El poeta y la locura

...el poeta no es un loco, porque no establece con sus versos semejanzas inexistentes en la realidad, como lo hace el loco, cuando usa el lenguaje, sino, al contrario, se propone, siempre buscar y hallar las semejanzas profundas y ocultas, que realmente existen entre los diversos y diferentes seres y cosas del mundo, para revelarlas en y con el lenguaje.

Camilo García Giraldo

mayo 24, 2026 - Actualizado mayo 25, 2026

Federico Hölderlin y su novela Hiperión. Foto: Archivo

El gran poeta alemán Federico Hölderlin, autor de la extraordinaria novela Hiperión, de alto contenido lírico y poético, en donde expone su concepción de la creación artística y poética, como un acto de unión amorosa entre los hombres, y, los dioses, pasó los últimos 31 años de su vida, en un estado de locura pacífica –una esquizofrenia catatónica- bajo los cuidados de un ebanista, admirador de su obra, en la ciudad de Tubinga. El poeta español Leopoldo María Panero, autor de una prolija y valiosa obra, fue también un enfermo mental, que estuvo muchas temporadas de su vida, recluido en hospitales psiquiátricos. La vida del notable poeta colombiano, Raúl Gómez Jattin, tiene una especial semejanza con la de estos dos poetas, debido a la enfermedad mental que padeció, y, que, lo llevó a pasar una gran parte de su vida adulta encerrado en diversos centros de atención mental, y, la otra parte, malviviendo en condiciones infrahumanas en parques y calles de Bogotá y Cartagena, ciudad, donde finalmente, murió atropellado por un bus en 1997. Poeta, con el que tuve la fortuna de compartir un par tertulias literarias que organizamos hace muchos años en Bogotá en la universidad donde trabajaba de profesor, y, de escucharlo, en un inolvidable recital que ofreció allí. Tal vez, en este poema titulado En este cuerpo, dejó plasmado, el mejor y más conmovedor, retrato de sí mismo, de su ser desgarrado y deshecho:

En este cuerpo

en el cual la vida ya anochece

vivo yo

vientre blando y cabeza calva

pocos dientes

Y yo adentro

como un condenado

Estoy adentro y estoy enamorado

y estoy viejo

Descifro mi dolor con la poesía

y el resultado es especialmente doloroso

Voces que anuncian: ahí vienen tus angustias

voces quebradas: pasaron ya tus días.

La poesía es la única compañera

acostúmbrate a sus cuchillos

que es la única.

La vida y la presencia de estos poetas mentalmente enfermos o locos, nos recuerda la profunda y secreta semejanza y cercanía, que siempre ha existido, entre el poeta y la locura, y, que, Platón fue uno de los primeros en señalar en la historia de la cultura occidental. En efecto, en su diálogo Fedro nos dice: “Hay un tercer estado de posesión y de locura procedente de las Musas que, al apoderarse de un alma tierna y virginal, la despierta y la llena de un báquico transporte tanto en los cantos como en los restantes géneros poéticos y que, celebrando los mil hechos de los antiguos, educa a posteridad. Pues aquel que sin la locura de las Musas llegue a las puertas de la poesía convencido de que por los recursos del arte habrá de ser un poeta eminente, será uno imperfecto, y su creación poética, la de un hombre cuerdo, quedará oscurecida por la de los enloquecidos”.

Sin embargo, considero, que esta semejanza no se refiere solo al hecho, de que en la personalidad de todo gran poeta brota una especie de estado de locura, de delirio o de pérdida de la razón, cuando escribe un poema, sino, sobre todo, a una semejanza diferente, y, mucho más profunda: la que se da en el plano del lenguaje, o mejor, en la manera como los dos tratan el lenguaje que crean o que usan. En efecto, el poeta, se parece al loco, porque los dos suelen designar a los seres y cosas del mundo con nombres, que originalmente, no les pertenecen, con palabras, que corresponden a seres y cosas diferentes. Cuando el poeta crea una metáfora, confunde, como lo hace el loco, cuando habla, una cosa con otra. Y, al hacerlo así, los dos forjan o crean con el lenguaje, una gran Semejanza entre diversas y diferentes seres y cosas del mundo real.

Pero, por otro lado, el poeta no es un loco, porque no establece con sus versos semejanzas inexistentes en la realidad, como lo hace el loco, cuando usa el lenguaje, sino, al contrario, se propone, siempre buscar y hallar las semejanzas profundas y ocultas, que realmente existen entre los diversos y diferentes seres y cosas del mundo, para revelarlas en y con el lenguaje. Este hecho lo constató muy bien Michel Foucault en su libro Las palabras y las cosas, cuando analizando, el papel de El Quijote en la formación del saber y la cultura moderna dijo: “En los márgenes de un saber que separa los seres, los signos y las similitudes, y como para limitar su poder, el loco asegura la función del homosemantismo; junta todos los signos y los llena de una semejanza que no para de proliferar. El poeta asegura la función inversa; tiene el papel alegórico; bajo el lenguaje de los signos y bajo el juego de sus distinciones bien recortadas, trata de oír el “otro lenguaje”, sin palabras ni discursos, de la semejanza. El poeta hace llegar la similitud hasta los signos que hablan de ella, el loco carga todos los signos con una semejanza que acaba de borrarlos. Así, los dos –uno en el borde exterior de nuestra cultura y el otro en lo más cercano a sus partes esenciales- están en esta “situación límite” –postura marginal y silueta profundamente arcaica- en la que sus palabras encuentran incesantemente su poder de extrañeza y el recurso de su impugnación”.

Por esa razón, el poeta y el loco situados juntos, en esta relación de simultánea similitud y disimilitud, nos muestran con su presencia, que el ser humano no solo es poseedor de una razón analítica que todo lo distingue y lo diferencia, sino, que también existe en él el riesgo o la posibilidad permanente de perder esa razón, para arrojarlo al universo de la semejanzas inexistentes, o, la valiosa posibilidad de dejarla por un momento a un lado, de manera intencional y consciente, para poder encontrar las semejanzas reales y profundas que existen entre las diferentes cosas del mundo, y, que, la presencia, muchas veces hegemónica, de esta razón analítica no le deja ver y percibir, o mejor, para poder escuchar lo que le dicen con leves murmullos esos diversos seres y cosas del mundo, sin el obstáculo, que esta sorda razón siempre le interpone. Dos posibilidades reales, que hacen parte integrante e ineludible, de la existencia humana.  

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