Altar con características teotihuacanas encontrado en el centro de Tikal. Foto: Lorena Paiz
La más importante noticia arqueológica de Mesoamérica en lo que va del año es el hallazgo de un altar de estilo teotihuacano en el centro de Tikal. Este descubrimiento que se realizó hace cerca de dos años, se dio a conocer a principios de la semana pasada y ha trascendido a nivel mundial gracias a la publicación de un artículo científico en la revista Antiquity.

La pieza en cuestión tiene un especial significado para los investigadores del Proyecto Arqueológico del Sur de Tikal (PAST), que desde 2019, han buscado cimentar con evidencias la compleja relación que hubo entre esas dos ciudades, que fueron, de las más importantes de Mesoamérica antes de la llegada de los españoles.
De acuerdo con Edwin Román Ramírez, director del proyecto, el hallazgo se realizó en una de las casas que forman parte de un conjunto que los arqueólogos identifican como la Plataforma Sur, en la que se han encontrado al menos dos palacios, tres construcciones residenciales y una estructura ceremonial.
Señala que en estas edificaciones es donde más se evidencia la presencia teotihuacana en Tikal. “Lo bonito de este hallazgo es que el mural es el único que tenemos hasta la fecha que no es híbrido. Es decir, que mucho del arte que encontramos anteriormente mezcla lo maya y con lo teotihuacano, en cambio este, es solo teotihuacano. Nos da la impresión de que quien lo elaboró fue alguien que realmente conocía sobre esa cultura”, expresa el arqueólogo.
Otros hallazgos
Hace algunos años se creía que en el área que ahora se explora solo había un montículo natural y que solo había construcción en una pequeña parte de arriba. Sin embargo, a partir de 2016, cuando comenzaron a realizarse exploraciones con la tecnología LiDAR (Laser Imaging Detection and Ranging), que permite obtener imágenes de estructuras que están bajo la tierra, se observó que existían ángulos rectos, lo que indicaba que había construcciones. Posteriormente se requirió de la excavación de túneles y un análisis que incluyó más de 500 fotografías.
Dentro de los túneles, el trabajo se dividió en dos etapas, que los arqueólogos identificaron como Venado (del 300 al 400 d.C.) y Cabrito (400-450 d.C.). En la primera, en uno de los patios se encontró una estructura casi semi oval con muchos postes, que según deducen pudo haber tenido una función funeraria. Encontraron dos entierros, en uno de ellos, denominado entierro 10, se encontró una punta de obsidiana verde, que es originaria de Pachuca en México y no era común en Tikal. El otro entierro denominado 15 se trata de un niño enterrado en un pequeño agujero redondo, que tampoco era una práctica de los habitantes de Tikal.
El experto explica que en Tikal se han encontrado tres tipos de casa. El primero llamado Plan Plaza 2, que poseía un santuario que normalmente se enterraba a los personajes importantes de la familia, el Plan Plaza 3 que era un patio rodeado por cuatro estructuras, y era la casa más común y los integrantes de la familia podía ser enterrada en distintas partes. El tercer tipo de casa, el Plan Plaza 4, tenía una pequeña estructura en el centro, y según refiere Román, ya en los años 1970, el investigador Marshall Becker proponía que ese tipo de casas no era maya, sino que se asociaba a las del centro de México. Además, toda la arquitectura de ese grupo está hecha de tierra, que tampoco es propio de la tradición arquitectónica de Tikal.
Una labor ardua
Durante la presentación del hallazgo, la arqueóloga Lorena Paiz brindó detalles del trabajo que requirió llegar al encuentro de la pieza. “Este grupo fue excavado desde 2019 y su investigación fue complicada. Al principio estábamos bastante perdidos porque nos enfrentábamos a algo muy diferente a lo que estábamos acostumbrados a encontrar en las Tierras Bajas”, admite. “Eran casi cien metros de túneles los que llevábamos en ese grupo y una serie entre 20 y 25 pozos de excavación. Sin embargo, el pozo que nos llevó a este hallazgo fue uno de los primeros dos que hicimos”.
La arqueóloga comentó que fue una excavación muy confusa porque al principio no encontraron nada de arquitectura. “Nos había decepcionado un poco porque no sabíamos realmente lo que estábamos excavando. En los posteriores años de investigación, decidimos volver a esta que fue una de nuestras primeras excavaciones y extender la misma hacia el lado Este y al segundo o tercer día (de esta nueva exploración) lo encontramos y fue obvio era una estructura talud-tablero (que consiste en una parte plana, que se identifica como el tablero y un muro inclinado, que es el talud)”, detalla.
La arqueóloga afirma que al analizar el altar que estaba cubierto de piedra caliza, era difícil darse cuenta de que estaba decorado. Además, sobre él había muchas raíces que se habían incrustado. Pero lograron detectar unas líneas que tienen otros colores y se dan cuenta que el altar estaba decorado. Debieron, entonces, hacer una limpieza exhaustiva y se dieron cuenta que había patrones que se repetían en cada uno de los lados.
Mientras trataban de establecer exactamente qué era el diseño que intuían, conversaron con una de las mejores conservadoras del mundo que se encontraba en el país y les aconsejó utilizar el programa DStretch, que normalmente se utiliza en procesos para identificar pintura rupestre. Luego de que Román y Paiz habían documentado, a través de cientos de fotografías, Heather Hurst usó el programa DStretch para hacer recreaciones de la pieza.
Paiz detalla que el altar es pequeño. «Mide1.10 metros de este a oeste y 1.80 metros de norte a sur”, refiere. Cuenta con una banqueta adosada que estaba pintada de rojo. Señala que, al analizar su composición, pudieron apreciar algunos detalles de la creación de su diseño. “Nos dimos cuenta de que primero hicieron ese trazo rojo. Como (que fuera) el esténcil de la imagen. Como los lados que van de sur a norte son un poco más pequeños, adaptaron el diseño al ancho del tablero, pero, es exactamente la misma imagen la que se repite en los cuatro lados”, asegura.
Paiz añade que “examinando el altar, se nota que primero hicieron la línea roja, como base para la posterior línea negra que utilizan para darle el marco al dibujo”. Esa técnica, según la experta, “no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver en el área maya”.
Otro diferenciador importante en cuanto el arte propiamente maya y el de Teotihuacán es que, según comenta Edwin Román, a los mayas no les gustaba ser retratados de frente, sino de perfil. Por eso, fue muy revelador para él y para Paiz cuando, al estar trabajando sobre la primera imagen descubierta vieron un par de ojos de frente.
Según la descripción de la pieza que hace la revista Antiquity, “el altar está decorado con cuatro paneles pintados de rojo, negro y amarillo que representan a una persona con un tocado de plumas y flanqueado por escudos o insignias. La cara tiene ojos en forma de almendra, una barra en la nariz y una orejera doble. Se parece mucho a otras representaciones de una deidad apodada el ‘Diosa de la Tormenta’, que ha sido representada en el arte de Teotihuacán en el centro de México”.
Román Ramírez señala que según los estudios de carbono 14, la pieza habría sido construida entre los años 400 y 450 d. C., lo cual coincide con el período en el que, de acuerdo con otras evidencias, había habido mayor intercambio entre las dos ciudades.
Muy cerca de donde se ubicó esta pieza, se encuentra el grupo 6C-XVI, en donde se ubica un altar en el que se encuentra el Marcador de Tikal que es un monumento que tiene una inscripción que dice: «Somos de Teotihuacán y somos los que vamos a controlar Tikal.

Paiz explica que lo más importante para sus equipos es la documentación del hallazgo con todos sus detalles. En la actualidad se sigue trabajando en ese aspecto.
El altar no será exhibido al público, para evitar su deterioro. Ya se ha trabajado en su consolidación que incluye la limpieza de ramas y raíces; la eliminación de animales como ratas y murciélagos; el refuerzo de las áreas en las que se ha caído el estuco y la colocación de una malla transpirable para su protección. Posteriormente la pieza volverá a ser cubierta.

Los expertos confían en que más adelante, con base en las imágenes que la doctora Heather Hurst elaboró se pueda realizar una réplica que podría colocarse en algún museo o espacio abierto al público.

Una conexión ya documentada
Si bien, este hallazgo sirve como una confirmación bastante firme de la presencia de personas que conocían y practicaban la cultura y la religión teotihuacanas en el centro de Tikal, la conexión entre ambas ciudades ya ha sido parte de algunos estudios en el pasado.
Román indica que las evidencias de la presencia teotihuacana en Tikal comenzaron a descubrirse desde los años 50 del siglo pasado, luego de que la artista y arquitecta estadounidense de origen ruso Tatiana Proskouriakoff (1909-1985), se dio cuenta que había rasgos que no coincidían con las características propias de lo realizado por los mayas y comenzó a manejar la hipótesis de la llegada de “extranjeros”.
El arqueólogo señala que en ese tiempo aún no se sabía interpretar la escritura encontrada en las piezas, sin embargo, sí se conocía la iconografía, la cual difería notablemente de lo antes identificado como maya.
El director del proyecto agrega que, en 1956, cuando se iniciaron los proyectos de investigación por parte de la Universidad de Pensilvania en Tikal, los científicos de esa casa de estudios estadounidense encontraron otras evidencias de la presencia teotihuacana. “Ellos fueron los primeros en descubrir una construcción con el estilo talud-tablero y la comenzaron a excavar. Luego encontraron otras dos”, cuenta. Posteriormente, este mismo equipo de investigadores hizo el hallazgo de entierros de la élite maya con objetos que semejaban el arte teotihuacano.
En lo escrito por la revista Antiquity se destaca que» han sido varias décadas de trabajo de campo las que apuntan a fuertes conexiones entre la sede dinástica maya de Tikal, y la lejana metrópolis hegemónica de Teotihuacán”. La publicación añade que, «en Tikal, la evidencia previa de ese contacto proviene, entre otros lugares, de entierros reales en la Acrópolis Norte, un depósito cerca de esa Acrópolis y el Grupo 6C-XVI, un complejo enterrado de edificios residenciales y ceremoniales. Las excavaciones en la década de 1980 dentro del Grupo 6C-XVI, un complejo enterrado de edificios residenciales y ceremoniales descubrieron molduras de talud-tablero.
Otro de los científicos que aportó su trabajo investigativo en este tema fue el guatemalteco Juan Pedro Laporte (1945-2010), quien después de estudiar arqueología en la Universidad de Arizona en Tucson se trasladó a México donde hizo sus estudios de licenciatura, maestría y doctorado en arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Su tesis doctoral titulada, Alternativas del Clásico Temprano en la relación Tikal-Teotihuacan: grupo 6C-XVI es uno de los trabajos referentes para quienes ahora investigan las conexiones.
En el Simposio de Investigaciones Arqueológicas de 2011 se presentó la ponencia Reconstrucciones Ideales del grupo 6C-XVI, en ellas se cita a Laporte, quien en un estudio de 1978 expresaba: “el talud-tablero constituye evidencia del contacto cultural a nivel mesoamericano, por lo que las variaciones regionales deben ser consideradas como un “estilo” que pudo manifestarse en un momento determinado con mayor o menor aceptación en las diversas áreas”.
¿Conquista, convivencia o un poco de las dos?
El arqueólogo David Stuart es otro de los científicos que se adentra en el tema. En la ponencia “La llegada de los extranjeros”, presentada en la Universidad de Princeton en octubre de 1996 y revisada en febrero de 1998, este investigador expresa que uno de los temas más discutidos en la arqueología de Mesoamérica, es precisamente, “la naturaleza y el alcance de la interacción política entre las tierras altas del centro de México y las tierras bajas mayas durante el período Clásico (aproximadamente entre los años 250 y 850)”, e identifica dos posturas opuestas entre sus colegas. “El primer bando postula una presencia teotihuacana abierta e injerencista en las tierras bajas mayas hacia finales del siglo IV, asociada con incursiones militares si es que no con el dominio político. El segundo bando sugiere que el estilo y los vestigios materiales teotihuacanos hallados en el área maya podrían entenderse de mejor manera como la adopción local de un simbolismo prestigioso o legitimador y su asociación con una ideología militarista”.
Stuart postulaba que los textos jeroglíficos de Tikal, Copán y otros sitios mayas ofrecen atisbos sobre la forma en que los mayas percibieron una relación dinámica y cambiante con el centro de México. “Como habremos de ver, estas fuentes apoyan fuertemente una visión más «exteriorista,» en la cual Teotihuacan tuvo un papel muy directo y aún injerencista en la historia política de los reinos mayas”.
“La iconografía del período Clásico maya nos permiten percibir de qué modo, en el curso de cuatro siglos, fue cambiando y desarrollándose la concepción que de Teotihuacan tuvieron los mayas, en la cual fundieron e incorporaron el formidable poder y el recuerdo de esa ciudad extranjera a su propio simbolismo político e ideología», añadía Stuart
Entre las evidencias que Stuart menciona se encuentran los monumentos tallados con retratos de individuos «mexicanos» como, por ejemplo, la Estela 31 de Tikal, sobre la que se talló la imagen de un guerrero vestido a la usanza teotihuacana…”.
Román indica que, gracias a estudios epigráficos hechos tanto en Tikal como en otros sitios arqueológicos, se sabe que el 16 de enero del año 378, llega a Teotihuacán un personaje teotihuacano Siyah K’ak’’ (‘Nacido del fuego’), que más adelante se convierte en rey. Además, indica cómo en los escritos mayas se dice que el rey anterior, precisamente ese día, “entró al agua”, que, de acuerdo con las investigaciones epigráficas anteriores, es una manera en la que los mayas de Tikal hacían referencia a la muerte. Como no hay una narración clara, sino más bien insinuaciones, no se conocen las circunstancias de esa muerte.
Los mayas en Teotihuacán
La relación de los habitantes de Tikal y los de Teotihuacán también tienen evidencias en México. Edwin Román indica que, acerca de esto hay estudios desde los años 1960. “Se emprendió el proyecto Complejo de las Columnas, para hacer el mapa regional de Teotihuacán y al explorar, los arqueólogos comenzaron a descubrir mucha cerámica maya. Posteriormente, en el año 2000 al hacer estudios químicos de la cerámica se demostró que toda esa cerámica maya, realmente fue hecha en Guatemala”, refiere el experto. Esto evidencia que alguien la llevaba a Teotihuacán.
Román menciona que en los años 60 y 70 también hubo un grupo que se llamaban Los Mercaderes y se encontró evidencia de personas mayas. Cuenta que también, en la Pirámide de la luna, en los años 1990 se encontraron entierros que posiblemente eran mayas.
Más recientemente, en la pirámide de la Serpiente emplumada fue descubierto un túnel en el que fueron hallados miles de fragmentos de cerámica maya, que data de antes del 378.
Aunque la evidencia científica de las interacciones entre los habitantes de las antiguas ciudades de Tikal y Teotihuacán son bastante convincentes, los científicos buscan, a través de hallazgos, interpretaciones e investigaciones establecer las características de la relación. Para ello, los equipos que trabajan tanto en Tikal como en Teotihuacán, así como en universidades cooperantes, se mantienen en constante colaboración. Edwin Román Ramírez anunció que en agosto se presentará un foro que reunirá a varios aspectos, en los que esperan presentar más detalles.
Un proyecto con vistas al futuro
El Proyecto Arqueológico del Sur de Tikal es multianual, aprobado mediante convenio con el Ministerio de Cultura y Deportes y coordinado por la Fundación Patrimonio Cultural y Natural Maya (PACUNAM). Su plan de investigación involucra a arqueólogos y estudiantes, tanto extranjeros como guatemaltecos. Su objetivo principal es ampliar el conocimiento de Tikal, haciendo uso de tecnología científica. La primera etapa se inició en 2019 y se enfocó en el estudio de varios grupos residenciales y ceremoniales. Además, se realizó una expansión del mapa de Tikal.
A finales de 2023, se solicitó el actual proyecto de investigación que busca determinar la importancia que tuvo el sector sur durante el Período Clásico y en los últimos siglos de ocupación de Tikal. Además, se planificaron excavaciones y detección terrestre de nuevos edificios detectados por la tecnología LiDAR. Esta temporada finalizará en 2026. De acuerdo con Román, si al terminar existen aún preguntas por responder, es probable que se solicite una nueva extensión de tres años.
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