Hugo Carrillo y el legado de lo auténtico

Luego de más de tres decenios de espera, se estrena "Ancas de rana a la napolitana", una comedia erótica del reconocido dramaturgo y poeta, que vuelve a poner su nombre en las carteleras teatrales del país.

Ana Lucía Mendizábal

octubre 5, 2025 - Actualizado octubre 4, 2025

Hugo Carrillo (Cobán, 1929-Guatemala, 1994)

Fue el 19 de octubre de 1994 cuando el fallecimiento de Hugo Carrillo entristeció los escenarios teatrales de Guatemala. Su partida dejó un vacío no solo en su familia, sino también en el público que apreciaba sus producciones, en sus colegas que conocían de su ingenio creador y en quienes recibieron sus enseñanzas como parte de las compañías teatrales que fundó e integró.

El también actor y director, cuyo nombre llevan tanto el Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, como la medalla de honor con la que el Ministerio de Cultura y Deportes honra a los hacedores de teatro en el país, dejó honda huella por sus realistas propuestas en las que retrataba la vida social, cultural y política de Guatemala. A través de sus piezas, se internaba en el comportamiento humano y las necesidades de conexión entre las personas.

“Dotado de una enorme sensibilidad para capturar la realidad política, social y sobre todo psicológica de esa Guatemala ciega, sorda y muda que le tocó vivir. En cada una de sus escenas se representan las contradicciones, las incertidumbres y las búsquedas del guatemalteco, redimidas por un inigualable sentido crítico y estético”, señala la reseña al dorso del libro La calle del sexo verde (y El Señor Presidente) que contienen estos trabajos del también poeta.

“La obra de Hugo Carrillo se desliza entre lo grotesco y lo sublime, desarrollando temas con incidentes cotidianos que le suelen ocurrir a la gente y también la vida de la calle, con lo cual provocaba lágrimas y risas en las que el público reconocía un murmullo subterráneo de identidad”, expresa el crítico literario Jaime Barrios Carrillo en su artículo Muera la muerte, publicado en el sitio Narrativa y ensayo guatemaltecos.

Como dramaturgo, fue notable tanto en la creación propia y como en las adaptaciones de libros de literatos latinoamericanos. Entre sus títulos más destacados se encuentran La Calle del Sexo Verde (1959), El Corazón del Espantapájaros (1962), La Herencia de la Tula (1964) El Mundo Mágico de Miguel Ángel Asturias (1966),  El Ruedo de la Mortaja (1972) Un Sueño Profundo y Vacío (1972), Autopsia para un Teléfono (1972), Juego de Cascaritas y Cascarones (1975), Juego de Pregoneros (1975), El Señor Presidente (1974-75) y La Chalana (Adaptación de Viernes de Dolores, de Miguel Ángel Asturias (1977)).

Sus trabajos lo llevaron a diversos foros internacionales. Según el sitio Teatristas chapines, fue Delegado de Guatemala al Congreso Internacional de Teatro de las Naciones, en París en 1957. También participó en el Tercer Congreso de Escritores Latinoamericanos en Caracas, Venezuela, en 1970.

Entre los premios que se le entregaron se cuentan el del Certamen 15 de Septiembre, en 1960, por El Corazón del Espantapájaros; el Premio Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango en 1961 por La Herencia de la Tula. Así también, recibió el Quetzal de Oro otorgado por la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), en 1974.  

El estudioso del arte teatral latinoamericano Pedro Bravo Elizondo señala, en un artículo que escribió para la revista Escena a la muerte de Carrillo, que, aunque “en la mayoría de los casos en nuestro continente, debiera decir en nuestra América, los que señalan rutas, abren caminos, se arriesgan, no merecen el reconocimiento en vida de sus coterráneos y contemporáneos. Afortunadamente Guatemala por intermedio de su emérita institución, la Universidad de San Carlos, distinguió, en 1983, su aporte en el quehacer literario y su entrega a la obra dramática, al otorgarle a Hugo Carrillo el diploma Emeritissimum. Más que merecido homenaje a uno de los integrantes de la Generación de octubre y a un centroamericano que supo expresar con su teatro y visión de mundo, las vicisitudes de su pueblo y las aspiraciones de su gente”.

Los grupos teatrales

Bravo Elizondo refiere que Carrillo fue uno de los fundadores del Teatro de Arte Universitario de la Universidad de San Carlos de Guatemala (TAU). “El elenco del TAU debutó a mediados de julio de 1952, en el Salón Municipal de San José Pinula. A principios de 1953, Carrillo presentó un proyecto al director de Bellas Artes para crear oficialmente el Teatro Ambulante de Bellas Artes. Fue apoyado incondicionalmente por su jefe Oscar Vargas Romero y contó con la subvención del gobierno. Se presentaron todos los fines de semana en ciudades, pueblos, aldeas y caseríos de Guatemala”, detalla Bravo Elizondo en su artículo Hugo Carrillo, trayectoria de un teatrista centroamericano. Añade que, en ese tiempo, el repertorio del grupo era el clásico español.

Según Teatristas Chapines, Carrillo también fue fundador del Teatro de Misiones Culturales del TAU en 1952 (Teatro Lope de Rueda), del Teatro Ambulante de Bellas Artes de 1953-1954 y del Teatro Experimental “La Gaviota” en 1954. Fue miembro del Teatro Estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1954 a 1955; del Radioteatro Internacional de la UNESCO, en París, en1957; organizador y director de la Primera Temporada de Autores Jóvenes, en Guatemala 1959.

Junto a Manuel José Arce y Ligia Bernal organizó y dirigió Teatro Clásico para Estudiantes de 1964 a 1967. Fue colaborador del Actor’s Workshop en San Francisco, California de 1961 a 1962. director huésped de la Compañía Nacional de Teatro de la Universidad Popular de 1973 a 1974 y organizador y director artístico del Teatro Club de Guatemala en 1972.

Más adelante, se desempeñó como organizador y director del Teatro para Estudiantes de Secundaria de 1974 a 1975. También fue director Huésped del Teatro Nacional de Honduras en 1976 y Dramaturgo de planta de la Compañía de Teatro de la Universidad Popular.

Una de sus compañías fue la llamada Teatro Club, que en la actualidad continúa trabajando y se identifica como Teatro Club Hugo Carrillo.

Su formación académica fue variada no solo por las disciplinas que estudió sino porque la cursó en distintos países. Realizó estudios en la Facultad de Humanidades e Historia, en la Universidad de San Carlos de Guatemala entre 1952 a 1953; luego se inscribió en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de México (UNAM), para luego cursar un año de estudios en el Departamento de Teatro en 1954, en la Universidad de Bridgeport, en Connecticut, Estados Unidos. Volvió a la UNAM a estudiar Letras inglesas y luego dirigió sus pasos a la Escuela Dramática de Charles Dullín, en Francia.

Entre el reconocimiento y la mezquindad

El actor y director Luis Escobedo, quien fue parte del Teatro Club de Carrillo, destaca el reconocimiento que tuvo por parte de Miguel Ángel Asturias. Recuerda que Carrillo montó un mosaico de escenas de obras de Asturias al que tituló El mundo mágico de Miguel Ángel Asturias. El escritor, ganador del Premio Nobel de Literatura 1967, quedó gratamente sorprendido por ese trabajo y le propuso que adaptara la obra El Señor Presidente completa.

Carrillo le tomó la palabra a Asturias. Sin embargo, cuando llegó la hora de estrenarla, no quiso que se dijera que él la había adaptado. Así que firmó la pieza con el seudónimo Franz Metz y convenció a un amigo extranjero de la periodista Irma Flaquer para hacerse pasar por el autor de la adaptación. El improvisado actor accedió y fue aplaudido como dramaturgo sin serlo.

En medio de la algarabía y los elogios al falso adaptador, un periodista vio a Hugo Carrillo y de manera prepotente lo espetó: “Aprenda Carrillo, así se hacen las adaptaciones”, queriendo aleccionarlo, sin saber que el magnífico trabajo que había presenciado era precisamente del escritor guatemalteco. La pieza, que fue dirigida por Rubén Morales Monroy, fue la primera en lograr 100 representaciones en Guatemala. Posteriormente, salió de gira internacional y recorrió con éxito distintas plazas de Centroamérica y más adelante fue montada por el grupo Rajatabla de Venezuela. Posteriormente, llegó a escenarios de Europa.

Más adelante, Carrillo también adaptó al teatro la obra Viernes de Dolores, de Asturias. La presentó con el nombre de La Chalana porque centró la acción de la obra en la creación de dicha canción de guerra estudiantil, en la que participó el propio Asturias cuando era estudiante de Derecho.

La comedia que faltaba

Dos de sus discípulos dentro del Teatro Club fueron los actores Luis Eduardo Escobedo y Margarita Kénefic. A finales de los años 80, debido a la situación política del país, debieron salir al exilio. Escobedo recuerda que, en esos 10 años de destierro, que vivieron en Nicaragua, muchos amigos e incluso familiares, decidieron ignorarlos. Sin embargo, quien siempre permaneció al pendiente de ellos fue Hugo Carrillo. El dramaturgo se convirtió en una especie de padre espiritual para ellos, según refiere Escobedo.

Una muestra del afecto que les profesaba fue el sobre que les hizo llegar, a través de Pierre Le Pichón, el actor y activista francés. Esa encomienda contenía dos piezas teatrales y la autorización para que Escobedo y Kénefic las montaran cuando y en donde ellos quisieran.

Una de las obras contenidas en el sobre era La herencia de la Tula, que en 1961 había ganado ya los Juegos Florales de Quetzaltenango, y que, para entonces, contaba con un solo acto. Sin embargo, habiendo transcurrido el tiempo, Carrillo había decidido modificar y agregarle un final diferente. Según explica Escobedo, el dramaturgo quiso mostrar la importancia de las segundas oportunidades y el perdón. Esa nueva versión se montó por primera vez en 2014, durante la conmemoración de los 30 años del fallecimiento de Carrillo. En esa ocasión fue dirigida por el sobrino de Hugo Carrillo, Rodrigo Carrillo, actual viceministro de Cultura.

El elenco de Ancas de rana a la napolitana, la pieza teatral de Hugo Carrillo que se presenta en la Universidad Popular.

La segunda pieza que contenía el sobre era Ancas de rana a la napolitana. En 1998 cuando Escobedo y Kénefic regresaron al país, tuvieron la intención de que se estrenara, sin embargo, el montaje no llegó a realizarse.

No es sino hasta ahora, luego de tantos años, y precisamente en el mes de la desaparición física de Carrillo, cuando por fin sube a escena, con una producción de la compañía La Vasija, que, según afirma Escobedo, nació también inspirada en el trabajo del Maestro Carrillo.

En el programa de mano de la pieza teatral se explica: “Es una obra de amor en la que Cora Novali, diva operática y mujer de gran éxito y talento llora su soledad y nos dice de sus ansias de llenar su cama con cariño de un hombre que sea generoso en el sexo y tierno en la imaginación creadora. Ella intuye que la felicidad se compone de esas dos cosas supremas”. La comedia erótica para adultos se está presentando los viernes de octubre en la Sala Manuel Galich de la Universidad Popular (10ª calle 10-32 zona 1), a las 19:00 horas.

Según señala Escobedo, quien funge como director, la puesta en escena, la protagonista de la historia creada por Carrillo ve en un joven violinista llamado Iván la respuesta a esos íntimos deseos y pone en acción todos sus encantos.

El elenco seleccionado para esta puesta en escena está encabezado por Stephanie Tres (Cora Novali, la diva de la ópera), Boris Aguilar (Iván, primer violinista en Nueva York), Rodrigo González (Erik, reportero del Post de Suecia), Danny Aceituno (Filipo, camarero napolitano), Ulda Aguilar (Alexa, asistente de cámara). Luis Escobedo, el director de esta puesta en escena es actor de teatro, radio, cine y televisión. Es dramaturgo y director teatral, además de cantante, compositor, bailarín y maestro de teatro. Es rey feo vitalicio en la Universidad de San Carlos y obtuvo el Premio Nacional de Teatro en 2024. Pero, sobre todo, un leal discípulo de Hugo Carrillo.

El título de la obra que, según Escobedo corresponde a un platillo afrodisíaco, es apropiado para esta comedia en la que el erotismo se fusiona con el deseo de compartir un amor. El director señala que intuye que, a Hugo Carrillo, le hubiera gustado que, al concluir la función, el público volviera a su hogar “con ganas de amar”.

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