Imágenes de 2019 del Museo del Libro Antiguo. Fotos: Archivo Ministerio de Cultura y Deportes
Recientemente estuvo en Guatemala el querido amigo Jaime Barrios Carrillo, excepcional académico, escritor y columnista, y al encontrarnos en la Antigua Guatemala me preguntó con suma preocupación, “¿Qué se hizo el Museo del Libro Antiguo?”. Mi respuesta fue la siguiente: “Lo mismo me pregunto yo”.
El Museo del Libro Antiguo, que se encontraba en el Portal del Ayuntamiento, el cual a su vez se localiza en el ala norte del Parque Central de la Antigua Guatemala, fue durante mucho tiempo una de las visitas obligadas para especialistas, excursiones educativas y turismo en general. Los periodistas e intelectuales David Vela y Rigoberto Bran Azmitia fueron los principales promotores para su fundación, la cual se dio el 16 de marzo de 1956. Uno de los objetivos principales del museo, entre varios otros, era reunir elementos significativos que pudieran narrar la historia de la imprenta en Centroamérica desde la época colonial, ya que esta inició en la Ciudad de Santiago de Guatemala en 1660 con el religioso agustino Payo Enríquez de Rivera Manrique como su introductor, siendo obispo de Guatemala. Aunado a que el sistema colonial necesitaba desarrollar libros y documentos de una mejor manera, la decisión de llevar la imprenta al Reino de Guatemala por parte de Payo Enríquez de Rivera estaba relacionada también por el hecho de que este insigne y culto personaje era impulsor de las letras, como lo demuestra su apoyo a Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, mejor conocida como sor Juana Inés de la Cruz, emblemática escritora novohispana y una de las más importantes figuras de la literatura hispanoamericana, siendo Enríquez de Rivera arzobispo y Virrey de México.
Con el acontecimiento de la llegada de la imprenta dio inicio en el Reino de Guatemala una significativa mejoría en la producción documental, algo que mostraba el Museo del Libro Antiguo con una colección notable de más de dos mil muestras entre las que figuraban libros civiles y religiosos, misales, documentos legales, ilustraciones, grabados y manuscritos, entre otras. El acervo museístico también contaba con piezas que por su valor histórico son únicas, como por ejemplo los primeros documentos producidos por José de Pineda Ibarra, el primer impresor calificado en la Ciudad de Santiago de Guatemala, quien había nacido en la Ciudad de México, Nueva España, aprendiendo sobre el arte y la técnica tipográfica en la ciudad de Puebla. Cuando llegó a Santiago de Guatemala era ya maestro impresor y se considera que el primer libro que produjo fue Explicatio Apologetica, que se traduce como “Explicación Apologética”, cuyo autor era Payo Enríquez de Rivera. Se trataba de una obra para replicar las observaciones que un teólogo había realizado a su libro Aclamación por el Principio Santo y Concepción Inmaculada de María, cuyo tema era la concepción de la madre de Cristo. Explicato Apologetica se exhibía en el Museo del Libro Antiguo, al igual que un modelo de la máquina impresora como la que funcionaba en la época colonial. Otras piezas importantes que podían admirarse en el museo eran el testamento del santo hermano Pedro de San José Betancur; varios documentos eclesiásticos que posibilitaban ampliar análisis en el tema de la historia social de la colonia; publicaciones políticas y jurídicas del contexto de la independencia y de los primeros años en los intentos de configurar el Estado y la nación en Centroamérica, así como las primeras técnicas de encuadernación que se aplicaron en el Reino de Guatemala. Si bien el museo era relativamente pequeño, su contenido era de sumo enriquecedor para cualquier visitante y, de manera especial, para las personas estudiosas de la historia, las letras, la cultura y otros campos afines. Si alguien necesitaba consultar documentos que no estaban en exhibición podía solicitarlos y en una sala especial accedía a ellos. En síntesis, el Museo del Libro Antiguo constituyó durante su existencia un acervo de considerables fuentes primarias que si bien pudo haber sido mejor si los diferentes gobiernos hubiesen considerado el sentido de su importancia, cumplía con el cometido para el que fue creado.
En el 2021 se cerró para el acceso público. Muchos pensamos que era debido a que se necesitaba un tiempo prudencial para realizar algún mantenimiento que no había podido llevarse a cabo durante los meses álgidos de la pandemia de covid-19, pero luego nos dimos cuenta de que no era esa la razón. Las colecciones fueron trasladadas al Museo de Arte Colonial y se organizaron algunas actividades en dicho lugar, hasta que a finales del 2023 las piezas fueron llevadas al Museo Nacional de Arte de Guatemala (MUNAG), ubicado en el antiguo Real Palacio, conocido como Palacio de los Capitanes Generales. Sin embargo, ninguna de las muestras del Museo del Libro Antiguo está en exhibición. Esto es una verdadera pena, ya que se está imposibilitando su acceso al pueblo de Guatemala, al turismo internacional y a profesionales locales y extranjeros que requerimos de este importante museo y archivo de fuentes primarias.
Entre marzo y abril de 2024, la licenciada María Antonieta Godoy, administradora del MUNAG, gestionó porque la colección del Museo del Libro Antiguo tenga un espacio de resguardo dentro del Museo Nacional de Arte de Guatemala. Si bien ha sido un logro importante ya que se ha permitido una protección temporal del acervo y al mismo tiempo que personas que necesitan hacer consultas y observaciones de piezas puedan ingresar al espacio solicitando el permiso correspondiente, el Museo del Libro Antiguo en sí no se encuentra accesible para todos. Esto debe ser resuelto de manera urgente por el Ministerio de Cultura y Deportes, aprovechando en el proceso que se organice un trabajo multidisciplinar para darle mantenimiento adecuado a las colecciones y mejorar la estructura museográfica y su guion, así como el presupuesto y personal.
Por el momento, es una pena que el Museo del Libro Antiguo no se encuentre abierto y en el lugar adecuado. Su localización original no era arbitraria sino histórica, y si lamentablemente no puede reabrirse en el mismo lugar por razones políticas o de infraestructura, debe trabajarse en la búsqueda de un espacio apropiado que garantice la protección de cada una de las piezas y el acceso a toda persona que desee visitarlo. Esperamos por el bien de la cultura y del registro de la historia centroamericana que el Museo del Libro Antiguo se reabra pronto y en mejores condiciones, revitalizándose con un trabajo profesional que permita ser una fuente de actividades diversas que enriquezcan el conocimiento de manera integral. El Museo del Libro Antiguo puede gestionarse como un importante espacio museístico, pedagógico y de archivo de fuentes primarias; al mismo tiempo, que sea un lugar en el que se organicen foros, exposiciones y actos culturales. La historia de Centroamérica merece el Museo del Libro Antiguo, bien estructurado, y el Museo del Libro Antiguo merece ser revitalizado. El pueblo de Guatemala lo sabrá valorar.
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