Memorias de un abogado

En su exilio, José Milla y Vidarre experimentó la riqueza literaria y cultural de Europa. Esto se refleja también en Memorias de un Abogado, abandonando la narrativa histórica.

Jaime Barrios Carrillo

septiembre 27, 2026 - Actualizado septiembre 26, 2026

Después del retorno de su exilio europeo, José Milla y Vidaurre (1822-1882) publica en Guatemala la novela Memorias de un abogado (1876), escrita en París. Un año antes había recibido el encargo de una Historia de la América Central para el gobierno liberal de Justo Rufino Barrios. Walter A Payne, biógrafo de Milla, señala que el régimen pretendía consolidar la idea de la nacionalidad por medio de una historia del Istmo, lo que iría en concordancia con el futuro proyecto de la unión centroamericana.

Milla es integrado también al Diario de Centro América fundado en 1880 por el ciudadano británico Marco J. Kelly con apoyo del gobierno liberal. Al gobierno le convenía más un Milla que trabajara en un proyecto oficial y no alguien que criticara al régimen por la prensa. La situación económica de Milla era además difícil, lo fue durante su vida señala Payne, y aceptó la oferta de los liberales.

El dilema ideológico de Milla constituye un capítulo singular en la historia política y literaria de Guatemala: en su juventud, se alineó con el movimiento liberal y formó parte de un triángulo lírico de jóvenes poetas con sus amigos José Batres Montúfar y Juan Diéguez Olaverri. Pero Batres falleció muy joven y Diéguez fue obligado a exiliarse en Chiapas perseguido por el gobierno conservador de Rafael Carrera. A Milla se le debe en buena parte la conservación de la de Batres Montúfar y de Diéguez Olaverri.

Milla logró hacerse escritor profesional durante el período conservador, 1838-1871, escribiendo en los periódicos permitidos, ejerciendo cátedra y haciendo trabajos específicos para el gobierno de Rafael Carrera. Llegó a ser consejero del mandatario vitalicio Carrera y fue enviado a Estados Unidos en 1858 a apoyar al representante de Guatemala, José Antonio de Irisarri, en el delicado asunto del filibustero William Walker que seguía amenazando a Centro América. Milla, junto al representante de Costa Rica Luis Molina, hizo un trabajo pionero de cabildeo o lobby. Se entrevistó con el mismo presidente Buchanan, con el objetivo de que no se apoyara ninguna nueva expedición del filibustero que representaba los intereses esclavistas del sur. Walker perdería en l860 todos sus apoyos y los gobiernos centroamericanos unidos lograron finalmente derrotarlo.

Fundó José Milla y Vidaurre la revista «La Semana» en 1865 donde publicó por entregas tres novelas históricas La Hija del Adelantado (1866), Los Nazarenos (1867) y El Visitador (1867). Siguió a Manuel Montúfar Alfaro (1809-1857) que escribe la primera novela histórica guatemalteca, El alférez real (1858), publicada póstumamente y no se conserva en su totalidad. Usaba el anagrama de Salomé Jil.

El universo de Milla trasciende a su precursor, pero los une a ambos el escribir sobre temas históricos nacionales. Los personajes de Milla reflejan las contradicciones de una época de grandes asimetrías sociales e impregnada de dogmatismos religiosos. Luego vendrían los cortes de hacha del progreso impulsado por el liberalismo criollo.

Seymour Menton afirma que Milla «fue uno de los primeros autores de toda Hispanoamérica que cultivó sistemáticamente la novela histórica». En La hija del Adelantado se presenta por primera vez el mestizaje: la hija del conquistador Pedro de Alvarado es Doña Leonor, concebida con la princesa tlaxcalteca Xicotencatl.

El académico costarricense Manuel Antonio Barrientos Marín afirma que La hija del Adelantado «constituye una fuente de información fundamental para contextualizar los primeros intentos de construcción de la identidad nacional en Guatemala.»

Tras el triunfo liberal en junio de 1871, Milla sale al exilio en setiembre y se embarca a San Francisco donde toma un tren a Nueva York. La travesía en el ferrocarril le sirve para comenzar a escribir diálogos entre sus personajes Juan Chapín y Salomé Jil que darán origen al sorprendente libro Un viaje al otro mundo pasando por otras partes (1875). Pasa las navidades en Nueva York, permaneciendo en esa ciudad hasta junio de 1872 cuando se embarca a Londres y del puerto de Southampton toma un barco a Francia. En París consigue un trabajo en el «Correo de Ultramar».

En Un viaje al otro mundo pasando por otras partes se conjuga la crónica periodística con el relato de ficción, Luis Aceituno afirma que lo que más sorprende de Milla con este libro es su absoluta modernidad. ¿Cómo un escritor de costumbres y de nostálgicos melodramas coloniales pudo construir un libro tan inclasificable y singular?

En su exilio experimentó la riqueza literaria y cultural de Europa. Esto se refleja también en Memorias de un Abogado, abandonando la narrativa histórica. La trama de la novelaes la agitada vida de Francisco Roxel, acusado injustamente y condenado a muerte, pero salvado en último momento. Roxel decide estudiar derecho para formarse como un abogado con ética. Milla resalta la interpretación correcta de la ley frente a la arbitrariedad y la distorsión.    

Memorias de un abogado ha sido reeditado recientemente por la Editorial Piedrasanta. No es una novela biográfica sino una obra impecable de ficción. El joven Francisco Roxel ha perdido a su padre, y es entregado al cuidado de su tío Cristóbal que lo explota en su fábrica de telas y mantas.  

En otras de sus novelas encontramos, como algo recurrente, al personaje huérfano o abandonado por sus padres, por ejemplo, el cadete Gabriel Fernández en Historia de un Pepe (1882) que llega a saber que es hijo del bandido «Pie de Lana» y es obligado a perseguirlo. Milla mismo fue abandonado por su padre, el coronel hondureño José Justo Milla Pineda (1794)

El padre de Milla fue jefe de Estado de Honduras y obligado a un exilio definitivo en México en 1827 donde volvió a casarse tras la muerte temprana en 1828 de su esposa y madre de nuestro escritor, Mercedes Vidaurre. José Milla y Vidaurre fue creado por su tío Santiago Milla. Siendo adolescente fue acogido en el Colegio Tridentino por el canónico José María Castilla. Realizó luego estudios de abogacía en la universidad, pero los abandonó por su vocación literaria. El ensayista finisecular Salvador Falla le atribuye un «amor auténtico por la bella literatura.»

La extensa obra de Milla está principalmente enmarcada en la ciudad de Guatemala. Es uno de los primeros novelistas urbanos del continente. Seymour Menton se refiere a Milla como «el padre de la novela guatemalteca». Mentón no considera como tales a las novelas de José Antonio de Irisarri, El Cristiano Errante (1846) e Historia del Perínclito Epaminondas del Cauca (1863), sino las ve como textos autobiográficos y les concede apenas tener «elementos novelescos». Pero han cambiado mucho las teorías sobre la novela, por ejemplo, la llamada auto ficción se ha convertido casi en una moda en muchas partes.

Milla era un católico practicante, como Miguel Ángel Asturias quien también estudió derecho, pero nunca ejerció porque su vocación como la de Milla era la literatura y el periodismo. Asturias retoma el indagar la idea de nación. Gran lector de Milla califica la obra de éste como «hermosísima prosa». Resulta sorprendente la similitud de las frases iniciales de El Señor Presidente (1946)y de Memorias de un abogado de Milla publicada 70 años antes. Ambas novelas comienzan con una mención a los mendigos. La mendicidad en la tradición católica se vincula con la caridad que refleja el amor por el prójimo. Hay también una estigmatización de los mendigos, vistos como lo más bajo de una sociedad asimétrica. La enorme desigualdad social hace que los mendigos resulten inevitables en Guatemala.

Luis Cardoza y Aragón en Guatemala, las líneas de su mano (1955), habla de un Milla que está en lo nuestro «observando, estudiando, fabulando», Cardoza lo llama “El gran abuelo” de las letras nacionales.

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