El Jocotenango actual de la Ciudad de Guatemala se hizo desde el despojo indígena

Jocotenango terminó por establecerse en el valle de la Ermita, que fue el cuarto y último asentamiento de la capital del Reino de Guatemala, a través de la imposición que se dio por medio de la Capitanía General y de la Iglesia, pero también a través de las negociaciones y consensos, logrando ser el principal pueblo de indígenas en la Nueva Guatemala de la Asunción.

Mauricio José Chaulón Vélez

agosto 30, 2026 - Actualizado agosto 29, 2026

Es fundamental tener en cuenta que el 6 de septiembre de 1879 el gobierno de Justo Rufino Barrios emitió el decreto 241 por medio del cual suprimió el pueblo de Jocotenango en la Ciudad de Guatemala, el cual era de indígenas.

La comunidad fue despojada de sus tierras; se destruyeron su iglesia, su cabildo, sus viviendas, su cementerio, sus relaciones. Fue uno de los primeros pueblos de indígenas tributarios en ser trasladados de la antigua Ciudad de Santiago de Guatemala luego de la tragedia de los terremotos de Santa Marta del 29 de julio de 1773.

Por disposición real que hizo cumplir el capitán general Martín de Mayorga, los pobladores indígenas de Jocotenango comenzaron a trasladarse en 1777 y a finales de 1779 el IV arzobispo de Guatemala, Cayetano Francos y Monroy, quien sustituyó a Pedro Cortés y Larraz que era opositor al traslado de la capital del Reino, ordenó en consonancia con las normativas del gobierno colonial que se trasladase la iglesia jocoteca con todas sus imágenes y enseres.

Jocotenango terminó por establecerse en el valle de la Ermita, que fue el cuarto y último asentamiento de la capital del Reino de Guatemala, a través de la imposición que se dio por medio de la Capitanía General y de la Iglesia, pero también a través de las negociaciones y consensos, logrando ser el principal pueblo de indígenas en la Nueva Guatemala de la Asunción. Los hombres jocotecos se convirtieron en la fuerza de trabajo que construyó muchos edificios civiles, varias iglesias y un alto número de casas, mientras que muchas de las mujeres jocotecas fueron trabajadoras en las residencias de la clase alta y las capas medias, siendo un número significativo de ellas nodrizas en esas familias: por ello fue por lo que a Jocotenango se le conoció como tierra de Chichiguas, porque el término deriva del náhuatl y refiere a «la mujer que amamanta». Jocotenango también fue proveedor de alimentos agrícolas, aprovechándose su locación geográfica que quedó de la misma manera que en la antigua Ciudad de Santiago, es decir al norte de la capital y directamente colindante con ella. La relevancia de Jocotenango fue mayor a partir de la apertura de su iglesia, en 1804, por las celebraciones de la feria en honor a la Virgen de la Asunción, patrona del pueblo. Esta advocación mariana también era el patronazgo del pueblo de la Ermita, en el valle donde se refundó la capital en 1776, por lo que las celebraciones en Jocotenango se convirtieron en las principales de Nueva Guatemala como feria patronal y, por lo tanto, oficial de la ciudad, con un significativo carácter popular y de convergencias sociales.

La ubicación de Jocotenango es el actual inicio de la zona 2 de la Ciudad de Guatemala de sur a norte, donde colindan de manera directa la 3ª., 4ª., 5ª., 6ª. y 7ª. avenidas y 1ª. calle de dicha zona con el Centro Histórico, extendiéndose hasta el Hipódromo del Norte y áreas aledañas al oriente.

Pero, el decreto del gobierno de Barrios el 6 de septiembre de 1879 desarraigó a la población, convirtiendo el pueblo original en un cantón. Su histórica iglesia, el cabildo y el cementerio fueron destruidos y sus tierras se nacionalizaron para ser vendidas a particulares. El área se modificó en una estética europea dentro de los cánones de la modernidad capitalista, con influencia francesa, británica y germana.

En 1881 se inauguró el Hipódromo del Norte que estaba al final de una nueva avenida que es la Simeón Cañas. Mientras, los indígenas jocotecos tuvieron que migrar por el desalojo y el desarraigo en nombre del tren indetenible de la modernidad que empujaba la Reforma Liberal y atropella a los pueblos. Así, Jocotenango se transformaba en el espacio de extensión de la Ciudad de Guatemala hacia el norte que se convirtió en residencia de élites y visita de paseos dominicales de ellas, pero sobre el desarraigo indígena en un terrible proceso de despojo.

Y aunque la feria de la Asunción continuó celebrándose ahí entremezclando objetivos de la modernidad liberal con la llegada temporal de comerciantes indígenas desarraigados, Jocotenango ya era distinto y se transformó para siempre. Hago un llamado al gobierno de Guatemala para que instale una cédula amplia en el Parque Jocotenango, que era la plaza del pueblo original de indígenas, y que también se llamó Parque Estrada Cabrera y que para muchas personas sigue siendo conocida como Parque Morazán, que muestre esta historia.

La memoria es fundamental, porque muchas veces es desde ella que la historia toma el sentido de aproximarse a la realidad, por dura que sea, pero que permite pensarnos de manera transformadora en la búsqueda de la justicia social. La Ciudad de Guatemala no pudo haberse erigido sin las manos jocotecas, las cuales hoy están olvidadas en los confusos imaginarios de la actualidad.

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