Hegel y el cólera

Hegel, reconoce la imposibilidad que tiene de abarcar y exponer la totalidad del saber, de la verdad contenida en él, debido a la falta de tiempo, es decir, a la finitud temporal de su existencia.

Camilo García Giraldo

julio 5, 2026 - Actualizado julio 4, 2026

El 13 de noviembre de 1831 murió Hegel en su casa de Berlín, víctima de la letal bacteria del cólera en medio de intensos dolores, vómitos y convulsiones. Bacteria, que había llegado a la ciudad ese año, y, que, desde el año anterior había comenzado a extenderse en Alemania, y, varios países europeos, ocasionando la muerte de miles de personas. Había regresado un mes y medio antes de su casa de campo donde se había retirada en el verano, para retomar sus lecciones en la Universidad de la ciudad, de la que era catedrático titular desde su fundación en 1818. Y, además, estaba escribiendo un nuevo prólogo para su extenso y complejo libro La ciencia lógica, en el que expone el contenido de los conceptos y categorías más universales del pensar como el ser, la nada, la cantidad, la calidad, la esencia, la sustancia, la relación, etc. Exposición, que, presenta en una sucesión dialéctica, en la que cada concepto surge de la síntesis de dos conceptos de carácter opuesto que lógicamente le preceden, y, cuyo final, es la verdad completa y absoluta, que, reúne en su contenido la síntesis de todos los conceptos o categorías anteriores.

En un aparte de este prólogo, sin embargo, dice lo siguiente: “Puede recordarse a quien trabaja en la construcción de un nuevo edificio independiente de ciencia filosófica en los tiempos modernos la leyenda de que Platón transformó y revisó siete veces sus libros sobre la República. El recuerdo de esto debería hacer sentir más fuerte el deseo de disponer de tiempo libre para volver a elaborar setenta y siete veces un trabajo que, por pertenecer al mundo moderno, tiene delante de sí un principio más profundo, un sujeto más difícil y un material más amplio para trabajar. Pero el autor, considerando la magnitud de la tarea tuvo que darse por satisfecho con lo que pudo hacer, en la situación de una necesidad exterior, de la inevitable distracción debida a la magnitud y multiplicidad de intereses de la época, e incluso con la duda de que el tumultuoso ruido del día y la ensordecedora locuacidad de la imaginación, que se jacta de limitarse a esto, deje todavía lugar para el interés dirigido hacia la serena calma del conocimiento puramente intelectual”.

Aquí, al borde de su muerte, Hegel, reconoce la imposibilidad que tiene de abarcar y exponer la totalidad del saber, de la verdad contenida en él, debido a la falta de tiempo, es decir, a la finitud temporal de su existencia. Confesión sorprendente, de quien dedicó casi toda su vida, y labor intelectual y filosófica, a aprender y exponer de manera dialécticamente ordenada el devenir histórico temporal de todos los conceptos y categorías que sostienen los conocimientos forjados por los hombres, de hacer de su obra filosófica una Enciclopedia del saber de los conceptos universales presentes en los conocimientos forjados por los hombres, es decir, de constituir la consciencia filosófica de esos conceptos universales operando y ordenado de modo lógico esos diversos y múltiples conocimientos.

Es muy probable que esta pretensión enciclopédica de hacer suyos y exponer en un orden lógico dialéctico la historia de formación y desarrollo de todos los conceptos generales que sintetizan los múltiples conocimientos particulares sobe algo de la realidad humana, le fuera inspirada por la obra de La enciclopedia que escribieron colectivamente los pensadores franceses de la Ilustración bajo la dirección de Diderot durante 20 años, y, unas décadas antes de él. Pero, pensó que él solo era capaz de realizar una empresa semejante porque no solo había estudiado y aprendido una inmensa cantidad de los conocimientos forjados por sus antepasados, sino, sobre todo, porque disponía, a diferencia de los enciclopedistas franceses, del método dialéctico con el que podía ordenar la sucesión temporal en que se forman y desarrollan los conceptos generales que sintetizan los múltiples y diversos conocimientos que la actividad de espíritu de los hombres ha forjado. Método, que era para él único válido y correcto porque reflejaba o captaba la realidad objetiva del proceso cognoscitivo dado en la historia.

Sin embargo, al final de su vida, en las puertas oscuras de su muerte, comprendió con lucidez que no podía seguir integrando en nuevos conceptos los nuevos conocimientos particulares que los hombres seguiría forjando después de su desaparición física, porque precisamente ya no estaría vivo para continuar con su labor de exponerlos y ordenarlos dialécticamente.  En ese decisivo momento se percató con claridad de la sencilla, y, al mismo tiempo, gran verdad de su existencia, y, en general, de la existencia de todos los hombres, la de que nadie logra alcanzar con los conocimientos, juicios y conceptos que ha aprendido y elaborado lo largo de su vida la verdad absoluta y definitiva sobre todo lo existente, porque le irrupción inevitable de la muerte, le impide seguir aprendiendo los que otros siguen forjando, o seguir forjando los propios, así sean en la forma de una síntesis conceptual dialéctica, como él pretendió. El tiempo finito de su existencia fue el gran y poderoso enemigo de esta aspiración que animó y guio la realización de su labor filosófica.

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