Memorias y anécdotas: El Premio de cuento Carlos F. Novella

Uno de los concursos de literatura más importantes del país fue el premio que patrocinó Cementos Progreso por medio de la Fundación Carlos F. Novella. Se desarrolló en la década de los años noventa del siglo pasado.

Max Araujo

julio 27, 2025 - Actualizado julio 26, 2025

Corría el año 1989 cuando recibí una llamada telefónica de una asistente de la Gerencia de Cementos Progreso, quien me solicitó si podía conversar por esa vía con el Ingeniero Carlos Springmuhl Silva, Gerente en ese entonces de dicha empresa. Le respondí que con gusto, sin saber de qué se trataba el asunto.  Springmuhl me invitó a una reunión a la que asistí en la fecha convenida, en las instalaciones de “La Pedrera”, en la zona 6 de la ciudad de Guatemala. En esa ocasión estuvo presente también el licenciado Mario Montano Paz, personero de la Junta Directiva de esa empresa. Por recomendación de  Mario Monteforte Toledo me solicitaron que les apoyara en la organización de un concurso de literatura.  Monteforte les convenció de la importancia de apoyar a escritores guatemaltecos con estímulos económicos apropiados. Decidieron que un concurso era la mejor vía. Estos tres ilustres personajes, de los que tuve el privilegio de conocer su calidad humana,  ya fallecieron.  Cada uno, en su campo, dejó un valioso legado para Guatemala, que debemos reconocer y agradecer.

En nuestra primera plática decidimos un certamen de cuento. La novela por esos días contaba con un concurso, que con el patrocinio de Tabacalera Centroamericana que organizó la Fundación Guatemalteca para las Letras, de la que yo era miembro.  La poesía contaba con varios certámenes. Sugerí al Comité, que por su experiencia en esta clase de eventos, se invitara a las licenciadas Siang Aguado de Seidner y María Arranz, así como al gestor cultural Cipriano Fuentes, Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela. (Los últimos dos solo colaboraron en el  primer certamen). Mi recomendación fue aceptada. Fue así  que en el mes de agosto de 1989, convocamos al primer Certamen de Cuentos Carlos F. Novella,  nombre del fundador de la empresa, como un  reconocimiento a su memoria,  con un premio de diez mil quetzales para el ganador. En los años siguientes se incrementó la cantidad que se otorgó en cada ocasión. Los interesados pueden consultar la edición de fecha 29 de agosto de ese año el Diario de Centroamérica. Se publicó en ese medio de comunicación  un reportaje de la primera convocatoria,  que se realizó en el auditórium de la Cámara de Industria, con la presencia de numeroso público, entre escritores y personas del mundo cultural y social del país. En cada acto público relacionado con el evento estuvo presente, presidiéndolo, don Enrique Novella Camacho, Presidente de la Junta Directiva de Cementos Progreso.

Podría contar muchas anécdotas sobre los certámenes que se realizaron y de las reuniones que tuvimos. Se me pagaron dietas por cada una de ellas. Ha sido la única vez en la que de organizaciones culturales y sociales he recibido pago por mi trabajo.  Incluso, en ocasiones, he puesto dinero de mi bolsa.  Tengo un listado de 80 asociaciones de las que gratuitamente, como notario, constituí legalmente. Los beneficiados lo pueden atestiguar. Fue parte de mi compromiso como modulista. Le di un sentido social a mi profesión. Lo hice también en asesorías legales que di ad-honorem y como miembro de Juntas Directivas y de Comisiones para proyectos o para trabajos distintos. Las satisfacciones no tienen precio. A mis 75 años casi puedo afirmar: “misión cumplida”.

En el caso de los certámenes del premio, del que escribo este texto, Monteforte Toledo hizo de asesor del Comité y de anfitrión para los extranjeros que fueron invitados como jurados.  Carlos Montemayor, por ejemplo, se hospedó en su apartamento. Los dos fueron jurado de uno de los certámenes.

De otros hechos que recuerdo, el viaje que hice en el helicóptero de la empresa sobre la ciudad de Guatemala. Vi muchos lugares, incluyendo mi casa y una de las sedes la Asociación Módulos de Esperanza en la colonia Los Granizos, zona siete. Tomé fotografías.  María Arranz fue la otra pasajera en esa ocasión.  Ella, de nacionalidad española, fue mi compañera de estudios en la Universidad Rafael Landívar. Su tesis de graduación como licenciada en letras fue sobre el  “Grupo Nuevo Signo”. Se publicó posteriormente como libro en una de las colecciones de la Tipografía Nacional. En esa época su director fue el exmilitar y escritor Juan Fernando Cifuentes, otro compañero nuestro en la Landívar.

El Certamen de cuentos duró cinco años. Se convocó anualmente.  Contribuyó  a promover la literatura, por la calidad de las obras de quienes fueron los ganadores y por la de los participantes del mismo.  Un ejemplo es lo expresado por Mario Monteforte Toledo en un texto que se publicó en  Siglo XXI,  el 12 de noviembre del 1992, que tituló “Las lecciones de un concurso”. Parte de ese trabajo dice así: “Casi 440 cuentos forman una montaña de más de 2 mil páginas, 50 mil líneas y medio millón de palabras. Esto cuando el concurso es tan atractivo como el del premio Novella, del que acepté ser jurado como penitencia para limpiarme los pecados. Los jurados tienen algo de decapitadores, si se piensa en que otorgan un premio y desvanecen a los demás participantes. Elegir al ganador entre tres o cuatro finalistas es un martirio, que sólo se mitiga-igual que para desechar materiales-, si los criterios aplicados para decidir son sólidos y el valor personal crece a la altura del de Diaz de Vivar. El triunfador de este tercer certamen anual fue Carlos Paniagua, también galardonado en 1991. Su cuento es una obra maestra de buen escribir, bien narrar y mejor imaginar; muestra una sorprendente madurez y conocimiento literario cuasi profesional. Guatemala tiene en Paniagua un narrador de lujo y una gran promesa” más adelante agregó “De relevancia es la serie de reflexiones que suscita la masa del concurso. Unos 50 cuentos son amatorios, con muy buenos sentimientos y de dudosa ejecutoria. Es difícil escribir de amor a estas horas; es más fácil y aconsejable hacerlo. Cuando se empieza la carrera de narrar, es frecuente creer que los amores personales se elevan por lo menos a la estatura de los amantes de Teruel, Romeo o Julieta o Tristán e Isolda.  Un segundo grupo es el de los cuentos para niños. Los dos primeros, además, están escritos en diminutivo (arbolito, perrito, pajarito, etc.). Los botánicos suelen ser también ecológicos y evidencian amor por la naturaleza,- siempre encomiables. Los de hadas pisan los terrenos más movedizos. No hay que olvidar que en estas ramas se rivalizan con Perrault, Grimm, Anderson y con las mil y una noches. Varias decenas de cuentos son de denuncia, llenos de cólera y plena conciencia de una las peores lacras del país: la represión y la conculcación sempiterna de los derechos humanos. No es fácil alcanzar la originalidad en esta tendencia, que lleva treinta años de ejercerse; sin embargo, encontrarse no menos de diez ejemplos de magnifica literatura, dos de ellos, finalistas en opinión unánime del jurado. Por último mencionamos lo que pudiéramos llamar gran literatura. Lo que hay no es mucho, pero en ninguna otra parte del mundo abunda. Total un excelente concurso, un premio que podría duplicarse en quetzales y una enorme alegría de comprobar que la literatura guatemalteca sigue viva”.

Uno de los logros del certamen del año 1992 fue el taller, para escribir  cuentos, que dirigió el escritor mexicano Carlos Montemayor, ya fallecido.  Compartió sus experiencias y sus técnicas con los interesados, pero lo más importante fue su recomendación para que se apoyara al poeta Humberto Ak’abal, que comenzaba a ser conocido, y quién realizaba oficios laborales que le dificultaban la realización de su obra literaria. El resultado de esta recomendación se tradujo en dos acciones concretas. La  primera, en una especie de beca. Se incorporó a Ak’abal a una de las planillas como trabajador de Cementos Progreso, con el pago del salario mínimo, y la segunda, la publicación de la primera edición del libro “Tejedor de Palabras”, una recopilación de lo publicado por Ak’abal hasta esa fecha, con un prólogo  de Montemayor.

Los ganadores de los certámenes fueron: Marco Augusto Quiroa- 1990, Carlos Paniagua- 1991 y 1992, Manuel Corleto – 1993, Mario Alberto Carrera- 1994 y Arturo Monterroso en 1995. Ana María Rodas obtuvo un segundo lugar con uno de los cuentos de  “Mariana la Tigrera”. El libro fue publicado años después.

En otro texto, de Luis Aceituno (1958-2024) crítico, cuentista y  exdirector de la sección de Cultura de elPeriódico,  que publicó en la edición de Prensa Libre del 11 de noviembre de 1992 expresó: “Durante las últimas décadas la literatura guatemalteca se ha desarrollado dentro de los condiciones más adversas: Falta de políticas culturales por parte del Estado, falta de editoriales, desinterés creciente en los medios de comunicación para difundir las nuevas alternativas, todo esto sumando a la crisis socioeconómica que ha vivido el país en su historia reciente. Lejos de ser un ejercicio profesional, el quehacer literario en nuestro medio continúa siendo un quehacer que se realiza a ratos y que difícilmente logra trascender de las páginas de los efímeros suplementos culturales. El escritor guatemalteco se ahoga por falta de espacio, de reconocimiento, de opciones reales para hacer productivo su trabajo.” En otros párrafos de su texto afirmó: “Cada vez más surgen certámenes en donde el reconocimiento económico comienza a ser bastante significativo y en los cuales se empieza a poner especial interés en la selección de los jurados calificadores: Se puede destacar dentro de los más importantes el concurso de Cuento de la Fundación Carlos F. Novella, que se ha mantenido durante tres años, y que intenta fortalecer la narrativa breve, una de las ramas más trabajadas en el país” y “es alentador saber que durante estos tres años el promedio anual de cuentos presentados al concurso ha sido el de quinientos, lo que es un signo de la vitalidad de nuestra literatura”

Entre  personas que fueron importantes para que el certamen tuviera el éxito que se le reconoce,  se deben destacar a Mercedes Sacasa, quien hizo de secretaria y asistente del Comité, al poeta Enrique Noriega, quien se involucró en aspectos de la organización, a Enrique Novella Alvarado, uno de los ejecutivos de la fundación, quien murió trágicamente en un accidente de aviación, y al grupo de personas que pusieron su entusiasmo y capacidad, entre ellos los directivos de la Fundación Carlos. F. Novella, y  miembros del personal de Cementos Progreso, especialmente el ingeniero Plinio Herrera, quien años después asumió la gerencia de la Empresa.

Este certamen es parte de la historia de la literatura de Guatemala. Conservo recuerdos de las cenas, almuerzos, reuniones y atenciones de quienes me invitaron para que fuera parte del comité organizador, entre ellos algunos miembros de la familia Novella como Cecilia Daugherty (artista reconocida),  actual presidenta de la Fundación Carlos F. Novella,  y  de ejecutivos de la empresa Cementos Progreso, como Carlos Springmuhl Silva (sobrino de Eugenio  (Chuchin)  Silva Peña,  amigo de Miguel Ángel Asturias, de quien tenía anécdotas por esa amistad entrañable de ambos personajes. Fue un narrador oral que  en cada ocasión nos contaba sabrosas historias y experiencias.  De joven,  siendo gerente de INCASA, fue objeto de un atentado terrorista, en el que perdió sus dos piernas. Caminaba  sin problema con dos prótesis.  Le sonreía a la vida. Prodigaba generosidad y alegría. Otro contertulio fue Mario Montano Paz, nieto de una Novella y esposo de otra,  cuya humildad  era notoria, no hacía alarde de bienes materiales, más que de lo beneficioso de llevar una vida sana. Hacia ciclismo de montaña por los alrededores de una de sus casas, situada en una colonia aledaña a la Antigua Guatemala.  Fue un destacado abogado y notario, ejecutivo de muchas empresas. De joven vivió en Paris, en donde realizó estudios. Nos contó que en esa ciudad llevó una vida como de hippie, aunque ese movimiento aún no había surgido. De Siang Aguado, Cipriano Fuentes, Mario Monteforte y María Arranz, tendré que escribir sobre ellos.

Y como todo tiene un comienzo y un final, el Certamen Carlos. F. Novella, terminó en 1995 por decisión de los ejecutivos de Cementos Progreso.  Cumplió con creces los objetivos que trazamos sus creadores.

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