia parecían el motor del ´progreso´ material con la razón como bandera. Adam Gopik en su ensayo “¿Fue el Renancimiento real?” publicado en inglés en The New Yorker en 28 de julio de 2025 hizo un análisis en el cual trae la obra de Walter Peter “El Renacimiento”, que en 1873 descubrió el Renacimiento tal como ahora lo contemplamos, mientras el arte y la ciencia rivalizaron con la fe religiosa para entender mejor qué hacemos en este mundo.

El Renacimiento fue un renacimiento del pasado clásico que surgió a fines del medioevo en tiempos violentos, más como un consuelo que un renacimiento. No fue una época dorada, sostiene el suizo Bernd Roeck, de la Universidad de Zurich, pues se fue desarrollando en medio de las guerras de la reforma protestante, de la contrarreforma católica y el barroco, según narra en su obra “Guns, Germs, and Steel”. Muestra que la celebración del día del cumpleaños fue un signo del individualismo que surgió en esa época, en la cual hubo unos fríos años glaciales que provocaron la destrucción de cosechas y hubo hambruna en el Viejo Mundo. La modernidad estética y la ciencia nacían entre esos escollos, no nacían en medio de la belleza de un orden especial sino en un marcada alteración de la vida diaria en aquellos pueblos pobres donde se elevaba una ambición intelectual y artesanal en una competencia singular entre los actores que esculpían, pintaban, diseñaban, componían, escribían.

Hay un sentido de equipo, de comunidad democrática en las aldeas y ciudadelas. Ese equipo, por ejemplo, ayudaba para hacer los lentes para un telescopio en medio de una revolución científica donde la vanguardia la llevan los pintores: Leonardo describe la pintura “como una sutil invención que, con filosofía y especulación, considera la naturaleza en todas sus formas”. Sus principios son la curiosidad, la demostración, las sensaciones, la comodidad con la paradoja, el equilibrio entre el arte y la ciencia, el mantenimiento de un cuerpo y una mente sanos y el reconocimiento de la interconexión. Da la impresión, dice Roeck, que si bien la necesidad es la madre de las invenciones, el caos podría ser el padre, pues se vivían en tiempos de convulsos.

En 1500 se presagiaba como el año del fin del mundo. Empero, no se imita, se va a la innovación. Así surge el Renacimiento. Queda pues la esperanza que del caos que ahora reina en el planeta surjan innovaciones positivas para el desarrollo humano con esa fe inagotable que ha hecho avanzar al hombre al punto que algunos lo consideran el homus deus que podría estar pasándose el límite…

Los avances en el Renacimiento eran obvios, pero para Roeck las artes visuales tan solo ilustraban los cambios intelectuales, sin ser los motores de esos cambios. Gopnik  afirma que, por el contrario, eran los pintores los agentes de ese cambio con sus nuevas técnicas: perspectiva lineal para el espacio, perspectiva aérea para la distancia, precisión anatómica… Mientras la medicina y filosofía parecían estáticas, sigue Gopnik, la pintura fue energizada por un poderoso sentido del progreso tecnológico. Esto fue posible para Fra Angelico en Florencia en el siglo XV o al inicio del siguiente para Miguel Ángel que pintó la Creación de Adán, sin precedente en cualquier área en Europa. La pintura eclipsó a la ciencia y a la filosofía, nos dice más de la época que cualquier otra materia. Las obras de Botticeli no necesitan traducción, allí está revelada “La primavera”, “El nacimiento de Venus”. Los pintores toman lo que deseaban del pasado, E innovaron e hicieron lo que querían con su imaginación. “Nuevas cosas surgían de antiguas con otra visión”, dice Gopnik.

En literatura el testimonio personal de su vida de Michel de Montaigne dio la pauta en tanto que persona individual que confiesa sus temores, dudas y deseos con cierta ironía como si estuviera ante un moderno psiquiatra. Era parte de ese elán plural. En un mundo donde predominaba el latín en la academia, Dante y Petrarca escribieron en su lengua nativa.

El Renacimiento, sobre todo en el siglo XV, nos dejó una transformación radical del arte, la ciencia y el pensamiento humanista, centrada en la revalorización del cuerpo humano y la perspectiva lineal. Florencia transformó la estética y el pensamiento europeo a través de sus grandes maestros que nos invitan a transformar e innovar, incluso en medio del caos y las guerras.

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