María Eugenia Gordillo, figura relevante para la cultura del país

Entre los múltiples méritos de la periodista y promotora cultural se encuentra el impulso, que, a través de diversas acciones, le ha dado a los artistas y a la cultura de Guatemala.

Ana Lucía Mendizábal

septiembre 7, 2025 - Actualizado septiembre 7, 2025

Mientras la mayoría de sus primos y hermanos jugaban en el jardín de la casa de su abuelita, María Eugenia Gordillo Morales (Guatemala, 1936) y su prima Ana Cuestas, que tenían cerca de siete años, ponían atención a los relatos que Luz de la Cerda Laparra hacía acerca de su madre, la intelectual, escritora, dramaturga y docente Vicenta Laparra de la Cerda (1831-1905).

Luz, quien era prima hermana de la bisabuela de las niñas, vivía en casa de los abuelos de María Eugenia. “Ella tenía un sillón con una especie de petatío. Se sentaba ahí y yo le decía a Ana, ‘vamos a ver qué nos cuenta Mama Chita (como la llamaban cariñosamente)’… lo recuerdo como si hubiera sido ayer y fue hace más de 80 años”, dice Gordillo.

Vicenta Laparra de la Cerda (1831-1905)

Los relatos acerca de una mujer de la familia que se había destacado en el siglo XIX por su quehacer intelectual se quedaron sembrados en María Eugenia y más adelante, fueron parte de la motivación que la llevó a empeñarse en brindar reconocimiento no solo a su insigne antepasada, sino a todos los grandes talentos del país.  Y es que, Vicenta Laparra no era la única figura de gran peso cultural que había en la familia de María Eugenia, ya que su propio abuelo, José Cayetano Morales Fuentes (1874-1929), conocido en el ámbito intelectual como Mon Crayón, fue retratista, periodista y, sobre todo, pionero de la caricatura política en el país.

Esta imagen de la Virgen Dolorosa fue heredada a María Eugenia Gordillo por su tía Luz de la Cerda Laparra.

 Siendo aún niña, mientras María Eugenia cursaba la primaria, recuerda que los sábados giraban alrededor de escuchar el cuento, que a través de la radio compartía Marta Bolaños de Prado. “Teníamos un radio en una mesita pequeña en el comedor. Almorzaba rápido y me iba a encender el radio”, comenta con una sonrisa. Todos esos personajes destacados en diversas áreas del arte contribuyeron a la formación de su sensibilidad.

Periodista y pionera

Si bien, la semilla del talento ya estaba ahí, era necesario el cultivo, y María Eugenia encontró su primer espacio para desarrollar su vocación en el Colegio Inglés Americano, donde cursó sus estudios. “Yo hacía el periódico escolar de la primaria con ayuda de dos amigas. Cobrábamos un centavo para comparar el papel bond”, rememora. En el EAS Times se daban a conocer los logros de docentes y alumnos del colegio y contaba con diversas secciones: editorial, cultural, deportes y otras.

Ese periódico resultó ser todo un entrenamiento para María Eugenia, quien muy pronto comenzó a incursionar en las más importantes redacciones del país. Uno de los logros más comentados de María Eugenia es el haber sido la primera mujer en convertirse en cronista deportiva en Guatemala y lo hizo para Prensa Libre.

“A mí me encantaba el futbol, pero también el beisbol y para poder comenzar mis crónicas, tuve que atenerme a la radio”, afirma. Cuenta que no comenzó haciendo crónicas del deporte en Guatemala, sino las hacía del que era llamado “béisbol rentado de Cuba”. Explica que, en esos tiempos, las grandes figuras del béisbol estadounidense tenían la llamada Temporada de invierno, en la que tomaban vacaciones debido a las inclemencias del clima en su país. Como en Cuba no hacía frío, los equipos de ese país insular aprovechaban para contratar, por ese período de tiempo, a las grandes figuras para sus equipos locales, lo que significaba un claro atractivo para quienes seguían el deporte. María Eugenia incursionó en ese ámbito con bastante éxito con sus artículos.

Otra de las experiencias que la marcaron y que en 2023 comentó a elPeriódico, fue que un amigo de la familia la recomendó con César Brañas, quien dirigía la página cultural de El Imparcial. Él la llamó para comenzar a escribir en el diario. Cuando Brañas salía a almorzar le dejaba su máquina de escribir para que ella redactara sus artículos. Ella le decía: “Maestro no soy la que escribo, es usted… Yo solo muevo los dedos”.

Después de casarse, María Eugenia siguió realizando colaboraciones eventuales en distintos medios. “Mi artículo en El Imparcial salía a la par del intelectual colombiano Germán Arciniegas. No me pagaban nada, pero salir a la par de Arciniegas era mejor que un sueldo”, asegura, acerca de quien es considerado uno de los más grandes pensadores colombianos. Con el tiempo, tuvo la oportunidad de conocerlo. “Vino dos veces a Guatemala y lo invitaba yo a mi casa”, asegura. Recuerda que a él le gustaba el caldo de frijol y en una de las ocasiones, le preguntó “¿Me hicieron mi sopa de fríjoles?”, y ella le dijo que sí. “En la mesa pusimos una banderita de Guatemala y una de Colombia. Por ahí tengo las fotos”, añade María Eugenia al comentar esa experiencia.

María Eugenia presenció la despedida del cuerpo de Jaime Ruiz del Árbol, Primer secretario de la Embajada de España, quien murió durante la toma de esa sede diplomática en 1980. Ella guardaba amistad con la familia del diplomático, al punto que cuenta que él le traía discos de zarzuelas que ella no conseguía en Guatemala. Para entonces, trabajaba como reportera en El Imparcial, y estuvo presente en los acontecimientos en la embajada, a pesar de que no le correspondía la cobertura. Cuando se iba a despedir el féretro del funcionario español, ella llegó al aeropuerto e hizo una fotografía de los hijos del diplomático, quienes eran niños y esa imagen se publicó tanto en la primera plana de El Imparcial como en la Revista de Naciones, donde también colaboraba.

Exclusivas con Carlos Mérida

La relación de amistad que su familia tenía con la familia del Carlos Mérida le permitió hacer lo que pocos periodistas lograron con el Maestro. A ella, Mérida le concedió una extensa entrevista que se publicó en El Imparcial. “Fueron seis entregas, las dos primeras primera plana», declara. “Tuve una gran amistad con él y su familia. Cuando venían a Guatemala se quedaban acá a la vuelta (zona 2)”, cuenta. María Eugenia señala que algo que le ayudó fue saber, desde niña, que el maestro tenía un grave problema de oído con el cual no le ayudaban ni los audífonos. “A los periodistas los echaba porque ellos no sabían que él era sordo, le preguntaban y no entendía. Yo, en cambio, sabía y le hablaba recio”. Recuerda también que al final de la entrevista que le hizo, le preguntó por qué no se quitaba un sombrero que tenía y el maestro le contestó con humor, «porque se me escapan las ideas».

El problema auditivo del Maestro Mérida fue tal que le impidió seguir su primera vocación que era la música. María Eugenia cuenta: “Él se iba con el maestro (Jesús) Castillo al bosque. El maestro Castillo escuchaba los trinos de las aves, de ahí, que escribió Fiesta de pájaros. El maestro Mérida quería ser músico, pero lamentablemente su nervio auditivo murió”. Ese talento musical del insigne artista visual se manifestó luego al crear una coreografía para su hija Ana, quien se convirtió en una de las más notables bailarinas de danza moderna en México.

María Eugenia aún guarda entre otras cosas, regrabada en CD, esa entrevista entrañable y una carta en la que el Maestro Mérida se refiere a ella como “mi pequeña”, lo cual retrata el grado de amistad que unía a sus familias. Es más, dice que antes de casarse, su tío Rafael Cuestas la invitó a ir a México y fueron a visitar a la familia Mérida, que en ese tiempo vivía en la delegación Álvaro Obregón. “La tía Lila (Dalila Gálvez) como le decíamos a la esposa, me regaló una ensaladera, que todavía guardo… Ahora que vino Cristina (nieta de Mérida) la saqué y la puse en la mesa”, indica.

Además de publicar en medios guatemaltecos, algunos artículos de María Eugenia también se publicaron en revistas mexicanas como Notas sobre México, en el suplemento Topializ, entre otros.

Un premio de 45 años

Los tempranos contactos de María Eugenia con las artes y su deseo de reconocer los talentos del país fructificaron en 1980, cuando creó el premio Artista del Año, el que no solo ha destacado a las luminarias que ya brillan, sino que, gracias al criterio de María Eugenia, se convirtió en una especie de bola de cristal en la que se vislumbra el éxito futuro. Personajes como Ricardo Arjona, Alux Nahual, Mario Chang y Gaby Moreno son solo algunos de los cientos que han recibido distinciones.

Édgar A. Nicole, fundador de la Revista de Naciones, uno de los medios en los que ella colaboraba, fue uno de sus apoyos en este proyecto. Las primeras dos ediciones se realizaron en la residencia de Sandy de Koensysberger. María Eugenia recuerda que entre los primeros premiados figuraron Frida Henry, Cony de Fleck y Antonio Crespo. También fueron reconocidos la bailarina Christa Mertins y el barítono Luis Felipe Girón May, entre otros.

De la primera entrega, María Eugenia recuerda que estuvo presente y premiada la Orquesta de cuerdas de la Municipalidad de Guatemala, que era dirigida por Jorge Sarmientos. Y entre las anécdotas, rememora que el Maestro Rubén Morales Monroy que fue uno de los galardonados, le decía “me obligó a vestirme” porque él que prefería lo menos formal, llegó vestido con saco y corbata.

Las siguientes galas se realizaron en distintos espacios. El primero cedido por el Grupo Diez, luego, el Teatro Abril, el Instituto Guatemalteco Americano y la Sociedad Dante Alighieri, hasta llegar al Club Alemán, donde se realiza la premiación desde hace 25 años.

La acertada elección de los artistas galardonados ha sido siempre responsabilidad de María Eugenia, quien asistía a teatros, academias, auditorios y galerías para encontrar a los representantes del talento nacional. Uno de los ejemplos que la periodista gusta citar fue su descubrimiento de Gaby Moreno, quien con 12 años era ya una aventajada alumna en la academia de la Maestra Marina Prado Bolaños.  “Yo le decía a Marina no les vaya a decir que hay premio ni nada, solo dígales que vengo a oír y punto. Escójame a unas cinco para que las escuche”, detalla. Al finalizar la audición ambas hablaron de Gaby. “Marina me decía, ‘es algo tímida, pero tiene mucho futuro’”. De ahí que la autora de Ave que emigra y El saber, fuera elegida como Artista Revelación en 1993.

Inspirada en el legado de algunas de las figuras emblemáticas de las artes en el país, María Eugenia fue creando también medallas con sus nombres. La primera de estas distinciones fue la Medalla Vicenta Laparra Reyes de la Cerda, que se entregó con la colaboración de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala.

Los destacados en locución artística han recibido el premio Antonio Almorza, quienes brillan en la danza obtienen la Medalla Fabiola Perdomo y los artistas de la fotografía, la medalla Ricardo Mata.

En 1992, María Eugenia creó la Medalla Marta Bolaños de Prado para reconocer a los formadores de talento en la niñez. La primera premiada fue Marina Prado Bolaños, educadora en el área musical e hija de Marta Bolaños. Posteriormente, Eunice Lima, decidió instituir el reconocimiento como una Orden y quedó a cargo del Estado.

El próximo en ser inmortalizado a través de una medalla fue precisamente el abuelo de María Eugenia, José Cayetano Morales. En 2008 se instituye la Medalla Mon-Crayón con el que se ha premiado a destacados caricaturistas como Fo (Alfredo Morales), Marco Augusto Quiroa (Gato Viejo), Julio Castillo, Marvin Olivares y Filochofo (José Manuel Chacón). Esta medalla se entrega en el marco de la celebración del Día del Periodista cuando también se reconoce la trayectoria de comunicadores.

Historia documentada

Para 2015, era claro que el premio Artista del Año era un sólido reconocimiento y había sobrevivido a muchos otros que surgieron y luego se quedaron en el camino. Las medallas y reconocimientos que se entregan en la gala anual siguen dando brillo a verdaderos valores del arte. Por eso, surge la idea de documentar la historia de las entregas a través de un libro. Es así como nace Lo que soñé… lo vivo, 1980-2015/Premio Artista del Año, bajo el sello editorial D’buk Editors. El libro contó con prólogo de Estuardo Cuestas Morales y textos de Michelle Juárez, Guillermo Monsanto, Gustavo Adolfo Montenegro y la propia María Eugenia Gordillo.

La portada de la edición original de Lo que soñé… lo vivo, que se publicó en 2017.

En ese ejemplar, que se dio a conocer en 2017, se presentaba a todos los premiados durante esos primeros 35 años. Además de contar las razones por las que, en su momento, fueron galardonados, también se actualizaba la evolución de sus carreras desde entonces.

En 2025 se editó ya una nueva versión de este libro que ya está disponible. En esta ocasión se agregan los premiados en los últimos diez años, incluyendo a quienes el 28 de octubre recibirán el premio Artista del año, en el Club Alemán.

Esta es la portada de la nueva edición de Lo que soñé… lo vivo.

Su paso por la Hemeroteca

La misión de María Eugenia de enaltecer a los creadores de arte se complementó pronto con el del cuidado del patrimonio hemerográfico. Durante 21 años María Eugenia fue directora de la Hemeroteca Nacional de Guatemala Licenciado Clemente Marroquín Rojas. A esa entidad llegó, luego de la renuncia de Rigoberto Bran Azmitia, quien se retiró luego de la traición de una contadora que robó valiéndose de una firma suya y luego, huyó a Belice. Bran había ocupado el puesto de 1960 a 1997 y salió sumamente decepcionado. Después de su partida, la entidad permaneció sin director durante tres años.

En ese entonces, María Eugenia era jefe de prensa del Instituto de Antropología e Historia, bajo la administración de la Ministra de Cultura y Deportes Otilia Lux de Cotí. En 2000, la titular de la cartera le pidió a María Eugenia que le sugiriera quién podía ocupar el puesto. Sin embargo, luego de algunos rechazos, la funcionaria tomó la decisión de nombrar a María Eugenia. «¿Por qué estoy buscando si usted es periodista?», le dijo y luego le comunicó que la elegía.

Gordillo cuenta que Bran Azmitia, a quien ella le tenía gran aprecio porque también lo conocía desde que ella era niña, había prometido no volver a poner un pie en la entidad, sin embargo, ella le prometió que, si él no estaba en su toma de posesión, ella no iba a asumir el cargo, así que él llegó.

“Encontré la hemeroteca hecha pedazos, no se podía ni abrir la puerta. Había pedazos de mesas y sillas”, relata. Además, los reducidos presupuestos asignados no permitían ni siquiera cubrir los puestos necesarios para su funcionamiento. De ahí, gracias a las relaciones sociales y culturales, además de las gestiones de María Eugenia surgió la Asociación de Amigos de la Hemeroteca que apoyó en realizar mejoras como colocación de ventiladores y vidrios especiales, y pagar durante varios años a dos empleados.

Una de las primeras acciones realizadas fue habilitar una oficina y darle el nombre de Juan José Arévalo. A la inauguración de ese espacio llegó Silvia Elena Arévalo, hija del expresidente, cuenta.

Aunque intentó que se ampliaran los espacios para la entidad que resguarda ejemplares de publicaciones de más de casi dos siglos, sus gestiones no fueron atendidas. Sin embargo, logró establecer orden dentro de la hemeroteca.

El final de su gestión llegó a principios de 2021, cuando por decisión de las autoridades del Ministerio de Cultura y Deportes, se le comunicó que debía dejar su puesto, un mes antes de su retiro, que según dijo, en ese momento, estaba previsto para finales de diciembre de ese año. Esa manera de hacerla concluir ese ciclo sin darle tiempo a hablar con quienes habían trabajado bajo sus órdenes no solo le dolió a ella, sino también a los trabajadores de la entidad y fue criticado por los medios de comunicación en su momento.

Incluso, luego de ese retiro, María Eugenia ha estado al tanto de las decisiones que se han tomado al interior de la misma. Una de las primeras acciones que cuestionó fue la colocación de vidrio templado, que según indica, no es adecuado para los materiales que en el recinto se resguardan. En los últimos días, también se ha sabido de daños que se causaron recientemente a una escultura donada por el artista Pepo Toledo a la entidad y de la cual aún no hay explicación, a pesar de que según indica María Eugenia, él ya denunció ante las actuales autoridades.

Un vínculo con México

Gracias a las relaciones de amistad que María Eugenia ha tenido con grandes figuras del arte guatemaltecas que radicaron en México se ha convertido también en puente entre aquel país y Guatemala.

Además de su amistad con la familia de Carlos Mérida, María Eugenia fue muy amiga de la pintora Rina Lazo, de quien señala: “vi su crecimiento”. Siendo Rina corresponsal honoraria del Seminario de Cultura Mexicana, que es una entidad que aglutina lo mejor de México en arte y cultura, le propuso al presidente de la misma, que en ese tiempo era Arturo Azuela, formar una corresponsalía en Guatemala.

“El aceptó encantado”, indica. Entonces Lazo comenzó a realizar gestiones con diversos funcionarios, entre ellos Rita Clavería, que en ese tiempo era embajadora de Guatemala.  Les pidieron nombrar a una persona que se hiciera responsable. De esa cuenta, Gordillo fue invitada a las oficinas centrales del seminario, en Polanco. “Me nombraron presidente con la responsabilidad de crear la corresponsalía. Eso fue en septiembre de 2008, y en enero 2009 ya estaba formada… tuve buena acogida”, refiere. Desde el inicio su gestión fue apoyada por diversas entidades y personas, entre ellas, el fondo de Cultura Económica en Guatemala, que en ese tiempo estaba dirigida por Carlos Sepúlveda y en la actualidad coordina César Medina.

En la primera Junta Directiva, además de María Eugenia, figuraron como vicepresidente el escritor y crítico literario José Luis Perdomo, además del periodista Roberto Vásquez, la poeta Lucy Aldaz, la artista Ana María de Segovia y Roberto Brol, quien realizó tareas como tesorero. “En la actualidad somos 25, realizamos una o dos actividades por mes y trimestralmente enviamos informes de actividades”, detalla.

Durante su gestión, María Eugenia recibió en el país a cuatro representantes del seminario, además participó junto con algunos miembros de la junta directiva en encuentros en ciudades como Taxco, Aguascalientes y Orizaba.

María Eugenia señala que a partir de septiembre del año pasado ha sentido un descenso de sus energías, además a finales de 2024 sufrió un accidente que la obligó a tener más reposo. Entonces tomó la decisión de trasladar la presidencia a otro representante, por lo que en la actualidad es el artista Pepo Toledo quien preside la corresponsalía, que este 11 de septiembre celebrará los 17 años de su creación y 16 de actividades, en una ceremonia en la Embajada de México.

 En dicho encuentro se presentará un video en el que Rina García Lazo, hija de Rina Lazo, dará a conocer el avance en la restauración de la Casa Colorada, que fuera el hogar que Hernán Cortez le construyó a La Malinche y que luego ocupara la familia de la artista guatemalteca y el pintor mexicano Arturo García Bustos.

Logros y reconocimientos

La labor que ha ejercido María Eugenia Gordillo ha sido reconocida con diversos premios tal es el Pergamino “Benemeranza” de la Societa Dante Alighieri de Roma en 1997; la “Orden de La Paz”, en Guatemala; en 2001 recibió el Botón de reconocimiento como trabajadora distinguida en el certamen anual por el día de Mujer de las Américas, del Consejo Nacional de la Mujer.

El Ministerio de Cultura y Deportes le otorgó el honor del Cambio de la Rosa de la Paz y le confirió el título de Embajadora de la Paz en 2018.

En 2020, recibió la Medalla Ohtli por su labor en la difusión de la imagen de México y el acercamiento con Guatemala. El galardón fue entregado por el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), a través del Instituto Cultural de México en Guatemala.

El gobierno de Guatemala, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores le concedió la Orden del Quetzal, en grado de Oficial, en 2021, al destacar su aporte en el periodismo y el impulso a diversas carreras artísticas.

María Eugenia Gordillo fue distinguida con la Orden del Quetzal en 2021. Foto: Archivo Cancillería de Guatemala
Imposición de la Orden del Quetzal de manos del entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Pedro Brolo. Foto: Cancillería
Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?