Las musas de Martí

Tenía 24 años y ya había logrado impactar a la sociedad guatemalteca, lo que empezó a provocar ciertos celos entre conservadores y liberales, que veían en Martí a un extranjero demasiado influyente.

Méndez Vides

enero 4, 2026 - Actualizado enero 3, 2026

En prólogo escrito para el libro Poesías de José Joaquín Palma, Martí atribuye a su compatriota las musas que en realidad fueron las suyas: patria, verdad y amores.

A la patria dedicó su vida consciente hasta el martirio, a la verdad aquel deseo de “poner de moda la virtud”, y a los amores, los versos precursores del modernismo de Versos sencillos, que ha leído, declamado y cantado la población ilustrada en toda Latinoamérica desde su aparición en 1891.

Para rememorar al poeta José Martí, pensador independentista y apóstol cubano, evocaremos los grandes y pequeños acontecimientos que lo movieron en vida; porque Martí se movía, pero también fue dramáticamente movido por las circunstancias.

Principiemos por delinear a grandes rasgos las historias tormentosas que marcaron el destino del poeta.  

LA FAMILIA

En 1815 nace en Valencia, la ciudad amurallada que asedió y luego defendió el Cid Campeador del ataque de los moros, Mariano de los Santos Martí y Navarro, hijo de sastre, quien ingresó en el Cuerpo de Artillería en los años cuarenta, y que cuando tenía 35 años de edad, en 1850, fue trasladado siendo Sargento Primero con su Compañía a La Habana, capital de la colonia, último reducto de España en América luego de la Independencia del continente, y que fue defendida por el reino con fuerza y orgullo apasionado. 

En Cuba le tocó pelear contra Narciso López, el venezolano, brigadier del ejército de España, que se reveló y atacó la isla con mercenarios, con el propósito de independizar Cuba para anexarla a los Estados Unidos, preservando la esclavitud. Mariano Martí luchó en las batallas exitosamente, por lo que fue gratificado. Capturaron al líder rebelde, quien fue condenado por alta traición y ejecutado en público, a garrotazos para que sirviera de escarmiento.

En La Habana el Sargento Primero conoció a la inmigrante doña Leonor Antonia de la Concepción Micaela Pérez y Cabrera, que llegó a trabajar con su familia, proveniente de Tenerife, isla canaria de donde también vino a Guatemala dos siglos antes, el mendicante Santo Hermano Pedro de Betancur.    Llegando a La Habana un golpe de suerte les anuncia prosperidad, porque ganan la lotería y adquieren así una casa amplia donde vivir.  Ellos creen que así será el resto de sus vidas, pero no sucedió de tal manera.

Mariano y Leonor se casaron en 1852, y en los doce años sucesivos, tendrán 8 hijos; el primogénito es varón, José Martí, y 7 mujeres:  Leonor, Mariana Matilde, María del Carmen, María del pilar, Rita Amelia, Antonia Bruna y Dolores Eustaquia, la séptima, cuyo nacimiento coincide con la muerte de María del Pilar, la cuarta, a quien ella seguirá 8 años más tarde.  Martí sufre la muerte de sus hermanas, que por la necesidad van cayendo a lo largo del tiempo, y será sólo una, Amelia, la quinta, quien sobrevivirá a su madre, cuando en 1907 muere anciana, estando las dos sumidas en la pobreza.

Siendo Martí hijo de padres con tan largos nombres, según la costumbre antañona, suena curiosos que él optara por el José simplificado, y el apellido paterno que hoy basta para identificarlo.  O que, durante su visita clandestina a Cuba, antes de venir a Guatemala, se identificara como Julián Pérez, utilizando su segundo nombre y el apellido materno. Martí escapaba de lo engrandecido, y así tituló su libro más importante como “Versos sencillos”.

Las hermanas del poeta no llegaron con el pan debajo del brazo, como se esperaría, sino con la estrechez económica, debido en principio a los despidos frecuentes del empleo que sufrió el padre, lo cual obligó a la familia a mudarse en repetidas ocasiones, y, luego, a los afanes revolucionarios del hijo trashumante que los afectó.  

Gracias al ingreso de ciertos recursos tras la muerte del suegro de Mariano, pudieron emprender el retorno a España, donde Martí vivió de los 4 a los 6 años de edad, hasta cuando las circunstancias obligaron a la familia nuevamente a cruzar el océano y volver a Cuba, donde el hijo varón acompañará a su padre a Belice, de cuya estadía no sabemos mucho, pero ya estaba muy cerca de esta tierra nuestra de volcanes, montañas y lagos que lo atraía, tierra que descubrirá más tarde, en sus años intensos de juventud.     

Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853, aunque como él mismo afirmó más adelante “No basta con nacer: —es preciso hacerse”.  

Va con su padre a Matanzas, donde presencia indignado el tráfico de esclavos. Las cadenas y el mal trato lo impactan profundamente, y muy pronto sentirá su ardor en carne propia cuando siendo estudiante aventajado, ganador de concursos fue premiado en conjugación de verbos latinos y clasificación de figuras de dicción, vive la experiencia a los dieciséis años de los trabajos forzados como preso político.  

En 1869 fue tildado de “enemigo declarado de España”, enjuiciado, condenado, rapado y vestido de recluso.  Le pusieron los grilletes atados a la cintura y tobillos, cuyo ardor por el roce provocó el sarcocele en la ingle que le duraría como una cruz el resto de la vida. Martí sintió en carne viva el sufrimiento del esclavo, “a quien le pegan y dan mal trato sin que él les hubiera hecho nada”, parodiando al poeta Vallejo, experiencia que más adelante plasmaría Martí en sus Versos Sencillos, donde expresó su primer juramento: “lavar con su vida el crimen” de la esclavitud. En un poema se dirige a su madre, como en las cartas que le escribió toda la vida, así:

Mírame, madre, y por tu amor no llores:

Si esclavo de mi edad y mis doctrinas,

Tu mártir corazón llené de espinas,

Piensa que nacen entre espinas flores.

La esclavitud no es una condición elegible, sino un siniestro, desafortunado e infame acontecimiento humano.  Para unos el resultado del color de la piel y hogar de nacimiento, para Martí un mero producto del azar y la circunstancia.    La idea de patria y libertad, será la musa que inspire de allí en adelante sus acciones rebeldes.

Pero vamos a los hechos y la circunstancia impuesta.   Martí era estudiante en La Habana en los días del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes, quien liberó a sus esclavos, se levantó en armas contra España y fue el primer presidente de la República de Cuba en armas.   Céspedes se alzó en contra de los gorriones españoles, y murió en la hoy legendaria Sierra Maestra.  Guatemala fue una de las naciones que reconoció de inmediato a la nueva nación independiente, en la guerra perdida de los diez años. 

—LOS VALDÉS

Entonces apareció la acción circunstancial de los hermanos Valdés, Fermín y Eusebio, hijos de un guatemalteco, quienes le proponen escribir una carta dirigida a su compañero de estudios, Carlos de Castro, para que deserte del Ejército colonial al que se había adherido. La carta la escribió Martí porque era él quien tenía mejor caligrafía y sabía redactar, aunque la firmaron supuestamente los dos, pero Martí durante el juicio se atribuyó ser el único autor. La nota nunca fue enviada, permaneció en un sobre en la casa de los Valdés.   Pero un día, pasó un grupo de Voluntario coloniales enfrente de la casa de Valdés, y ellos se mofaron, lo que provocó que la casa fuera cateada y expurgada, hasta dar con el documento, por el cual Martí terminó condenado a los 16 años a realizar trabajos forzados en las canteras 12 horas al día, (por 6 años en Presidio frente a los seis meses de arresto a Fermín Valdés en la Fortaleza).  De dicho infierno fue trasladado por los ruegos del padre, quien abandonó su empleo para salvar al hijo, hasta que logró que lo trasladaran a la Cigarrería del Presidio, y confinado más tarde a la Isla de Pinos, donde escribió a la madre con su fina caligrafía: “Tengo 16 años, y muchos viejos me han dicho que parezco un viejo”.  De allí, gracias a sus gestiones, fue deportado a España. Martí tendría otra oportunidad, pero ellos quedaron sumergidos en una crisis económica, señalados y rechazados por el hijo, y en declive.

A los 18 años llega Martí a Madrid, donde lo reciben otros independentistas.  Allí de dedica a estudiar cursos libres de Derecho y a escribir su testimonio sobre El presidio político en Cuba, que tuvo resonancia porque planteaba su oposición a la irracionalidad del odio.  También asiste a la logia masona.  Se asume que fue Eusebio Valdés, quien lo impulsó a trasladarse a Zaragoza, donde estudió y rindió los exámenes del bachillerato y en Derecho Civil y Canónico.  Martí conocía a los autores griegos y latinos, así como a los clásicos españoles.  Continuó estudiando para la Licenciatura en Filosofía y Letras, cuyos exámenes orales ganó con nota sobresaliente. Obtiene los títulos, pero por falta de dinero no pudo solicitar los diplomas, por lo que nunca los obtuvo, pensando que lo relevante era el conocimiento.   

Cuba sigue en llamas, se dan los fusilamientos de estudiantes, mientras en Europa se revuelve la Comuna de París y, durante la Primera República española, asiste al enfrentamiento y barricadas de los republicanos contra el golpe de Estado pro monárquico.

Estudia en Zaragoza y publica artículos en diarios de México, mientras en Cuba su familia se está muriendo de hambre.  El 30 de diciembre del 1873 aparece en el diario La Iberia de México una nota indicando que, debido a las acciones revolucionarias de Martí, la vida se había tornado hostil para su familia, que estaban pasando hambre y enfermedades, porque carecían “enteramente de recursos”: “no tienen qué comer, no tiene qué vestir, no tienen con qué curarse, y la miseria la devora”.  Así hacen una colecta para llevarlos a México.  Los conducen a la capital y, al llegar, debido a la altitud, fallece Mariana Matilde, la hermana que padecía de afecciones cardíacas. Han muerto 3 y quedan 4.

En 1874, tras tres años de estudio, Martí se siente preparado para volver a trasladarse a tierra americana, aunque no podía salir de España, así que lo hace clandestinamente hacia París, acompañado del siempre presente Fermín Valdés.  Se embarca hacia Nueva York, y luego en el viaje a Veracruz le toca hacer escala en Cuba, suelo al cual no puede entrar y aprecia desde la cubierta del vapor.  En Veracruz lo espera su padre y Manuel Mercado, entonces Secretario de Estado en México, quien siendo vecino de don Mariano, quiso ayudarlo.   El padre de Martí había pasado de funcionario español con algunos recursos, a humilde empleado, debido a la imagen de conspirador de su primogénito.  Mercado ayudó a la familia a enterrar a la hija y a buscarles medios de sostén, y fue él quien presentó a Martí al director del diario Revista Universal, donde trabajó escribiendo artículos, poemas y traducciones del francés.   Se dice que en ocasiones debió haber escrito él todo el contenido del rotativo.   

—VIDA AMOROSA

Martí, que en sus días de adolescente en la cárcel repudió por principios a las mujeres no decentes que llegaban a visitarlos, porque: “A Dios gracias el cuerpo de las mujeres se hizo para mí de piedra”, le toca vivir en sus días en Madrid una aproximación de mujer casada que lo trata de seducir, y él la rechaza y escribe a continuación su obra “Adúltera”.  Así juzgaba sus propias acciones, por su férrea moral.   Y al llegar a Zaragoza conoce a Blanca de Montalvo, que será la primera novia y a quien dedica poemas, llamándola “mi blanca”.   Ella marcó el inicio de sus relaciones sentimentales.   Avivó a la musa del amor.  Luego, en México, dio conferencias, opinó sobre pintura, y escribió un drama para el Teatro Principal, donde conoció y se relacionó con la actriz Concepción Padilla, con quien se rumoreó que tuvo otra relación sentimental, así como se le atribuyó con Rosario de la Peña, a quien llamaban Rosario la de Acuña, porque el poeta Manuel Acuña se quitó la vida debido a su rechazo.  Pero fue en diciembre de 1875 cuando conoció a la mujer de quien se enamoró y con quien decidió casarse, la cubana Carmen Zayas-Bazán.  A ella le dedica versos de noviazgo, de amada y de decepción cuando la relación fue insostenible, y apareció en su vida Carmita Miyares, el último amor.

Martí se estaba estableciendo en México, podía mantener a sus padres y hermanas sobrevivientes, así como planeaba casarse, ya tenía reputación e ingresos en México, cuando una nueva circunstancia se volvió a imponer.   Porfirio Díaz da golpe de Estado, derrota a las fuerzas leales a la Constitución en la Revolución de Tuxtepec el 28 de noviembre de 1876, ingresa a la Capital e inicia el Porfiriato.    Cierran el periódico Revista Universal y Martí se queda desempleado.  En otros medios todavía opina en contra del suceso, y surge la acusación: “¿Qué trae este extranjero a la mesa donde jamás probó manjar?”

Martí contestó en su última colaboración en México, titulada “Extranjero”: “Aquí fui amado y levantado; y yo quiero cuidar mucho mis derechos a la consoladora estima de los hombres// Por serlo me yergo ante toda coacción que me comprima…   Para la lisonja, siempre extranjero; para el peligro, siempre ciudadano”.

—GUATEMALA

Se preparó para viajar a Guatemala, impulsado por la amistad de Juan Ramón Uriarte, Embajador de Guatemala en México, quien le entregó cartas de recomendación, así como por las relaciones de los Valdés, cuyo padre era guatemalteco.     

El plan implicaba llevar a su familia de regreso a La Habana y comprometerse en matrimonio con Carmen, a quien llevaría más adelante con él.      

Partió de México el 29 de diciembre, haciendo una escala en La Habana, a donde ingresó clandestino, para organizar la repatriación e instalación de su familia en Cuba. Esperó que llegara la madre con su hermana menor, y en Puerto Progreso, Mérida, despidió al padre y tres hermanas restantes, que partieron hacia Cuba. Pudo hacerlo gracias a la ayuda de un amigo español.

Martí vino a Guatemala en canoa, de Progreso hasta isla Mujeres, de donde salió en cayuco a Belice, Livingston y por el Río Dulce-  De Izabal continuó del 26 de marzo al 2 de abril a lomo de mula hasta llegar a esta ciudad nuestra, conducido por un matrimonio que se dedicaba a tal cosa. Rápidamente se presentó ante su compatriota José María Izaguirre, director de la Escuela Normal, quien lo hospedó y dio empleo como profesor de literatura, y de ejercicios de composición.  

Fue en Guatemala donde Martí optó por la docencia escolar. Por eso decía que Guatemala “Lo hizo maestro, que es hacerlo creador”.  Un mes más tarde fue nombrado catedrático de Literatura francesa, inglesa, italiana y alemana, así como de Historia Natural en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de San Carlos, y dio clases gratuitas de composición en la Academia de Niñas de Centroamérica, dirigida por Margarita Izaguirre.

Y eso no fue todo, de inmediato fue llamado por el canciller, quien le ofreció trabajo para que comentara la nueva Constitución nacional, lo cual aceptó, pero rehusó reuniones oficiales, siendo cauteloso.  Decía entonces: “La vida debe ser diaria. Movible, útil, y el primer deber de un hombre en estos días. Es ser un hombre de su tiempo”.   No quería ser anunciado como escritor ni tener injerencia en la política, seguramente por lo experimentado en México.  

Martí se relacionó con figuras notables, como Lorenzo Montúfar, y fue cuidadoso de no ser percibido como competencia de nadie.

En Carta a Mercado se expresa así de Guatemala: “Es un pueblo que se ha movido poco, y como sus elementos han sido permanentes, aún le duran y con facilidad son conocidos.   Sin círculo literario, sin hábitos de altas cosas …  mis soberbias tienen que ser muy prudentes para no parecer aquí presunciones”

Pero sus discursos eran aplaudidos apoteósicamente, y pronto llegó a conocimiento del presidente Justo Rufino Barrios, quien quiso conocerlo.  

En uno de sus discursos expresó su admiración por el esfuerzo notable del Gobierno hacia la agricultura, pero dejó entrever que sin instrucción sería imperfecto todo esfuerzo.  Y cuando se dio la intentona golpista de los conservadores, Martí condenó el intento, aunque íntimamente criticó la dureza con que se castigó a los insurrectos.

En mayo de 1877 le pidieron de la Sociedad Literaria El Porvenir dictar un discurso en el Teatro Colón, y su éxito fue tal, que lo nombraron vicepresidente de la sociedad.    

Tenía 24 años y ya había logrado impactar a la sociedad guatemalteca, lo que empezó a provocar ciertos celos entre conservadores y liberales, que veían en Martí a un extranjero demasiado influyente.

Pero Martí se fue sintiendo a gusto en Guatemala, creyó que podría seguir viviendo como maestro, y planificó revalidar su título de Derecho, profesión que no le agradaba pero que pensó sacarle ventaja económica para poder casarse con Carmen y traerla con él.   Lamentaba lo que ella podría sufrir a su lado, pero se justificaba escribiendo: “Afortunadamente, viviré poco, y tendré pocos hijos: —no la haré sufrir”, o cuando veía el futuro sin ella: “sin ella, ¿para qué quiero yo vencer?” 

También pensó en la posibilidad de superar sus deudas, y comprar una finca para dedicarse a la agricultura.  

En Guatemala fue muy bien acogido por familias ilustres, como el ex presidente Miguel García Granados y los suyos, a cuya casa llegaba con frecuencia el cubano a jugar ajedrez, disfrutar de veladas musicales y literarias, conversar y disfrutar de la buena amistad. 

Cultivó la amistad de otro cubano insigne, José Joaquín Palma, autor de la letra de nuestro himno nacional, quien estuvo con Carlos Manuel de Céspedes en el primer alzamiento revolucionario.  

En dichas veladas conoció a María, la niña adolescente, hija del anfitrión, que quedó prendada del poeta, por su inteligencia y capacidad verbal. Parece que ella le pidió que le escribiera un poema, a lo que él respondió con un sentimiento amistoso, cuidadosamente plagado de mensajes subliminales, como “Versos me pide la amistad” o “a ti va alegre mi canción de hermano”, pero tampoco iba el cubano a lastimar la sensibilidad de la muchacha.   Él habrá notado que ella se sentía atraída, o lo sospechaba, y por eso insistía en las líneas para resaltar que “Y la noble amistad, tierna y lozana”, y advierte de la existencia de una novia que “curó mi mal y serenó mi frente” en México.  Y luego, parece, que ella le volvió a pedir otro poema, que él le volvió a dedicar, resaltando el amor fraternal. Pero ella siguió ilusionada, y antes de partir a casarse le regaló una foto suya dedicada como “Tu niña”.  

Partió a México y se casó el 11 de diciembre de 1877.  La ceremonia religiosa se sucedió en la parroquia del Sagrario Metropolitano, y el festejo civil de celebró en la casa de Mercado, donde Martí se alojaba.   

El 26 de diciembre partieron juntos hacia Guatemala. El recorrido fue intenso, cruel, atravesando ríos, cruzando cerros, esquivando viajeros y huyendo de los ladrones que eran ahuyentados por la escolta.   No le pareció lo mismo hacer el viaje solo, que acompañado.   Hicieron escala en Acapulco, y desde allí, en plena luna de miel, terminó de escribir el libro “Guatemala”, que envió por correo a México para organizar su publicación, primero en periódico por partes y luego en forma de libro. Su intención era clara, le gustaba Guatemala, el trato que había recibido, el cariño, y se quería quedar a vivir en el país, y así agradecería cortesanamente el aprecio, pero fue al revés.  Martí creyó que iba a llegar casado a un país donde se le adoraba, y que su esposa gozaría de la buena voluntad.   Por eso escribió a Mercado, en relación al libro, “este libro me será aquí de verdadera utilidad: servirá de arma a los que me tienen cariño contra aquellos para quienes soy, a pesar de mi oscuro silencio, una amenaza o un estorbo”.

La experiencia no fue como había planificado, porque cuando regresó casado encontró otro universo, otra realidad. Quizá el libro influyó en agitar la desconfianza o el celo, pero muy pronto ya quería salir corriendo.   En una carta advirtió lo que estaba intuyendo: “Tengo decidido, cuando pague mis deudas, irme de aquí”.  

Lo recibieron con terribles sorpresas, como retirarle las cátedras en la Universidad por celos del rector, dejándole apenas una clase de Historia de la Filosofía sin sueldo, y con alumnos a los que se prohibía acudir, donde unos pocos que llegaban le tomaron cariño y regalaron una leontina para su santo que él uso siempre, y envió a su hijo antes de la batalla en la que pereció con la siguiente nota: “Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre”.

En sus cartas transcribió como fueron los días de su llegada casado a Guatemala: “Los conservadores me hacen la cruz, y están en su derecho, yo debo parecerles un diablo con levita cruzada. Los liberales sedicentes, que de inteligencia y corazón aquí no los hallo, se resisten a estrecharse para dar sitio en el banquete al que no es a sus ojos sino un comensal más.  —No saben que los que viven del cielo comen muy poco de la tierra. —No toman de ella más que lo necesario, para vengarse de ella, porque los retiene.”

Las intrigas lo afectaron, a su alrededor sintió que había una conjura en su contra, por parte de las fuerzas políticas en pugna.   Ya no pudo llevar a cabo su proyecto de la Revista Guatemalteca, que tuvo que aguardar más de 60 años para realizarse. Y lo que más le afectó fue la manera como sufrieron quienes lo apoyaron.   El Embajador en México, Uriarte, fue destituido por escribir el prólogo a la obra. El director cubano Izaguirre, también fue destituido de la Escuela Normal, por órdenes expresas del caudillo Justo Rufino Barrios.  Martí tuvo que renunciar a sus cátedras, que eran su único ingreso, y preocupado por la situación escribió a Mercado:

“¡Pobre Carmen! costa suya me han enseñado una gran verdad —con un poco de luz en la frente no se puede vivir donde mandan tiranos —¿Qué mal les he hecho? …   Publicar un libro en que con amor y calor, para ellos nuevos, revelo sus riquezas desconocidas”.

A la situación crítica y desesperada se une una nueva circunstancia inesperada, el 10 de mayo falleció María García Granados, por un resfriado que agravó una posible pulmonía o tuberculosis que habrá padecido.  El velorio y el sepelio fueron un hecho social que afectó a la clase alta de la sociedad guatemalteca.  La murmuración indicaba que había muerto por algo más que una enfermedad. Martí sintió culpa, lo cual una década más tarde desataría su poema más famoso, cuando su relación con Carmen ya había zozobrado:  La niña de Guatemala.  

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

…Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

…Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador:
él volvió con su mujer:
ella se murió de amor.

Como de bronce candente

Al beso de despedida

Era su frente ¡la frente

Que más he amado en mi vida!

… Se entró de tarde en el río,

La sacó muerta el doctor:

Dicen que murió de frío:

Yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,

La pusieron en dos bancos:

Besé su mano afilada,

Besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,

Me llamó el enterrador:

¡Nunca más he vuelto a ver

A la que murió de amor!

María García Granados (1860-1878)

Martí buscó desesperado un nuevo destino, porque la vida en Guatemala se le convirtió en insoportable.   El final de la guerra de los diez años iniciada por Carlos Manuel de Céspedes, terminó con el Pacto del Zanjón, lo que significó la amnistía para los desterrados.    Martí ya podía volver a la patria.   Tomó la decisión, y a finales de julio de 1878 emprendió el viaje a la patria, y su vida será un continuo sobresalto, porque regresó lastimado por lo experimentado en Guatemala, diciendo para su confort: “Nada en mí sigue hasta ahora la vía de las existencias ordinarias”.  

En Cuba solicitó la acreditación del título de Derecho obtenido en Zaragoza, porque no tenía el diploma requerido, pero le fue negada la opción.   Solicitó el permiso para enseñar, y tras una larga espera, finalmente lo obtuvo, lo que le permitió impartir clases de segunda enseñanza en colegios privados, e ingresó a la escuela Casa de Educación, pero por sus discursos apasionados se vuelve nuevamente notorio. Nace su hijo y es apresado y mandado al destierro, internado en la cárcel de Santander, en donde permanece hasta que logra librarse del encierro y escapa por Francia para viaja a Nueva York, donde se une al grupo de insurrectos que preparan la guerra de la Independencia.   Carmen llega por breves períodos de tiempo, pero no logran arreglarse para vivir con los bajos ingresos, por lo que se separarán nuevamente, y Martí se mueve a Venezuela, donde repite la experiencia guatemalteca, de maestro y colaborador de los diarios, a ser expulsado por presión del presidente, y va de regreso a Nueva York.   

Las vicisitudes no se detienen, y en medio de un período de descanso por motivos de salud, en 1890, Martí escribe de un tirón su libro Versos sencillos, que aparece publicado en Nueva York al año siguiente, convirtiéndose en precursor del Modernismo, referencia de Rubén Darío y de los que estaban por venir.   Las tres musas se juntan para que en un libro pequeño y sencillo donde plasma su espíritu y pensamiento:

“Éstos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados”

La publicación de su obra poética, el testamento y avisos sugeridos, hacen pensar que Martí partió a la batalla sabiendo que no sobreviviría.  “Versos sencillos” es el punto de partida hacia la guerra en la que se involucrará para morir. Así dice:

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

Echó sus versos inolvidables y el 19 de mayo de 1895, muere en la batalla de Dos Ríos.    Iba a caballo, acompañado de dos escoltas hacia la línea enemiga, cuando soldados escondidos en los arbustos le dispararon. Su cuerpo fue capturado por los soldados españoles y le dieron cristiana sepultura en Santiago hasta el día 27. Descansó Martí y su poesía quedó construida para siempre, sobre el mensaje: “En la cruz murió el hombre en un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días”

Y cierro esta memoria con el poema 39:

Cultivo una rosa blanca,

En julio como en enero,

Para el amigo sincero

Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni ortiga cultivo:

Cultivo la rosa blanca.

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