El edificio de la Penitenciaría Central en el sur de la Ciudad de Guatemala

El gobierno edil aprobó el 17 de diciembre de 1875 que se iniciase el proyecto de construir una nueva cárcel, oponiéndose a que los presos se trasladaran al antiguo convento de Santo Domingo, sitio donde se había pensado enviarlos, porque la situación no cambiaría casi nada.

Mauricio José Chaulón Vélez

septiembre 21, 2025 - Actualizado septiembre 21, 2025

Penitenciaría Central de Guatemala. Foto: Wikipedia

El área que hoy ocupa el Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala, antes de que existiera este proyecto vanguardista, tuvo en el edifico de la Penitenciaría Central la construcción más grande y conocida. Con un decreto firmado por el presidente Justo Rufino Barrios, el 11 de enero de 1877, se dio inicio al proyecto de la Penitenciaría Central, colocándose la primera piedra el 27 de febrero de aquel año, en un acto al que asistieron Barrios, los secretarios de Estado, todos los magistrados del Organismo Judicial, el gobierno municipal encabezado por el alcalde Manuel Bengoechea y el rector de la Universidad Nacional Lorenzo Montúfar. El lugar elegido para la edificación de la Penitenciaría Central fue un solar llamado “El Campamento”, el cual se ubicaba en los planos de la ciudad al sur de la Plaza de Toros y del cerro El Cielito. La idea de construir una nueva cárcel comenzó en 1875, después del informe presentado por el designado por la Municipalidad de Guatemala, José F. Quezada, para visitar la Cárcel de Hombres y la Casa de Corrección de Santa Catalina (era conocida como Santa Catarina en el lenguaje popular), donde actualmente se ubica la casa parroquial de la iglesia de Santa Catalina y el Conservatorio Nacional de Música, en la 3ª. avenida y 5ª. calle de la zona 1.

El 9 de julio de 1875 se realizó la visita de José F. Quezada, destacando en su reporte que las condiciones de los convictos eran de sumo precarias. El gobierno edil aprobó el 17 de diciembre de 1875 que se iniciase el proyecto de construir una nueva cárcel, oponiéndose a que los presos se trasladaran al antiguo convento de Santo Domingo, sitio donde se había pensado enviarlos, porque la situación no cambiaría casi nada. Al existir entonces la aprobación municipal, el gobierno de Barrios autorizó en enero de 1877 los planos de la penitenciaría, comenzando los trabajos en febrero del mismo año. Los ingenieros Francisco Mancianti, Antonio Guerrero, Julián Rivera y Juan Stivil y Vidal fueron designados para los trabajos. Los primeros traslados de reos se dieron por orden del jefe político de Guatemala (lo que hoy se conoce como Gobernador Departamental), Miguel G. Saravia, el 18 de noviembre de 1881, para cumplir penas de trabajos forzados en obras públicas, con el objetivo de que se sumaran a las labores de construcción de la Penitenciaría.

El Acuerdo Gubernativo del 28 de junio de 1888, firmado por el presidente de la República, Manuel Lisandro Barillas, ordenó que todos los presos de la Cárcel de Hombres se trasladasen sin excepción a la Penitenciaría, ya que el edificio estaba prácticamente terminado. El diseño integró el proyecto original de los primeros ingenieros designados en 1877, principalmente el de Julián Rivera que consistía en un estilo panóptico, con el de José Beckers, director de Obras Públicas en la Secretaría de Fomento, tomando como base varios modelos de infraestructura penitenciaria en otros países. Ambos partían de la idea panóptica, es decir que toda la prisión se controla desde un punto más alto. Esta integración de planos, priorizando en muchos elementos la propuesta de Beckers, se oficializó por Decreto Gubernamental el 10 de febrero de 1883. 

La Penitenciaría Central se convirtió en uno de los edificios que cobró relevante importancia para los gobiernos liberales, tanto por el proyecto de tratamiento de la prisión desde la lógica del orden y progreso liberal para demostrar que el cumplimiento estricto de la ley simbolizaba que la sociedad progresaba, como por lo simbólico de la obra para representar el poder del Estado, convirtiéndose así en la primera obra monumental del área, casi siete décadas antes de que en ella empezara a surgir el Centro Cívico. Por ejemplo, así como a la inauguración de los trabajos de construcción en febrero de 1877 se hicieron presentes los más altos funcionarios de gobierno y de entidades nacionales, encabezados por el presidente Barrios, el 3 de octubre de 1892 se abrieron las obras de maestranza de la Penitenciaría, es decir las áreas en donde los reos harían distintos trabajos que significaban la concreción del proyecto liberal de ordenamiento social. A dicho acto se hicieron presentes el general José María Reina Barrios, presidente de la República; el secretario de Guerra y Fomento, coronel Próspero Morales; el secretario de Relaciones Exteriores, licenciado Ramón A. Salazar; el secretario de Gobernación y Justicia, licenciado Manuel Estrada Cabrera; el secretario de Hacienda y Crédito Público, bachiller Salvador Herrera; el secretario de Instrucción Pública, licenciado Manuel Cabral; la plana del Estado Mayor Presidencial; el presidente del Organismo Judicial y magistrados, y representantes del cuerpo diplomático. Fue el mismo Reina Barrios quien declaró inauguradas las obras de maestranza en el segundo patio del gigantesco edificio de la Penitenciaría Central, que ya dominaba el área. El hecho de que los más altos funcionarios de Estado asistieran a tal inauguración denota la importancia que para el régimen del segundo liberalismo tenía la idea de la cárcel en función de su ideología.

La construcción ocupaba más de 19 mil metros cuadrados en dos manzanas de terreno, extendiéndose de la 21 a la 22 calle y de la 7ª. a la 9ª. avenida. El muro externo tenía siete metros de alto por uno de ancho, con seis torres de vigilancia y otras dos en el interior, contando con dos patios y 16 cuadras de celdas. Fue el lugar donde los presos políticos de los regímenes liberales sufrieron diferentes formas de tortura. La novela El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, y la crónica Ombres contra hombres, de Efraín De los Ríos (cuyo nombre original era Efraín Ríos Aguirre), son lecturas fundamentales para entender lo que fue la Penitenciaría Central en la persecución política de las dictaduras de Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico Castañeda, respectivamente.

La Penitenciaría Central funcionó como tal hasta el 12 de enero de 1968, por lo que, a inicios del proyecto del Centro Cívico, el edifico de la Penitenciaría formaba parte del paisaje urbano que contrastaba entre la construcción carcelaria de finales del siglo XIX y evocaba las múltiples penas que sufrieron muchas personas en ella, con las vanguardias estéticas de edificios gubernamentales que hacían un llamado a nuevas ideas de nacionalismo y civismo. La monumentalidad del periodo liberal en la línea del orden y el progreso desde la aplicación de la justicia se mezclaba con la nueva monumentalidad, pero en una perspectiva de novedosas representaciones que llamaban a un sentido más amplio de la nación y de la patria. La reforma penitenciaria que se planificó en Guatemala desde que el Estado participara en el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, en Ginebra, Suiza, del 22 de agosto al 3 de septiembre de 1955, consideró que era necesario trasladar a las personas privadas de libertad que se encontraban en la temible Penitenciaría Central a nuevos sitios, acordes a los avances en materia penal internacional, debido a que la situación de precariedad que se vivía en el edificio de la Penitenciaría era cada vez peor. Así mismo, las demandas urbanísticas en la Ciudad de Guatemala resultaban contrarias a las condiciones de la Penitenciaría Central, por lo que cualquier proyección hacia el sur desde los límites del centro de la capital se encontraban con una edificación que no era propicia.

El gobierno de facto de Carlos Castillo Armas planteó el proyecto de construir un centro penal en sustitución de la Penitenciaría, en los terrenos denominados “La Esperanza”, en la aldea Jocotales, en el municipio de Chinautla, departamento de Guatemala. Continuando con esa línea, el gobierno de Miguel Ramón Ydígoras Fuentes planificó la construcción de granjas penales, las cuales se pensaron en el departamento de El Petén. Debido a la oposición que generó la idea, el gobierno de facto de Enrique Peralta Azurdia estableció la construcción de tres granjas penales, una en el departamento de Guatemala; otra en el municipio de Cantel, Quetzaltenango, y la tercera en el departamento de Escuintla. Fue así como nacieron las granjas penales de Pavón, en el municipio de Fraijanes, departamento de Guatemala; la granja penal de Cantel, en Quetzaltenango, y la granja penal Canadá, en Escuintla. Con el inicio de la construcción del centro penitenciario de la finca Pavón, el 9 de agosto de 1965 y la inauguración de la granja provisional el 12 de enero de 1968, la Penitenciaría Central empezó paulatinamente a clausurarse. En esta última fecha se trasladaron los 1174 reos que quedaban en ella.

El 13 de mayo de 1976 se inauguró la Granja Penal de Pavón como la cárcel más grande de Guatemala, mientras que el edificio de la que lo fue desde 1888 hasta su cierre 80 años después, fue demolido el 15 de mayo de 1968, durante el gobierno de Julio César Méndez Montenegro. El frío inmueble que estuvo un tiempo compartiendo con las vanguardistas edificaciones del Centro Cívico, llegó así a su fin, formando parte de la historia del sur de la Ciudad de Guatemala con siniestras evocaciones de lo que sucedió en el interior de sus gruesas paredes. Así como ocurrieron momentos que forman parte de la historia romántica del país, como la liberación de un reo el Viernes Santo al paso de la procesión del Santo Entierro del Cristo Yacente del templo del Calvario, que por supuesto se trataba de un preso de delito menor y que para el sistema hegemónico no representase ningún peligro, la Penitenciaría Central era el sinónimo del poder sistémico de una estructura socioeconómica y su superestructura que no creía en el diálogo democrático, aunque se ufanase de democracia. Cuando ya no hubo privados de libertad en ella, podía entrar a conocerse, como si su historia hubiese quedado demasiado lejos. Eran tiempos de contrainsurgencia y contrarrevolución, no obstante el gobierno de Méndez Montenegro era de vocación democrática. Las persecuciones políticas y la represión ya no se encerraba en gruesas tapias como las de la vieja Penitenciaría Central, sino que se volvieron sofisticadas en la maquinaria contrainsurgente. Pero si nos adentramos en lo que significó la Penitenciaría Central para el control social y político del Estado liberal oligarca, puede entenderse, mucho, de lo que vino después en la contrarrevolución.   

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